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Criminales: no existe solución relámpago, por Mirko Lauer

Quizás no tenía otro camino, pero al asumir la criminalidad como tema principal de su gobierno, José Jerí cometió un error con la mejor intención. No era un problema que un gobierno transitorio pudiera resolver, y así se viene demostrando. Más que de un fracaso, estamos hablando de un desafío demasiado grande, demasiado complejo.

Decimos esto a raíz de dos planteamientos: el gremio general de los transportistas anuncia un paro nacional para la próxima semana, y Jerí comunica que pronto podrá dar mejores cifras sobre criminalidad. Es obvio que el asunto de las extorsiones y los asesinatos es para el gobierno que empiece sus trabajos en agosto, no para el que se va.

Aun si vamos a creer en las cifras que mostrará Jerí, lo de la criminalidad no es un tema social que se preste a soluciones parciales. Las cifras bajan, las empresas siguen siendo extorsionadas, los choferes o pasajeros continúan siendo asaltados y hasta asesinados. El paro convocado no es un saludo a pequeños triunfos.

El problema de la criminalidad es tan complicado que, a pesar de su importancia para la opinión pública, los candidatos lo eluden sistemáticamente. Pues hay un factor perverso por el cual cada nuevo crimen, en cierto modo, desmiente la política trazada para atajar a los hampones. Es un negocio que hace su propia publicidad al actuar.

El número de extorsionadores capturados está muy por debajo de la cantidad de denuncias (unas 30,000 en el 2025), y cabe preguntarse cuántos de esos siguen detenidos. Estamos hablando de un margen de impunidad, que es todavía mayor en el caso de los psicópatas de alquiler llamados sicarios, hábiles en la moto y en la fuga, y en los contactos.

Todavía está a tiempo Jerí para sentar algunas bases intelectuales y prácticas para que el poder futuro alcance a promover la honradez, tan escasa a todo nivel. Que no se siga repitiendo lo de las leyes procrimen que han marcado los pasados cinco años de legislación, y que no sigan dándose las guerras de bandas en el sistema judicial.

¿Ha hecho hasta ahora Jerí algo distinto que sus predecesores? Más allá de ser asiduo visitante de prisiones y comisarías, no se nos ocurre nada. Creer que haciendo lo mismo va a lograr un resultado diferente es de una gran ingenuidad o viveza; elija el lector. Que se ahorre las cifras. Que nos cuente sobre sus nuevos métodos.

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