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Emilia Noguera y el absurdo de Chile: “Hemos pasado por tanto que decidimos olvidar, algo muy común en este país”

En el centro de una plaza que ya no es la misma, una mujer permanece montada sobre un caballo que no existe. Desde allí, agita banderas que aluden a consignas que no termina de comprender mientras que, a su alrededor, todo parece derrumbarse.

Esa imagen es la que evoca “Caballo”. Una comedia dramática que hace del antiguo monumento de Plaza Baquedano un escenario mental, político y emocional donde la protagonista, una persona mayor y extraviada, no solo pierde la noción de su realidad. También encarna una memoria colectiva saturada, atravesada por décadas de historia, violencia y promesas incumplidas.

“Ahora, tampoco es una obra que hable solamente del estallido“, precisa Emilia Noguera unos minutos antes de que arranque la cuarta función del montaje, haciendo referencia al protagonismo que tomó la estatua del general Manuel Baquedano durante los convulsos meses de protestas posteriores al 18 de octubre del 2019.

“Al menos a mí no me gusta describirla así”, suma sobre la historia que comenzó a escribir por esos días y que hoy dirige en el emblemático teatro Ictus. “En realidad, se trata de un país. De todo lo que hemos vivido estos años. Incluso me atrevería a decir que es sobre las últimas siete décadas. Incluimos dictadura, democracia, de todo un poco. Es un popurrí“.

“Caballo”, obra escrita y dirigida por Emilia Noguera. Foto: Nathaly Arancibia.

Son semanas agitadas para el equipo encabezado por Noguera, destacada actriz y dramaturga, y que completan María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate y Camila Oliva. Esto, pues se trata de uno de los montajes que forman parte de la robusta cartelera de la edición 2026 del Festival Teatro A Mil y que ya tiene todas sus funciones sold out.

“Es hermosa la plataforma y toda esta cantidad de oferta”, valora en torno a esta iniciativa, que hace varios años posicionó enero como el mes de las tablas. “Para nosotros ha sido súper bonito estar en Santiago A Mil justamente por eso. Porque es maravilloso que exista tanto teatro, y tantos tipos de teatro. Hay gente que durante el año no se hace el tiempo de ir por miles de razones y se guarda un tiempo en enero para ver varias obras. Lo encuentro precioso. Estamos súper halagados de que esté tan lleno. Imagínate, se agotó la temporada. Eso siempre es muy bonito”.

“Caballo”, obra escrita y dirigida por Emilia Noguera. Foto: Nathaly Arancibia.

Repensar el presente

Con esa premisa en mente es que Noguera define esta propuesta como una invitación a observar nuestra historia reciente con la distancia suficiente. O, al menos, para pensar sobre lo loco que ha sido este último tiempo.

Una reflexión que incluso resulta más contingente hoy que hace seis años, aunque su origen igualmente se remonta a un hecho ocurrido en medio de esos meses tumultuosos que para muchos terminó siendo una suerte de ensoñación difusa.

“En el 2019, la Paula (Sharim, directora artística del teatro) me llamó para trabajar juntas, antes de invitarme formalmente a ser parte del equipo creativo del Ictus. Y en ese proceso de pensar qué queríamos hacer, soñó con una mujer arriba de un caballo. O sea, no de un caballo, sino de ese caballo“, recuerda la actriz.

Fue un sueño. Así se gestan las cosas a veces. En ese tiempo escribí unas páginas, ocho o diez, no más que eso, y luego cayó la pandemia. Y ahí quedamos. Recién en el 2025 lo retomé porque ya había pasado todo lo que pasó. Ya teníamos esta sensación extraña sobre lo que había ocurrido, y nos pareció que podía ser bueno para el teatro hacer esa obra“, agrega. “Este es un buen momento. Una buena distancia, seis años. Sí, no es demasiada ni muy poca”.

“Caballo”, obra escrita y dirigida por Emilia Noguera. Foto: Nathaly Arancibia.

Así es como la figura de esta mujer termina representando prácticamente a la patria entera. Una que, sentada sobre ese caballo, “no sabe qué lucha está librando. Además, lo interesante de ese lugar es que ahí se pelea por el feminismo, por el estallido, por un partido de fútbol, por el fascismo. Todas las causas han pasado por ese caballo. Hay una energía muy interesante de tomar, y creo que de eso se trata la obra, en realidad. No es un análisis sobre el estallido social ni una pieza que te diga qué tienes que pensar, ni siquiera lo que nosotros pensamos. No estamos moralizando a nadie”.

