Irán abre 2026 con protestas masivas y una economía al borde del colapso
Mientras gran parte del mundo celebraba la Navidad y el Año Nuevo, en Irán comenzaba a gestarse una de las crisis internas más profundas de los últimos años. En pleno cierre de 2025, masivas protestas estallaron en Teherán, las que se expandieron a distintas ciudades del país con el paso de los días. Hasta ahora, el saldo es de al menos siete personas fallecidas, decenas de heridos y cientos de detenidos, en un escenario que rápidamente dejó de ser solo económico para transformarse en un desafío político directo al régimen.
Las manifestaciones comenzaron el domingo 28 de diciembre, cuando comerciantes del Gran Bazar de Teherán impulsaron una huelga ante la imposibilidad de seguir operando. A ellos se sumaron estudiantes universitarios y sectores urbanos golpeados por el colapso del mercado interno.
Aunque las protestas aún no alcanzan la magnitud del movimiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022, el descontento actual es más transversal y refleja una sociedad que ha cambiado profundamente en los últimos años.
El detonante inmediato fue el colapso sistémico de la economía iraní. La República Islámica arrastra desde hace tiempo una inflación crónica y una constante devaluación de su moneda, pero lo ocurrido a finales de diciembre marcó un punto de quiebre. En solo un mes, los precios aumentaron en promedio un 52% interanual. El rial iraní (la moneda iraní) perdió durante 2025 cerca del 69% de su valor frente al dólar, volviendo imposible fijar precios estables. Para comerciantes y pequeños empresarios, vender significaba hacerlo a pérdida, por lo que muchos optaron por cerrar sus locales, paralizando el abastecimiento de bienes básicos.
Manifestantes iraníes sobre las calles de Teherán. Vía @XIranObserver0.
Aunque la inflación oficial ronda el 42%, los precios de alimentos y medicamentos superaron el 52% interanual en diciembre. A esto se sumó la incapacidad del gobierno para sostener los subsidios a productos esenciales, debido a la caída de los ingresos petroleros provocada por nuevas sanciones y tensiones regionales. El costo real del mercado fue trasladado abruptamente a los consumidores, golpeando con fuerza a los sectores medios y populares.
En paralelo, se reactivaron mecanismos de sanciones internacionales que habían permanecido inactivos, lo que terminó de aislar a Irán de las últimas redes financieras que le permitían mover capitales, provocando una crisis de liquidez extrema en los bancos justo antes del cierre del año fiscal. A ello se suman las consecuencias de la llamada “Guerra de los 12 Días” con Israel, ocurrida en junio de 2025, cuyo impacto económico y energético comienza a sentirse con mayor crudeza.
El pasado miércoles, el gobierno cerró oficinas, bancos y escuelas bajo el argumento del “frío extremo”, pero muchos señalan que el verdadero problema es un déficit crítico de gas y electricidad producto de años de falta de mantenimiento en la infraestructura, lo que ha detenido parte importante de la producción industrial, pero también como un método para frenar las movilizaciones.
Sin embargo, lo más relevante es que las protestas ya no se limitan a reclamos económicos. En los primeros días, las consignas se centraban en el tipo de cambio y la imposibilidad de trabajar, pero videos de los manifestantes difundidos en redes sociales muestran un giro claro hacia consignas políticas. “Muerte al dictador”, en referencia directa al líder supremo Ali Jamenei, comenzó a escucharse en zonas donde antes el control del régimen era absoluto.
Teherán, Capital de Irán bajo bombardeo. Vía X @ehsanext 15/06/2025.
Para muchos iraníes, el colapso actual ya no es una crisis corregible, sino la evidencia de un fallo estructural del sistema. Frases como “Ni Gaza ni Líbano, mi vida por Irán” reflejan el rechazo al uso de recursos nacionales para financiar milicias regionales, mientras la población enfrenta pobreza, inflación y desempleo. Incluso han reaparecido consignas a favor de la antigua monarquía Pahlaví, derrocada en 1979, algo impensado hasta hace poco.
El gobierno ha intentado enviar señales de contención. El presidente Masoud Pezeshkian reconoció la existencia de “demandas legítimas”, pero en paralelo el fiscal general advirtió que cualquier intento de desestabilización recibiría una “respuesta contundente”. La Guardia Revolucionaria comenzó a usar munición real, dejando al menos siete muertos, y calificó las protestas como una operación de “sedición” impulsada desde el extranjero.
La tensión escaló aún más cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió públicamente que su país podría intervenir si la Guardia Revolucionaria intensifica la violencia contra manifestantes pacíficos. A través de su red Truth Social, aseguró que Estados Unidos está “listo y preparado para actuar”, reforzando la narrativa del régimen iraní de que enfrenta una conspiración extranjera.
Las manifestaciones llegan en el peor momento posible para el régimen islámico. Tras el conflicto directo con Israel en junio del año pasado, Irán enfrenta daños en infraestructura energética, un vaciamiento de reservas financieras y el estancamiento total de su programa nuclear luego de la reactivación del mecanismo de sanciones “Snapback”. El dólar saltó de un millón a un 1.450.000 riales en cuestión de días, acelerando el deterioro social.
Ataque de Estados Unidos a Irán. Foto: Agencia Aton.
Hoy, el régimen se enfrenta a una guerra en dos frentes, en el interior las manifestaciones abren un dilema existencial para la Guardia Revolucionaria, reprimir con fuerza y arriesgar una fractura interna, o abrirse a las reformas que se demandan.
Mientras, en el exterior, Israel se mantiene en alerta máxima y Estados Unidos atento a desplegar su apoyo ante una eventual nueva escalada, que parece cada vez más inminente y que con el quiebre interno se le abre una ventana de oportunidad inmejorable para las pretensiones israelíes.
De momento no hay señales de que las protestas estén disminuyendo. Por el contrario, el conflicto se expande y se profundiza. Lo que comenzó como una huelga de comerciantes, se ha transformado en una crisis nacional que tiene al régimen del Ayatollah enfrentando uno de los momentos más críticos de su historia reciente.