Madrid publica las becas de Bachillerato: el dato que faltaba sobre los 43,5 millones
Según el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, el Ejecutivo madrileño ha destinado cerca de 43,5 millones de euros a las becas de Bachillerato del curso 2025/26. Las ayudas alcanzan a 17.284 alumnos, casi 700 más que el año pasado. El documento, firmado por la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades, consolida además la presencia de la nota académica en el baremo y abre la puerta a prorrogar la beca en 2026/27.
Las cifras oficiales se publican en un momento de máxima presión para los presupuestos educativos —el INE situó el gasto público por alumno en 2024 en 6.863 euros de media nacional— y con un interés creciente por parte de las familias madrileñas en las opciones concertadas y privadas. Pero, más allá del total invertido, la pregunta que repetían padres y alumnos frente a la fotocopiadora del instituto era otra: “¿Cuánto toca realmente por estudiante?”.
El cálculo medio no figuraba en el BOCM, aunque se deduce fácilmente: dividir los 43,5 millones entre los 17.284 beneficiarios arroja un resultado de 2.517 euros por alumno en este curso. Es una cifra orientativa —las cuantías reales dependen del tramo de renta— pero sirve de referencia para entender el esfuerzo presupuestario de la región y la magnitud del apoyo académico.
Cómo se reparten realmente las becas de Bachillerato
| Variable | Valor | Fecha | Fuente |
|---|---|---|---|
| Inversión total | 43,5 millones € | 2025/26 | BOCM / Comunidad de Madrid |
| Beneficiarios | 17.284 alumnos | 2025/26 | BOCM |
| Ayuda por tramo | 3.750 € / 2.000 € | 2025/26 | Comunidad de Madrid |
| Importe medio estimado | 2.517 € | 2025/26 | Cálculo propio |
La estructura de tramos se mantiene estable. Para familias con renta per cápita de hasta 10.000 euros, la beca asciende a 3.750 euros anuales. Para quienes se sitúan entre 10.000 y 35.913 euros, el importe es de 2.000 euros. Este diseño persigue, en palabras del consejero Emilio Viciana en una intervención de junio de 2025, “reforzar la libertad de elección de centro y garantizar el acceso al Bachillerato con independencia de la renta”.
En la práctica, esto se traduce en que una familia con una factura escolar próxima a 4.200 euros —una cifra habitual en muchos centros concertados de Madrid, según la encuesta de precios educativos de 2024— puede ver rebajado su esfuerzo económico de manera sustancial. El ejemplo típico: un recibo de 350 euros mensuales que pasa a quedar prácticamente cubierto en su totalidad si se concede la ayuda máxima.
Por qué se dispara el número de beneficiarios
El aumento de casi 700 beneficiarios respecto a la convocatoria anterior responde, según fuentes regionales, a una mayor difusión de las ayudas, al crecimiento demográfico en la franja de 16 a 18 años y a la incorporación del criterio académico, que prima el expediente. Un inspector educativo consultado por este medio resume el cambio así: “Es la primera vez que la nota pesa en serio; se premia el esfuerzo, no solo la situación económica”.
También influye que los centros privados autorizados por la Comunidad de Madrid han incrementado ligeramente la oferta de plazas en Bachillerato (+2,3 % en 2024, según datos de la propia Consejería). Con más alumnos en el circuito susceptible de beca, era previsible un incremento de solicitudes y concesiones.
El contexto económico: así encaja la cifra en los presupuestos regionales
Los 43,5 millones destinados a estas ayudas representan una fracción relevante de la política educativa autonómica. Según el anteproyecto de Presupuestos 2025 publicado en septiembre, el programa de apoyo a la escolarización postobligatoria supera los 120 millones de euros, lo que sitúa a las becas de Bachillerato en torno al 36 % del total asignado al área.
Si se compara con otras comunidades, Madrid se mantiene a la cabeza en inversión directa en este nivel educativo. Eurostat cifró en 2024 el gasto regional por alumno de Bachillerato en 8.112 euros, frente a los 6.500 euros de media de la UE-27. Este diferencial ilustra la apuesta madrileña por un modelo mixto donde la red concertada resulta crucial, especialmente en municipios del corredor del Henares y el norte metropolitano.
Qué deben saber quienes aspiren a la prórroga de 2026/27
- No haber repetido el curso para el que se concedió la beca.
- Matriculación o reserva de plaza en centros privados o concertados autorizados.
- Mantener los criterios económicos y académicos que permitieron la concesión.
- Presentar la solicitud en el plazo que habilite la Consejería, previsiblemente en verano de 2026.
Una fuente de la Dirección General de Universidades recuerda en un informe interno de octubre de 2025 que “el sistema de renovación busca estabilidad, evitando que familias con varios hijos deban rehacer todo el proceso cada año”. El documento añade que la prórroga estará —como ahora— condicionada al presupuesto disponible.
El efecto en las familias: un alivio en un curso más caro
El incremento de precios en servicios educativos y alimentación (+6,1 % en Madrid en 2024, según el INE) ha empujado a muchas familias a recortar gastos en actividades extraescolares o transporte escolar. En una cafetería próxima al metro de Diego de León, una madre comentaba esta semana que, sin la beca, su factura anual habría superado los 5.000 euros: “Lo notamos desde septiembre; cada euro cuenta”.
Para quienes reciben los 2.000 euros —el tramo más habitual según datos de la convocatoria pasada— el impacto también es notable. Si el coste del curso ronda los 3.000 euros, la ayuda cubre dos tercios del total. Un porcentaje nada menor en un contexto de inflación acumulada del 12,4 % desde 2021.
Así queda la fotografía final
Las becas de Bachillerato 2025/26 consolidan una línea ascendente tanto en inversión como en número de beneficiarios. La novedad metodológica, la prórroga futura y la apuesta presupuestaria completan un escenario en el que la incógnita más buscada —el importe medio real por alumno— ya puede ponerse negro sobre blanco: 2.517 euros que ayudan a amortiguar un curso especialmente tensionado para el bolsillo familiar.
Con la resolución oficial ya disponible, los centros educativos empiezan a ajustar sus previsiones y las familias cuentan, por fin, con una cifra clara para planificar un curso en el que cada decisión económica pesa.