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Seguimos vivos para contar la verdad

HOLGUÍN.- El teniente coronel Gregorio Romero Osorio habla despacio, con la gravedad de quien todavía escucha el eco de las explosiones. «Recuerdo las palabras de Martí: "Denme Venezuela en qué servirle, que ella tiene en mí un hijo"», dice antes de guardar silencio unos segundos. Luego, la voz se le quiebra: «Eso fue lo que hicimos, servir y hoy seguimos vivos para contar la verdad».

El 3 de enero, en la madrugada, el cielo sobre una zona cercana al Fuerte Tiuna, en Caracas, se tiñó de fuego. Un bombardeo sorpresivo con drones y helicópteros estadounidenses destruyó casi por completo el campamento donde descansaban militares venezolanos y colaboradores cubanos. «Fue un acto cobarde y vil —afirma Romero—, un ataque sin aviso, sin derecho ni razón. Nos bombardearon mientras la mayoría dormía»

Entre los escombros y el humo, Gregorio, junto a otros pocos sobrevivientes, buscó a sus compañeros. «Pude verlos… quedaron allí, tendidos. Honor y gloria a ellos», dice con los ojos húmedos.

«Cada obra que realice desde hoy será un homenaje a su ejemplo. Eran revolucionarios dignos, valientes. El enemigo también lo sabe; hasta ellos reconocen nuestro valor».

A su lado, el teniente coronel Abel Guerra Perera asiente con determinación. Su relato completa el cuadro del horror vivido esa noche.

«Nos sorprendieron entre las dos y las tres de la madrugada. Éramos un pequeño grupo, sin armamento, cumpliendo una misión especial. Vivíamos en seis casas junto al área de cocina y comedor, en una zona civil-militar. Nos masacraron. Los F-35 y los helicópteros atacaron sin piedad»

Abel recuerda cómo, bajo los escombros, escuchaba las detonaciones una tras otra. «No sé cómo seguimos vivos. Los muros se me vinieron encima. Lo primero que hice fue buscar a mi gente. Ese mismo día rescatamos a ocho compañeros; al siguiente, encontramos a los tres que faltaban. Ninguno fue abandonado».

Valerosos cubanos perdieron la vida en aquel amanecer. «Se ensañaron con nosotros —dice Abel, apretando los puños— pero aquí estamos, firmes. Si nos atacan otra vez, sabrán que el cubano, donde quiera que esté, se levanta, lucha y no se rinde. Somos herederos de Martí, de Gómez, del Che. Y así seguiremos».

Ambos militares, de regreso a Cuba, no se consideran héroes. Dicen que solo cumplieron con su deber. Pero en sus palabras se siente la dignidad y la fuerza de generaciones que, a través de las peores pruebas, mantienen viva la fe en la justicia y en la solidaridad entre pueblos hermanos.

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