Parece Escocia, pero el bosque más misterioso de Andalucía en invierno está en Sevilla
Cuando el invierno se instala en la Sierra Norte de Sevilla , el paisaje cambia por completo. La luz se vuelve más suave, la niebla aparece entre los árboles y el verde adquiere una intensidad como en ninguna otra época del año. En ese momento, hay rincones de Andalucía que cuesta reconocer, lugares que rompen todos los tópicos asociados al sur. Uno de ellos se encuentra en el entorno de Cazalla de la Sierra , un municipio que, durante los meses fríos, parece transportarte a las Highlands escocesas sin salir de la provincia de Sevilla . Este «bosque misterioso» del que hablan senderistas y viajeros no es un único enclave cerrado, sino un conjunto de paisajes que se despliegan entre la ribera del Huéznar, el Cerro del Hierro, las dehesas y los frondosos bosques del Parque Natural de la Sierra Morena de Sevilla. Un lugar donde el paisaje, la humedad y la vegetación crean una estampa única . Situada a unos 80 kilómetros al norte de la capital hispalense, Cazalla de la Sierra es uno de los grandes referentes de la Sierra Norte sevillana. A pesar de contar con poco más de 5.000 habitantes , su peso histórico, cultural y turístico es enorme. El contraste es una de sus señas de identidad: casas blancas que brillan incluso bajo el cielo gris, sierras cubiertas de encinas, alcornoques y castaños, y cursos de agua cristalina que cobran especial protagonismo en invierno. No es casualidad que muchos viajeros describan esta zona como «la Escocia andaluza» . Las temperaturas más bajas, la niebla matinal, el musgo cubriendo rocas y troncos y los senderos húmedos crean una estampa que poco tiene que ver con la imagen clásica de Andalucía. Uno de los lugares que mejor representa este aire misterioso es el entorno del Cerro del Hierro , un antiguo complejo minero a cielo abierto que ha dado lugar a un paisaje kárstico único. Tras décadas de explotación, la naturaleza ha recuperado el terreno y ha creado una especie de ciudad de piedra , con callejones estrechos, formaciones rocosas caprichosas y zonas sombrías donde crecen robles melojos, líquenes y musgos. En invierno, este lugar adquiere una mística especial . La humedad se queda atrapada entre las paredes calizas y el frío conserva la vegetación en tonos intensos. No es difícil entender por qué este rincón es uno de los más fotografiados de la provincia durante los meses invernales. Muy cerca discurre la Vía Verde de la Sierra Norte , que aprovecha el antiguo trazado del ferrocarril minero. Caminar o pedalear por este camino en invierno es una verdadera experiencia con el sonido del agua del Huéznar, el crujir de las hojas bajo los pies y la sensación de aislamiento total. Si hay un lugar que refuerza esa comparación con Escocia , es la ribera del Huéznar. Este río, de aguas limpias y constantes, atraviesa un bosque de galería exuberante donde abundan alisos, fresnos y sauces. En invierno, el caudal aumenta y el entorno se vuelve aún más salvaje. Caminar junto al Huéznar en esta época del año es una experiencia muy distinta a hacerlo en verano . El caudal suele ser mayor, el aire es más fresco y la humedad crea una sensación envolvente que recuerda a paisajes del norte de España o del centro de Europa. No es raro encontrar antiguos molinos, pequeños puentes y rincones perfectos para detenerse y observar. Más allá de la naturaleza, Cazalla de la Sierra es un pueblo con una historia muy larga. Hay evidencias de asentamientos humanos desde la Prehistoria , y por la zona pasaron pueblos prerromanos, romanos y musulmanes. Durante la época romana, su cercanía a la Vía de la Plata la convirtió en un punto estratégico, algo que marcó su desarrollo durante siglos. En la Edad Media y Moderna, la economía local se apoyó en la agricultura, el vino y , más adelante, en la destilación de licores . De hecho, el nombre de Cazalla llegó a ser sinónimo de aguardiente en muchos lugares de España. Un dato curioso que los vecinos recuerdan con orgullo es que, durante el verano de 1730, el rey Felipe V trasladó aquí la Corte, convirtiendo temporalmente a la localidad en capital del país . Pasear por el casco histórico de Cazalla permite descubrir cómo muchos de sus edificios religiosos han encontrado nuevos usos sin perder su esencia. La iglesia de Nuestra Señora de Consolación , en la Plaza Mayor, es el principal templo del municipio y un buen ejemplo de la mezcla de estilos que define al pueblo. Antiguos conventos y monasterios se han transformado en hoteles, centros culturales o edificios públicos. Uno de los casos más destacados es la Cartuja de Cazalla , situada a pocos kilómetros del núcleo urbano. Rodeada de bosque y agua, este antiguo monasterio cartujo es hoy un alojamiento singular que conserva claustros, iglesia y dependencias originales. El frío serrano invita a disfrutar de la cocina local. En Cazalla, la gastronomía se basa en productos de la zona: carnes de caza, cerdo ibérico, chacinas y setas silvestres cuando la temporada lo permite. Son platos sencillos, bien elaborados y pensados para entrar en calor tras una jornada al aire libre. Y, cómo no, están los licores tradicionales. El anís y el licor de guindas siguen siendo una seña de identidad del pueblo. Destilerías históricas como El Clavel o Miura mantienen viva una tradición centenaria y abren sus puertas a quienes quieren conocer de cerca el proceso de elaboración. Y es que visitar Cazalla de la Sierra en invierno es descubrir una parte de la provincia de Sevilla distinta, más verde, más silenciosa y menos conocida . Un lugar donde los bosques parecen sacados de otro país, pero donde la identidad andaluza sigue muy presente en su gente, su historia y su cocina. Así que para aquellos que busquen naturaleza, tranquilidad y paisajes sorprendentes, este rincón de la Sierra Norte es una de las mejores opciones del sur peninsular durante los meses fríos . Sin necesidad de viajar lejos, el bosque más misterioso de Andalucía te espera en el corazón de la provincia de Sevilla.