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El Papa clausura el Jubileo y dice que los católicos servirán a la humanidad si no reducen las iglesias a monumentos

Abc.es 
El Vaticano ha escuchado en emocionado silencio el ruido de los goznes de la Puerta santa de la basílica de San Pedro que León XIV ha cerrado con solemnidad esta mañana para clausurar el Jubileo de la Esperanza. En las próximas horas será recubierta por un muro dentro del que se esconderá su llave, para que no vuelva a ser abierta antes del próximo Jubileo , en el 2033 con motivo del segundo milenio de la Redención. Con ese gesto concluye un Año santo durante el que más de 33 millones de peregrinos han atravesado este umbral, y que ha sido especialmente intenso para la Iglesia católica pues ha incluido el fallecimiento de un Papa y la elección de otro. Como mensaje final del Jubileo , el Pontífice ha dicho que para «servir a la humanidad» no deben «reducirse nuestras iglesias a monumentos». Este día de Reyes, al filo de las nueve y media de la mañana, el Papa ha llegado hasta la Puerta santa en el atrio de la basílica de San Pedro, decorado con flores de Pascua y plantas que evocan la esperanza, el tema central de este Año Santo. León XIV se ha arrodillado en el suelo ante la Puerta santa y ha rezado unos minutos en silencio. Después, la ha cerrado y ha comenzado la procesión por el pasillo central de la basílica para iniciar la misa. Entre los testigos en primera fila estaba el presidente de la República italiana Sergio Mattarella. Durante la homilía con la que ha puesto fin al Jubileo de la esperanza, León XIV ha reflexionado sobre el significado de la fiesta de la Epifanía o «manifestación del Señor» y ha explicado que cuando Dios se hace presente «nada sigue como antes», «nada puede permanecer estático y se termina un cierto tipo de tranquilidad, (…) empieza algo de lo que dependen el presente y el futuro». Pensando en los millones de personas que han viajado a Roma para ganar el Jubileo, ha planteado que «nos cuestiona con particular seriedad la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos, mucho más rica de lo que quizá podamos comprender», pero se ha preguntado con espíritu crítico si la Iglesia ha respondido a estas expectativas, «¿qué es lo que han encontrado?, ¿qué corazones, qué atención, qué reciprocidad? (…) ¿hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?» Ha lamentado que ciertos «miedos siempre al acecho se transforman en agresión» e impiden que las personas se encuentren con Dios. En concreto ha mencionado «los numerosos conflictos con los que los hombres pueden resistirse e incluso atacar la Novedad que Dios ha reservado para todos». También, «una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar». «Preguntémonos: ¿nos ha educado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce cualquier cosa a producto y al ser humano a consumidor? Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje?». Ha dicho que «el Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar» y ha pedido a los católicos que se entusiasmen con la idea de caminar por la vida como «peregrinos de esperanza». «Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora (…) y serviremos a una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor», ha concluido. Los últimos peregrinos cruzaron la Puerta santa este lunes por la tarde. Eran voluntarios del Dicasterio para la Evangelización, que han coordinado la logística de estos doce meses. Después de ellos, ya nadie más pudo entrar en la basílica. Pocas horas antes, compareció ante los medios el organizador del Jubileo, el arzobispo Rino Fisichella, que aseguró que 33.475.369 de peregrinos han participado en algún evento de este Año Santo en Roma. Explicó que proceden de 185 de los 195 países que reconoce la ONU. España entra en el podio de los países con más participantes, con algo más de 2.085.000 peregrinos, por detrás de Italia y de EE.UU., que han enviado 12.000.000 y 4.207.000 respectivamente. Los cálculos más optimistas decían que llegarían a Roma 31 millones de peregrinos, y el resultado final es dos millones más. Para Fisichella, «más que los números lo importante es la dimensión espiritual, fundamental en el Jubileo, que verifica que la Iglesia es un pueblo en camino con grandes deseos de oración y conversión». «Las basílicas papales han batido sus récords de visitas, y han aumentado mucho las confesiones», aseguró. Además, citó el Jubileo de las cofradías en el que procesionaron tres imágenes españolas por los foros romanos entre los tres eventos más importantes del año, junto al Jubileo de los jóvenes y la canonización de Carlo Acutis. La puerta santa que ha cerrado esta mañana el Papa tiene su historia. Se trata de un regalo que en 1949 hizo el entonces obispo de Lugano y Basilea al Papa Pío XII como agradecimiento a Dios por haber librado a Suiza de la trágica II Guerra Mundial. El Papa había solicitado que la puerta expresara la propuesta del Jubileo de 1950, que solicitaba a Dios que fuera «el año del gran retorno y del gran perdón». Está hecha de bronce y contiene escenas de la historia de la Redención, desde el pecado original de Adán y Eva hasta las apariciones de Cristo resucitado. El artista toscano Vico Consorti la esculpió en sólo 11 meses.

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