World News

Reverenciar la entrega

Otra vez Cuba se abraza desde la rabia, el orgullo, el dolor, para reverenciar la entrega de un grupo de sus mejores hijos. Como herederos de la tradición de un pueblo, recibimos este 15 de enero a los 32 combatientes caídos en heroica defensa de la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela.

Eran 32 cubanos que, con su conciencia como único escudo, ofrecieron tenaz resistencia a los poderosos Delta Force norteamericanos, superiores en número, pertrechos y tecnología. Solo aniquilándolos pudo el yanqui agresor relevarlos de una digna misión, para consumar su propósito de secuestrar al Presidente constitucional Nicolás Maduro y a su compañera, la diputada Cilia Flores.

«Eran 32 y ninguno se rindió», han reseñado titulares de prensa. Cuba reconoce en su sangre heroica la determinación de un pueblo, la actualización del coraje y la acción consecuente que forman parte de nuestro ADN como nación. Sabe que no hay miedo ni sorpresa que paralice la decisión de los nacidos en la

Mayor de las Antillas cuando defienden un ideal.

Quien mire sus fotos advertirá en ellos historias, edades, colores y orígenes diversos, pero también el gesto firme y sereno de un pueblo unido, abrazado a su devenir, que no renuncia a las lecciones de su historia, en las que como acostumbraba a repetir doña Mariana Grajales a sus hijos: la Patria es lo primero.

En aquella madrugada oscura del 3 de enero de 2026, en las calles de Caracas, entre las bombas, la sorpresa, la última táctica para enfrentar el golpe, tras cada disparo cubano, tras cada golpe cuerpo a cuerpo contra el poder en inglés, hubo tal vez visiones volando a la velocidad del momento en la mente de muchos: la familia, los hijos, los amores; los planes y sueños truncos, pero también el recuerdo de Martí, de Maceo, de los más de 2 000  internacionalistas que entregaron sus vidas en combate contra el apartheid; el compromiso con Fidel, alentando convicciones bien aprehendidas.

Hoy, cuando se amplifican sus historias personales y se eleva la estatura de nuestros hermanos, todos formados en ese proyecto de justicia y patriotismo que es la Revolución, he conocido, por ejemplo, que Alejandro, el santiaguero natural del poblado de Boniato, atesoraba entre sus orgullos el haber sido aquel niño de seis años que el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz cargara en una de sus visitas a la comunidad. «Ese hecho marcó su vida», ha contado su madre. Sin dudas, también le impulsaba en aquella resistencia heroica, con la que Cuba apostó por Venezuela y por Latinoamérica toda.

La respuesta enérgica y corajuda de nuestros hermanos, deviene hoy excelsa demostración de solidaridad, y la confirmación de que los ideales latinoamericanistas de Martí, el Che, Chávez, Fidel, y otros tantos, son legado arraigado entre sus continuadores.

Para los cubanos, la sangre derramada por los combatientes caídos en defensa de la Patria Bolivariana es orgullo sagrado, ejemplo e inspiración. Honor y gloria para nuestros hermanos.

Читайте на сайте