Venezuela, Trump y el declive del orden mundial
La madrugada del 3 de enero de 2025 marcó un punto de inflexión en las relaciones internacionales. Una operación militar estadounidense en Venezuela, que involucró más de 150 aeronaves y bombardeos selectivos en Caracas, resultó en la captura y traslado del presidente Nicolás Maduro a Nueva York, donde enfrenta acusaciones de conspiración para narcoterrorismo, tráfico de drogas y posesión de armas. El hecho, que dejó entre 40 y 80 muertos según diversas fuentes, no constituye una invasión tradicional ni un cambio de régimen completo. Se trató de un uso limitado de la fuerza para forzar un cambio de liderazgo. El operativo ya había sido ensayado por meses. Mientras el mundo todavía intenta comprender las implicaciones de lo ocurrido, el presidente Donald Trump ya está embarcado en su siguiente reclamo territorial: Groenlandia ante Dinamarca.
Para analizar las consecuencias de estos acontecimientos, conversamos con dos de los economistas más destacados de Bolivia: Horst Grebe, doctor en economía política, y Rolando Morales, economista con especialización doctoral en econometría. Ambos coinciden en que lo ocurrido en Venezuela representa mucho más que una crisis bilateral y advierten sobre las profundas implicaciones para el orden internacional, el sistema monetario global y, particularmente, para países emergentes como Bolivia.
Las lecturas de ambos expertos, aunque divergentes en algunos aspectos, confluyen en puntos críticos: el debilitamiento del dólar como moneda de reserva mundial, la ruptura del orden multilateral establecido en Bretton Woods, y la urgente necesidad de que Bolivia defina una postura clara ante un mundo cada vez más impredecible.
Los hechos
La operación comenzó alrededor de las 2 de la madrugada del viernes 3 de enero con bombardeos selectivos en puntos estratégicos de Caracas. Más de 150 aeronaves participaron en una acción que había sido planificada desde agosto de 2024 y ensayada por meses. El bloqueo naval estadounidense, en vigor desde diciembre, había cobrado ya más de 115 vidas en ataques previos a embarcaciones. La operación culminó con la captura de Maduro y su esposa, quienes fueron trasladados inmediatamente a Nueva York.
Delcy Rodríguez quedó inicialmente como presidenta interina, pero el presidente Trump declaró que Estados Unidos «administrará» Venezuela. Una formulación ambigua que ha generado incertidumbre sobre el verdadero alcance de la intervención. A diferencia de las invasiones clásicas que buscan ocupar territorio y establecer un nuevo orden político completo, esta operación parece diseñada para decapitar el liderazgo chavista manteniendo intactas las estructuras del Estado venezolano, al menos formalmente.
Lo que caracteriza este evento es su naturaleza híbrida: no es una invasión al estilo de Irak en 2003, pero tampoco es una operación encubierta o un golpe de Estado. Es un uso limitado pero contundente de la fuerza militar para imponer un cambio político. Mientras la comunidad internacional todavía procesa lo ocurrido, Trump ya amenaza con tomar Groenlandia por la fuerza si Dinamarca no accede a venderla. Las señales evidencian un patrón de agresividad que parece apenas comenzar.
¿Por qué Venezuela?
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, un hecho que no pasa inadvertido en el análisis de Rolando Morales. «La comercialización del petróleo venezolano y el secuestro que han realizado con el presidente Maduro fue simplemente un pretexto para poder dominar la producción y comercialización del crudo de ese país», afirma categóricamente. «Esto es inusual, palabra del mismo presidente Trump», agrega, refiriéndose a las declaraciones explícitas del mandatario estadounidense sobre el petróleo «secuestrado» a Venezuela.
Consultado sobre la relación entre el petróleo y el dólar, la moneda estadounidense, Morales introduce un matiz significativo. «Debido a muchas de las políticas que ha ido ejecutando Trump, el precio del dólar se ha ido cayendo frente a las principales monedas. Lo que básicamente muestra que el dólar ya no está siendo tan utilizado como en el pasado para las transacciones internacionales». En su lectura, el gobierno norteamericano «debería estar preocupado por la pérdida de incidencia de su propia moneda en el comercio mundial. El hecho de que antes el dólar tenía tanta fuerza significaba ganancias extraordinarias para los Estados Unidos como principal emisor de esta moneda».
Grebe, por su parte, sitúa el petróleo dentro de un análisis más amplio sobre los intereses económicos estadounidenses. «La intención de Trump tiene, entre otras cosas, defender la posición del petrodólar», explica, «y eso significa que no solamente había un interés por la lucha contra el tráfico de estupefacientes, contra el fentanilo, contra el terrorismo internacional, sino que aquí había un interés económico de los Estados Unidos». En la misma semana de la intervención, un dato pasó casi inadvertido, pero resulta fundamental: el oro superó a los bonos del tesoro estadounidense como principal activo de reserva de los bancos centrales a nivel mundial. Este suceso confirma la tendencia que ambos economistas identifican.
