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La comunidad venezolana en Canarias: una incertidumbre común dividida entre el alivio y el rechazo

Abc.es 
El ataque aéreo sobre varios objetivos de Caracas por parte de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro y su esposa se ha sentido en Canarias como en una segunda piel, y es que el archipiélago no solo acoge a la comunidad venezolana más grande de España sino que los vínculos con el país sudamericano son tan estrechos como históricos. Unos celebran lo que valoran como la puerta a la «libertad» en su país, otros lo ven como la entrada del imperialismo estadounidense, en una mezcla de emociones que van desde la incertidumbre, al alivio, el miedo, la preocupación, el enfado y la esperanza. No es casualidad que Canarias sea la «pequeña Venezuela» ya que a mediados de 2025 se cifraba en más de 84.000 los venezolanos afincados en las islas, con Tenerife como la isla con más residentes. Sin embargo, el vínculo con la denominada históricamente como «la novena isla» canaria, a pesar de estar en la otra orilla del Atlántico, es de ida y vuelta. Durante décadas la emigración isleña hacia Venezuela fue masiva. La crisis política y económica en Venezuela ha vuelto a estrechar esos lazos, intensificando el retorno de los hijos de canarios nacidos en la otra orilla. «Lo que vivimos la gran mayoría de los venezolanos este sábado con esas maravillosas imágenes de Nicolás Maduro esposado lo llevaremos en el recuerdo siempre« porque »hemos sido testigos de la historia« y en ella »del comienzo de la libertad«. Así lo valora Máximo Díaz, exiliado político venezolano en Santa Cruz de Tenerife. Él abandonó su tierra hace 15 años y aunque siente España como su segunda casa y sus hijos han nacido en el archipiélago confiesa que sigue añorando su Venezuela. »Se nos abre ahora la opción de regresar, una luz de esperanza«, celebra. Él tiene claro que esto es el principio y que será un proceso que se puede alargar unos meses, pero tiene claro que el futuro es de María Corina Machado, una persona «formada y estudiada, una figura guía y que llegará a ser presidenta de Venezuela«. Para quienes creen que Estados Unidos va a »robar«la riqueza y recursos del país, Díaz recuerda que »hace 27 años que los venezolanos no vemos un dólar del petróleo«. Cuando piensa en su tierra se traslada a esas barbacoas junto al río y confiesa que echa de menos a amistades de más de 40 años, que «celebran con alegría reprimida « porque en Venezuela »nunca sabes si tu vecino te puede denunciar, en un ambiente de desconfianza y paranoia«. Al igual que él, sus amigos y familiares ven »el atisbo del cambio a mejor«, porque para Díaz lo importante es »la felicidad, ese es el punto neurálgico, si la gente es feliz sin Maduro ya ganamos«, apelando y confiando en que el cambio haga que la riqueza llegue al fin a su pueblo y su gente. No es la única opinión en Canarias, donde se han ido sucediendo diferentes manifestaciones bajo varios puntos de vista. «Es inaceptable que un imperio bombardee un país, no solo para mí como venezolana que defiende la tierra donde nací sino porque es algo que debe indignar a cualquier persona«. Así lo expresa Rocío Pérez, que pide se restituya el poder en Venezuela y que regrese Nicolás Maduro »ileso«, recalca. Sus familiares, ha relatado, «están a la expectativa a ver cómo se desarrollan las cosas, activos y siguiendo los acontecimientos con la mayor serenidad posible» ya que hace tiempo que «somos conscientes de que esta amenaza existía y que en cualquier momento se iba a cumplir«. Sus familiares y amigos lo tienen claro, «continúan allá en el país siguiendo con su vida, con la confianza de que podamos desarrollarla en paz». «Nosotros no nos metemos con nadie», ha recordado Pérez, que vive en Gran Canaria desde el año 2000, aunque viaja a menudo al que es su hogar al otro lado del océano. Las banderas venezolanas y Canarias han ondeado juntas durante décadas, porque es difícil encontrar en las islas a quien no tiene en su árbol familiar un emigrante o un retornado de este país que siendo de otro continente es hermano del archipiélago. Así lo siente también Carlos Reyes, venezolano nacido de emigrantes canarios. Aunque nació allá en el año 2004 regresó a la tierra de sus padres por «motivos puramente económicos», y ahora ya siente su casa en dos orillas. «Que tiren bombas en la calle, en las mismas calles donde te criaste, es muy duro «. Además, confiesa, »la lejanía hace que te sientas peor, porque queda la duda de si una de esas bombas habrá caído en el sitio donde jugastes pelota«. Preocupado, asegura que lo que ha ocurrido »es terrible «. Reyes narra que siente «un dolor mucho más profundo que cualquier otra cosa» ya que, «pase lo que pase, nadie tiene derecho a lanzar una bomba contra cualquier país«. Su familia y amigos le trasmiten sobre todo »incertidumbre«, porque »sabemos lo que sentimos, pero no lo que pasa« o lo que está por pasar.

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