La declaración de BIC sólo incluye el damasquinado artesanal
Cualquiera que lea el acuerdo de 13/01/2026 del Consejo de Gobierno de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, por el que se declara Bien de Interés Cultural el Damasquinado de Toledo, con la categoría de Bien Inmaterial, podrá comprobar que este reconocimiento hace referencia exclusivamente a la protección de un oficio artesano tradicional que se transmite de generación en generación, de acuerdo con la definición misma de Bien Inmaterial. Por eso no se entienden las razones por las que se felicitan las asociaciones de comerciante e industriales por esta resolución de la Consejería de Educación y Cultura. Las alegaciones presentadas por dichas asociaciones durante el proceso de tramitación del expediente del BIC, dirigidas a incluir sus productos dentro de esta protección administrativa, no han sido atendidas por esta Consejería, no sólo porque sería un despropósito que nadie entendería , sino porque es jurídicamente inviable. Por otra parte, la definición misma de damasquinado de la RAE a la que apelan estas asociaciones en nota de prensa (ABC 15-1-2026, y en el blog de Fedeto), como una «labor de adorno que se hace en una pieza de hierro u otro metal embutiendo filamentos de oro o plata en ranuras o huecos previamente abiertos», no solo introduce «limitaciones vinculadas al sistema de producción», sino que excluye la modalidad industrial de objetos seriados que, imitando por su apariencia el damasquinado, han sido realizados mediante un baño electrolítico, es decir, no por un proceso de embutido o incrustación. Para que nos entendamos, la diferencia entre un objeto realizado manualmente por un artesano y un producto industrial es la que habría entre un códice escrito por un amanuense y un facsímil del mismo. En el texto de la resolución, la única y breve referencia que se hace al damasquinado industrial tiene un carácter descriptivo e histórico . En efecto, podemos leer en dicha resolución que «en las últimas décadas del siglo XX, en paralelo, se ha desarrollado una producción industrial de objetos de damasquinado elaborados con procedimientos mecánicos que generan piezas de acabados similares a los artesanales» (el subrayado es mío). Estos son los productos que inundan los escaparates de la mayoría de comercios toledanos. Entre las medidas de salvaguarda de dicha resolución, destacan la de «fomentar la investigación y documentación del oficio artesano»; «incrementar las actuaciones de difusión, divulgación y expresión del oficio y de sus principales productos», y «sensibilizar a la sociedad para que tome conciencia del valor de esta cultura como actividad artesana tradicional». En todo momento se está hablando de la «artesanía tradicional» como objeto beneficiario de estas medidas, sin hacer mención alguna al damasquinado industrial, que no necesita ningún tipo de protección. Los fabricantes de damasquinado industrial se consideran a sí mismos como los continuadores naturales del damasquinado artesanal , lo cual no deja de ser irónico, pues los mismos que casi acabaron con esta preciosa artesanía toledana se erigen ahora como sus salvadores. Hasta los años 70 existían en Toledo decenas de talleres de damasquinado. La aparición del damasquinado industrial significó el cierre de la inmensa mayoría de estos talleres y el paro para cientos de damasquinadores . Argumentar, como hacen algunos, que el damasquinado artesanal es hoy tan residual que no merece la pena su protección, es como decir que no tiene sentido proteger los linces ibéricos porque quedan muy pocos. Afortunadamente, perviven todavía damasquinadores y damasquinadoras en Toledo, algunos muy jóvenes y con las ilusiones intactas, y la implantación en la Escuela de Artes de una enseñanza reglada de damasquinado augura un futuro prometedor para la artesanía más emblemática de la ciudad de Toledo. Es por ello que el damasquinado industrial no supone, como pretenden dichas asociaciones, ni la preservación, ni la continuidad, ni la difusión del damasquinado (bolsos como el de MaxMara, presentado a bombo y platillo hace unos meses en el Parador de Toledo, sólo pueden presumir de pasear por el mundo una imitación, no un verdadero objeto artesano). No es este lugar para disertar sobre la época de la posverdad , en la que cualquier texto o declaración se puede tergiversar, pero lo que es inadmisible es que el damasquinado industrial se apropie de una declaración que sólo corresponde a un oficio centenario realizado por las manos expertas de un artesano. Desde estas páginas hemos defendido repetidas veces que en el mercado turístico toledano puede convivir perfectamente el damasquinado artesanal con el industrial , y también en el papel fundamental que tienen los comerciantes en la supervivencia de esta artesanía única en Europa. Los defensores de la artesanía del damasquinado no estamos en guerra con el damasquinado industrial, que tiene su propio nicho comercial. Es más, nos gustaría que las empresas que realizan estos productos abrieran también en sus fábricas líneas de producción artesanal, como ya hicieron en el pasado, dando trabajo a numerosos damasquinadores; y que el comercio de Toledo apostase decididamente por el damasquinado que se hace manualmente, el único que puede recibir y ha recibido el reconocimiento como Bien de Interés Cultural.