El corolario Trump
Para Grebe, lo ocurrido en Venezuela debe entenderse en el marco de la nueva estrategia de seguridad nacional estadounidense publicada en noviembre de 2024, donde se introdujo el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe. «En ese documento está claramente identificada la idea de una supremacía de parte de los Estados Unidos en todo el continente americano y el derecho que tienen los Estados Unidos de imponer las reglas en el hemisferio», explica. Esta actualización doctrinal establece explícitamente que Estados Unidos se considera la superpotencia hemisférica con derecho a tutelar los intereses de toda la región.
El análisis de Grebe sobre las consecuencias jurídicas es contundente. «Lo que ha hecho Trump de intervenir militarmente sin autorización del Congreso de los Estados Unidos y violando todas las normas del sistema internacional, los principios de la soberanía, la igualdad de los estados, la prohibición de agresiones abusivas de parte de las potencias a los países medianos y pequeños, todo eso ha sido roto». El problema, según el economista, no es solo la violación en sí misma, sino el antecedente que establece. «Esto sienta un precedente para otros países que pueden considerar que se ha legitimado el principio de que vale más la fuerza que el derecho».
Las amenazas ya se extienden más allá de Venezuela. Colombia enfrenta presiones crecientes, aunque al momento hay prevista una reunión de alto nivel entre el presidente colombiano y Trump. Groenlandia está en la mira directa. «Todo esto constituye un peligro muy grande para todo el mundo, no solamente para los involucrados», advierte Morales.
La fuerza como síntoma
Paradójicamente, tanto Grebe como Morales interpretan la agresividad estadounidense no como muestra de fortaleza, sino como síntoma de un declive en curso. «Estamos camino a un mundo multipolar. Alrededor de las principales potencias, que son Estados Unidos, China y Rusia, hay la tendencia de avanzar hacia un mundo multipolar», explica Grebe. Agrega que «lo cual implica también el debilitamiento del dólar como la moneda principal del intercambio internacional».
El economista recuerda que «la reserva primordial fue establecida en el acuerdo de Bretton Woods con el respaldo del oro para el dólar. De tal manera que el patrón monetario internacional era un patrón oro-dólar, que fue cancelado por Nixon en el año 1971». Desde entonces, el dólar ha perdido progresivamente su ancla material, sosteniéndose cada vez más en la hegemonía política y militar estadounidense.
Desdolarización
Morales documenta el proceso de desdolarización en curso. «Hoy en día muchas transacciones se hacen con la moneda china, con la moneda rusa, con monedas europeas, con el euro básicamente. En consecuencia, el dólar está perdiendo fuerza». Enfatiza que «no es solamente que se han desdolarizado las operaciones comerciales de petróleo, sino de todo: de carne, de quinua, de soya. Todo eso se está haciendo ahora con otras monedas». Arabia Saudita, históricamente el pilar del sistema del petrodólar, ya no comercializa exclusivamente en dólares.
Grebe señala que esta transición ha llevado a los bancos centrales a buscar refugio en el oro. «Otra vez el oro de facto ha empezado a ser apreciado y a ser adquirido por los países capaces de comprar grandes cantidades para los fines de su reserva internacional». China lidera esta acumulación, pero no es el único país. «Creo que aquí hay también una situación en la cual se confirma que, de todas las fuentes de reserva o de todas las materias que puedan constituir la base de las reservas internacionales legítimas, el oro es hoy en día lo principal», concluye.
Las motivaciones de Trump
Ambos analistas invitados coinciden en que uno de los elementos más peligrosos de la actual coyuntura es la imprevisibilidad del presidente estadounidense. «Nadie en el mundo hoy en día es capaz de predecir qué va a hacer mañana Trump», sentencia Morales. «Podría decir mañana que va a invadir cualquier país. Y todo eso provoca, sin lugar a dudas, fuertes remezones en todos los mercados, en todos los bienes y en el mercado del dinero».
Grebe identifica una división profunda en Estados Unidos: «Ya se sabe con certeza que hay mucha división dentro del Partido Republicano, con gente que es muy crítica con relación a la política de Trump. Pero hay también toda esa masa de americanos que han ido apoyando y siguen apoyando a Trump. Al parecer, según la prensa, lo ven como el macho de la película, como en las películas de antes donde hay un sheriff que mata a los delincuentes». Por el contrario, señala, «la intelectualidad, los universitarios, están contra Trump».
