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Dime quiénes integran tu sistema de referentes y te diré qué tipo de profesional realmente eres

Jorge es un conferencista exitoso. Tiene trabajo intensivo e ingresos constantes. Goza de respetabilidad temática y es notorio que se divierte en cada exposición que realiza. Y aunque cada año podría decidir autónomamente qué hacer con sus tarifas, para decidir sus nuevos precios espera a conocer los incrementos de los conferencistas que él considera pares competitivos.

Claudia es una comentarista deportiva exitosa. Ocupa un espacio relevante en la opinión pública. Sus análisis son escuchados en múltiples canales y en sus extensas e interactivas redes sociales personales. Y aunque podría concentrarse en maximizar los ingresos varios de su plataforma, invierte más energía criticando lo que observa que hacen sus pares de industria.

Jonás es un gerente de mercadotecnia con conocimiento tan vigente como acreditado. Su capacidad de gestión en los diversos frentes de su materia de dominio es reconocida dentro y fuera de la empresa que lo emplea. Y aunque tiene razones de peso para crecer en diversos caminos alternativos, se la pasa observando los ascensos de gerentes y directores de su mundo con anhelos silenciosos y frustración acumulada.

Todos tenemos formas distintas de decidir y vivir nuestros respectivos referentes. Alguien que admiramos, un competidor relevante o con quien tenemos algún tipo de rivalidad secreta o revelada. Y su adopción es personalísima. Algo nos llenó el ojo o cultivó nuestro interés para dedicar observación y análisis y los sumamos a nuestros sistemas, el enunciable y el secreto.

En su definición más simple, un referente es alguien o algo que sirve como modelo a seguir en un área determinada. Congruente o no, habilidoso en extremo o simplemente gozando de prestigio por logros o esfuerzos específicos, para algunos, esa organización o persona ofrece luz para comparaciones, mediciones o aspiraciones varias.

¿Quiénes integran tu sistema de referentes? ¿Qué emoción prevalece al interactuar con esa empresa o persona? ¿Es referente en positivo o lo es en negativo? ¿Sigue siendo lógico que gravite en tu sistema o lo debiste haber expulsado hace tiempo por razones varias?

Y es que hay referentes competitivos o emocionales saludables. Nos ofrecen información, ideas o alternativas animosas, constructivas, inteligentes y creativas. Son un impulso para nuestro actuar por las buenas razones y podríamos explicar la vigencia de mantenerlos en el continuo radar, sin asumir su perfección, ni responsabilizarlos por nuestras decisiones.

Los hay también aspiracionales infundados o destructivos y tóxicos. Nos atraen por razones a veces insospechadas, por celos, por envidia o por ciertas capacidades que nosotros carecemos. Son impulso sí, pero por las razones equivocadas. En su peor expresión, su contraste nos apuntala más por coraje que por argumentos lógicos que sustenten un actuar funcional y autónomo.

En una coincidencia reciente, platiqué con Jorge, Claudia y Jonás (nombres inventados para garantizar su anonimato) e indagué su sistema de referentes comerciales y profesionales. Más interesante resultó desmenuzar sus argumentos. Unos bien sustentados en su estrategia de negocios. Otros, sustentados en cosas tan infundadas como emocionalmente enganchadas a sucesos o percepciones poco vigentes o relevantes.

Nada exhibe más nuestra manera de leer la realidad y de vivir nuestras contradicciones como analizar nuestro sistema de referentes actual. Explicarnos qué les vemos, porque nos son útiles o qué emociones nos ofrecen en nuestro personalísimo camino es algo que debemos de hacer metódica y disciplinadamente.

Bien dicen los que saben, ‘dime quiénes integran tu sistema de referentes y diré qué tipo de profesionalmente realmente eres’.

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