Ahí es donde el humor entra como una herramienta vital: “Hay algo muy poderoso en mezclar tragedia y humor. Yo valoro absolutamente la comedia. La risa es una emoción igual de válida que la pena, el llanto, la angustia o la melancolía. Tienen la misma capacidad de modificar a una persona”, asegura Noguera, cuya trayectoria ha sabido recorrer con maestría el género a través de montajes tan exitosos como los producidos por la compañía Los Contadores Auditores (“Morir de amor”, “Provócame”, “Vivo por ella”).

 

“Caballo”, obra escrita y dirigida por Emilia Noguera. Foto: Nathaly Arancibia.

Cuando uno hace teatro, busca que la persona entre de una manera y salga de otra, en algún puntito. De pronto se cree que el cambio sólo ocurre si alguien sale llorando mucho, y no siempre es así. Muchas veces cambia porque pasó una hora muerta de la risa y eso movió algo en su interior. Y cuando se juntan las emociones es súper interesante. En ‘Caballo’ hay algo de la inconsistencia que hemos tenido los chilenos estos años, que también lo vuelve gracioso. La inconsistencia es divertida. Es tragicómico”, dice Noguera.

En ese marco es que afirma que “lo único a lo que nosotros podemos aspirar es a buscar que la gente reflexione sobre ese momento. Que se acuerde de cosas, de lo que pasó. Porque ha sido todo tan loco y rápido… Hemos votado quinientas veces entre medio, nos han subido, nos han bajado, hemos sentido esperanza, también desesperanza. Es tanto que en un momento decidimos olvidar, que es algo muy común en este país. Porque duele acordarse de las cosas”.

En realidad no es que hayamos ocupado el absurdo, sino que todo es bastante absurdo. Todos los detalles de todo lo que ha pasado desde ese momento que hoy se cierra. Ahora que vamos a tener de presidente a este caballero (José Antonio Kast) hay algo que se termina, y todo lo que hubo entre medio es una locura insólita de la cual hay que empezar a reflexionar ya, pienso yo”, recapitula.

“Caballo”, obra escrita y dirigida por Emilia Noguera. Foto: Nathaly Arancibia.

Un espejo de la realidad

Hoy, la actriz forma parte del equipo creativo del Ictus. Un rol que ocupa con honor y plena consciencia de lo gratificante que resulta encontrar estabilidad laboral en las tablas.

Es un privilegio muy grande trabajar en un teatro. Tener un espacio para crear, con un equipo dispuesto a eso, es algo que agradezco todos los días. Y que además sea este teatro es mejor aún, por toda la experiencia que hay aquí. El Ictus tiene la tradición de ser espejo de lo que está sucediendo. La María Elena (Duvauchelle) comentaba hace unos días que muchas veces el Ictus se adelantaba a los hechos, a lo que estaba en el aire. Tomaban eso, lo transformaban en obra y después las cosas ocurrían”, define mientras observa los cuadros y texturas que decoran y dan testimonio de una vida que, sólo en la Sala de la Comedia, suma 63 años.

Entre esos gestos premonitorios estuvo, por ejemplo, la ola de protestas secundarias que arrancaron cerca del 2006: “Nos contaba que hicieron una obra llamada ‘Okupación‘ y que los pingüinos pensaron que se habían basado en ellos, pero fue antes. Estaban atentos, escuchando, mirando. Es una disposición de escucha lo que ha tenido siempre esta compañía”, define la artista.

“Caballo”, obra escrita y dirigida por Emilia Noguera. Foto: Nathaly Arancibia.

Luego de todas esas reflexiones, y a pocos minutos de abandonar uno de los rincones de la sala para acercarse al escenario y preparar todo para la función de las 19:3o horas, Emilia conecta la propia vocación del Ictus y el trabajo desarrollado desde este espacio -que alguna vez fue trinchera- para hablar de la importancia que toman las artes escénicas en tiempos tan polarizados y complejos como los que atraviesa no solo Chile, sino que el mundo.

El teatro siempre, en cualquier contexto, cumple un rol similar y permanente: juntar gente y hacerla reflexionar. Suena muy simple, pero no lo es. Mueve voluntades, en el sentido de que tú, desde que compras una entrada, ya estás moviendo tu voluntad para ir hacia un lugar, sentarte al lado de otros, ver una obra y luego dialogar con el resto de las personas. Es difícil que vayas a ver una obra con alguien y después no hables más del tema. Esos puentes de comunicación que están cortados creo que el teatro los puede abrir. Y también ayudando a que la gente tenga una disposición a la reflexión, al diálogo. Por eso diría que el teatro es una disposición“, concluye.

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