Esta polarización interna tiene implicaciones globales. «Lo que me queda claro es que la pelota está en el campo de los Estados Unidos», reflexiona Morales. «Son los americanos los que tendrían que frenar a Trump, porque está generando muchos problemas al mundo entero». Grebe comparte este análisis, pero es escéptico sobre una resolución rápida. «Cómo se va finalmente a resolver el problema es todavía un misterio», asevera.
Consecuencias económicas
El reordenamiento económico mundial abre tanto oportunidades como riesgos para países productores de materias primas como Bolivia. El alza del oro beneficia directamente a los productores de metales preciosos, y la plata también está experimentando aumentos significativos. Ambos son metales que produce Bolivia.
«No nos olvidemos que a fines del siglo XIX había un sistema bimetálico, un sistema monetario internacional bimetálico, donde estaban reconocidos como reservas el oro y la plata», recuerda Grebe. Sin embargo, introduce una nota de cautela. «Tanto el cobre como otros metales podrían tener la capacidad de convertirse en reservas de valor internacional. Sin embargo, todavía no existe un sistema que pueda hacer que esto funcione con las características de normatividad que tiene el oro». Su conclusión es pragmática. «Es bueno tener reservas convalidadas y certificadas en varios minerales y metales de creciente valor internacional, pero diría que eso no llega todavía al extremo de convertirlos en una posibilidad de cuantificación internacional que garantice la solvencia y la estabilidad de las deudas internacionales».
Morales introduce otra dimensión fundamental: la dependencia comercial de Bolivia respecto a China. «Entre los objetivos geopolíticos que tiene Estados Unidos para América Latina está evitar la incidencia e influencia que tiene China en nuestras economías. Pero China también es muy importante para Bolivia. No nos olvidemos que incluso la carne que exportamos está yendo a China». Esta realidad coloca a Bolivia en una posición delicada. «Los Estados Unidos quieren evitar el comercio de los países latinoamericanos con China, Rusia, la India, y establecer una suerte de monopolio con nosotros. Eso puede tiene su incidencia negativa para nuestra economía y también, creo, para la estabilidad política».
Consecuencias políticas
Las implicaciones políticas para Bolivia son particularmente complejas. Morales plantea el dilema con claridad: «Para Bolivia también es muy delicada la situación mundial actualmente. El embargo de Estados Unidos a Venezuela nos pone en una situación muy incómoda. Un país pequeño como Bolivia debe cuidarse mucho de no meterse en estas peleas», dice, pero reconoce que la neutralidad es casi imposible.
Grebe es crítico sobre la falta de posicionamiento boliviano. «En el caso boliviano, me llama la atención que no tengamos ni instituciones ni autoridades personales con la autoridad intelectual y moral de hacer un pronunciamiento claro, no solamente ideológico, sino fundado en las interpretaciones de las leyes y las reglas que deben regir las relaciones entre los países del sistema internacional», lamenta. Su frustración es evidente y observa que «no está clara la línea del pronunciamiento de Bolivia como país. Muchos están mirando sus intereses de muy corto plazo antes que condenar lo ocurrido con el secuestro de Maduro mediante una operación militar».
Ambos economistas son cuidadosos en no defender el régimen de Maduro. Grebe lo expresa remarcando que «la situación de Venezuela era irregular, pero la manera de abordar una democratización de ese país no era mediante una intervención abusiva violatoria de los derechos y principios del orden internacional». Su posición es que se puede y se debe criticar la intervención estadounidense «sin que eso signifique convalidar la legitimidad de un gobierno que seriamente ha violado los derechos humanos en su país».
Respuesta regional
La respuesta regional ha sido igualmente cautelosa, con «América Latina en su sector formal, que son los gobiernos, ha sido dividida y cautelosa», observa Grebe. Los mecanismos de integración construidos desde los años 60 «estaban todos debilitados ya hace años atrás». La contraposición política en la región «ha debilitado la capacidad de respuesta regional» ante acciones de este tipo.
El sistema multilateral, con las Naciones Unidas en su centro, también está muy debilitado. «Hemos visto esto en la reciente reunión del Consejo de Seguridad, donde ha habido una imposibilidad de entrar a fondo en la temática necesaria», lamenta Grebe. Solo Colombia y Panamá representan a América Latina en el Consejo de Seguridad actualmente, y aunque ambos «han hecho buenas declaraciones», no cuentan con el respaldo regional necesario. “Para eso habría que hacer consultas con los países sobre cuál es la posición a defender en el Consejo de Seguridad. Esto no ha ocurrido», puntualiza.
Morales concluye con una advertencia: «Lo que me queda claro es que la pelota está en el campo de los Estados Unidos. Son los norteamericanos los que tendrían que frenar a Trump, por los problemas que está generando». Mientras tanto, países como Bolivia navegan en aguas turbulentas, tratando de sobrevivir en un orden internacional que ambos economistas coinciden en caracterizar como “más anárquico».
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