Trajín de Jacinto Benavente
Si uno cruza la Plaza de Jacinto Benavente al descuido, parece el sitio sólo un trámite, un nudo de pasos, un juego de rodeos, una pausa concisa entre el vértigo de la calle de Atocha y el bullicio de Sol. Pero conviene detenerse un minuto, para comprobar que la plaza existe, y sigue ahí, hablando. No susurra como la Plaza de la Villa, más o menos próxima. Quiero decir que esta plaza más bien descoyuntada no tiene nunca silencio, pero sí conversación, siempre. En el centro, la estatua de Jacinto Benavente observa el trajín de ir y venir con la calma más bien resignada de quien ya lo ha visto todo: dramas, sainetes, comedias de malas o buenas costumbres. El... Ver Más