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Betis - Villarreal: El ciclo del Betis es eterno (2-0)

Abc.es 
El Betis nunca desfallece . Jamás. Siempre da la cara desde que Manuel Pellegrini está en su banquillo. Ni en los momentos más complejos se le va de las manos al entrenador chileno. Sabe manejar las crisis como nadie. O lo que se parece a las crisis y más agoreros califican como fines de ciclos. Pellegrini siempre resiste. Le guiña el ojo a quien no quiere que continúe. Historia del Betis . Nadie la ha escrito más bella y parece que nadie será capaz de imitar su maestría en la dirección. Victoria sobrada ante un Villarreal que no empataba con nadie. Siempre ganaba. Ha puesto la Champions a tiro de locura y si algo tiene este Betis es que es capaz de ponerse metas que nadie espera, que nadie asume, que nadie apuesta a que sean alcanzables. Sólo una persona: Manuel Pellegrini . Manuel Pellegrini salía con la idea que tenía en la cabeza para detener el flujo ofensivo del Villarreal. Bien que le faltaba Deossa, aquejado de una fiebre, y que de esa ausencia colocaba otra vez a Lo Celso en su once inicial, buscando una reacción del argentino, que parecía no llegar nunca. A los buenos siempre se les pide más. Ese paso adelante que cuesta en el máximo nivel o responsabilidad. Porque Betis y Villarreal saben que para ir a la Champions y crear un campo base donde otros duran un cuarto de hora necesitan un conjunto reconocible, donde otros rivales se quieran ver reflejados. Un conjunto que no le tenga miedo a nada ni a nadie. Y es que dos clubes llamados a pelear por entra en Champions no podían defraudar, por mucho que el día fuera terrible en lo climatológico, sin saber bien dónde meterse en el frío recinto de la Cartuja. Todo era mirar la Champions . Saber hasta dónde se podía llegar o alcanzar. El fútbol siempre paga a quien se lo merece. Y Betis y Villarreal llevan todo el curso peleando casi en escalones que casi ni le corresponden. Aitor Ruibal arrancaba tras enchufado como siempre, siendo decisivo en la Copa del Rey, agitando a su equipo al máximo para pasar de ronda, plantarse en cuartos y decir que el Betis no se detiene en su empeño de pelear por todo. Y es que la confianza de los partidos recientes vale millones. Los dos goles del Chimy ante el Elche le abrieron un espacio en la mente del delantero argentino, con pinta de que acabará pronto en otro equipo. Pero mientras siga en el Betis seguirá peleando por seguir en un equipo que el argentino entiende que le debe algo. Se siente bien en Sevilla y así lo muestra. Un equipo pensado para jugar a la contra ante un Betis que se agobiaba en el error por miedo a que el adversario saliese a la contra. El Betis más que dominar pensaba en controlar. Que el partido entrase dentro de lo que podía dominar. Porque soñar con la Champions requiere dar un paso más, no quedarse con el mínimo exigible en ambas plazas, sino que necesitan esos puntos que sus mayores aspiraciones reclaman. El equipo de Pellegrini salía con actitud, pisando campo rival en la recuperación, queriendo mandar, pese a la incertidumbre de dar un paso al frente con un adversario que no se pensase qué hacer con la pelota. Si el colegiado no pitaba falta, había oportunidad de correr. Antony lo intentó por bajo tras dos llegadas del conjunto amarillo por derecha, con pases atrás desde la banda bien detectados por los defensores. Era un encuentro excesivamente equilibrado. Nadie cedía un metro . Las plazas Champions son muy cotizadas como para pensar en otro asunto, por mucho que a los béticos se le pongan los ojos como estrellas cuando salen al paso otras competiciones. De hecho, Pablo Fornals tuvo la primera gran ocasión verdiblanca, con una llegada al área tras recuperación que se quedó en nada por mal lanzamiento del mediapunta, quien siempre busca colocar el lanzamiento, cuando existen momentos de golpear duro. La igualdad era la tónica del primer periodo, porque este Villarreal da un poco de miedo. Tiene jugadores en ataque con demasiada mala uva. Mikautadze tuvo un par de intentos de remates a portería sin suerte en el golpeo. También lo intentaba un Chimy con el colmillo afilado tras el duelo de Copa ante el Elche. Porque la historia de los jugadores en determinados equipos se basan en momentos puntuales. El Chimy jamás hubiese sido titular en un Betis más potente o con fiereza en ataque. Sin embargo, hay momentos donde cualquier futbolista con raza es capaz de cambiar el sentido de un partido, de ser decisivo u ofrecer la solución en un encuentro cerrado. El Betis mantenía el ritmo competitivo pese a no estar del todo atinado, con un grada demasiado fría en lo climático y esperando que sus jugadores respondieran en la hierba, en un choque con demasiado en juego, aunque por las alturas de temporada no pareciese tanto. Y es que al Betis le costaba encontrar los caminos al gol ante un equipo amarillo al que la igualada no le venía ni an mal. Valentín pedía penalti poco antes del descanso, antes de un remate de Marc Roca que aún está pensando Luiz Junior en cómo la sacó en la línea de gol. El Betis no dominaba realmente, pero ofrecía la sensación de que ponía algo más sobre la hierba para llevarse los puntos. Una cosa son las sensaciones y otras las realidades. Se llegaba al descanso sin goles. Había llegadas y ocasiones, aunque ninguno poseía el control real para merecerlo. El discutido Giovani Lo Celso había llevado la manija de un Betis sin demasiado remate, casi como un Villarreal donde su mejor oportunidad estuvo en un disparo de Mikautadze tras una jugada de persistencia de Álvaro Valles. Todo estaba en el alero. Cualquiera podía hacer daño y cualquiera podía llevarse los tres puntos. Esa sensación provocaban que el segundo periodo estuviese abierto, con dos equipos al que los tres puntos certificaban en sus objetivos. Su distancia no los alejaba, sino que mostraba la exigencia de cada rincón. Marc Roca lo intentaba desde la frontal en la primera del segundo periodo , después de los dos cambios de Marcelino en los laterales para controlar y salir con otra energía en ataque. Los dos equipos iban con pierna dura. Los puntos en juego valían igual que otra semana y para el Betis eran más necesarios debido al ritmo endiablado de los amarillos todo el curso. Dos clubes que quieren jugar la Champions y que a su manera lo merecen. Y si alguien de verdad piensa que su equipo puede dar más de si es Aitor Ruibal . Siempre está. Siempre se entrega. Siempre lo intenta. Y siempre marca. Qué jugador. Jugada entre Fornals y Antony por el costado derecho para que el chico para todo apareciese por donde nadie lo espera y golpease a gol. Siempre Aitor. Hombre de la casa que rinde donde se le ponga. Se valora eso, pero no que con esa incidencia en los marcadores no deba ser titular en un puesto en concreto. Lo mismo le intimida, o realmente disfruta siendo el hombre de los recados. No le importa, es puro Betis. Porque en este tiempo de felicidad verdiblanca, mucho tiene que ver ese gen de la casa en el buen momento verdiblanco. Porque el Villarreal iba a seguir atacando. Buchanan, con poco ángulo, disparó a gol para que Valles mostrase que también estaba vivo en el partido. Sumar de tres importaba más que nunca. El Villarreal colocaba a Ayoze en la hierba , con la bronca habitual, para que Santi Comesaña se autoexpulsase con una tijera por detrás de Lo Celso en un momento de tensión. Debía sentenciar el Betis, con un Lo Celso aplaudido tras lo vivido en la Copa, como reinvindicación personal tras la pitada en ese duelo ante el Elche. Todo cuenta. Más en momentos de dudas en el juego donde el Betis siempre da la sensación que no se ha caído del todo. Fornals certificaba el triunfo con un disparo cruzado . El Betis demostraba que seguía queriendo pelear. Que nadie lo olvide, por mucho que se le den zancadillas al equipo o a su entrenador. Ya no son 12 puntos, son 9 con su competidor rea. Fútbol. No perdía del Villarreal desde octubre a domicilio. Un equipazo. La fuerza de un equipo que parece que cuanto más se le aprieta, mejor versión da . Un entrenador de ciclo eterno.

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