Vox se mantiene fiel a Trump aunque sus últimas medidas le creen problemas en el relato
«Qué gran tipo el líder del partido Vox de España, Santiago Abascal. Gracias, Santiago. Gran trabajo el que estás haciendo». Así definía el presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump , en febrero de 2025 la labor del líder de Vox. La sintonía entre ambos es innegable y Abascal la demuestra habitualmente al posicionarse a favor de las medidas del presidente norteamericano. La operación militar en Venezuela para derrocar al expresidente Nicolás Maduro y el apoyo a la propuesta de prohibir a fondos comprar vivienda son la defensa más reciente del dirigente español a medidas de Trump, pero también sorprenden otras en las que los de Abascal ni se han posicionado abiertamente como los planes para controlar Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, y otras donde la respuesta ha sido la tibieza, pese a tratarse de asuntos que afectan a los principales caladeros de votos de Vox, como el caso de los aranceles en abril de 2025 contra la Unión Europea (UE). En plena guerra arancelaria entre EE.UU. y la UE —que pudo afectar a las exportaciones españolas con tasas de hasta el 200 por ciento en algunos productos—, los de Abascal necesitaron varias semanas para conjugar su apoyo a Trump mientras continuaban con su defensa de los intereses nacionales. Tras conocerse los planes del presidente norteamericano aquel 3 de abril de 2025, el líder de la formación publicó en la red social X una crítica contra Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; Pedro Sánchez, jefe del Ejecutivo; y Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, por no defender los «intereses de los españoles», sin hacer ninguna mención los aranceles. José María Figaredo, secretario general de su grupo parlamentario en el Congreso, sí que afirmó que los aranceles eran «una malísima noticia», y que Vox trabajaría para combatirlos. Aprovechó, además, para culpar al Gobierno y a la Comisión Europea de «perjudicar» al campo y la industria nacional mediante «políticas 'woke'» impulsadas por Bruselas. Vox ha sido un fiel defensor de la opositora del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela María Corina Machado. Tras la extracción del dictador a comienzos de año Trump reconoció que, por el momento, no serán Machado ni Edmundo González quienes lleven a cabo una transición en el país, sino Delcy Rodríguez, la ahora presidenta encargada de Venezuela y mano derecha de Maduro, que controla el país influenciada por la Administración de EE.UU. Esta situación —que también fue un jarro de agua fría para el Partido Popular por su apoyo incondicional a la opositora— incomodó a los de Abascal, que afirmaron mediante Jorge Buxadé, líder del partido en el Parlamento Europeo, que era el momento en el que Rodríguez debía «decidir si va a continuar con el sufrimiento del pueblo venezolano» o si va a «ayudar a esa restauración de la democracia». Exigieron, también, la celebración de elecciones libres, aunque no mencionaron a Machado ni a González. Días después, el lunes 12 de enero, el portavoz nacional de la formación, José Antonio Fúster, tras preguntársele si la Administración de Trump estaba «dejando de lado» a Machado, rechazó tildar así el movimiento del dirigente norteamericano y afirmó que se debía esperar al encuentro entre ambos en la Casa Blanca porque el líder de EE.UU. sabe «escuchar». Lo que sí pudo afirmar es que el chavismo no puede desmontarse con facilidad y que es necesario confiar en el «buen hacer» de la Administración norteamericana para la transición. La cita entre Machado y el dirigente norteamericano, celebrada el jueves, se saldó sin una respuesta clara al papel que gozará la opositora en la supuesta transición hacia la democracia plena en Venezuela. Trump, tras lograr arrestar a Maduro, puso el foco en tomar el control de Groenlandia. Este territorio danés, rico en tierras raras y que forma parte de la OTAN, se ha convertido en el objetivo principal del mandamás norteamericano debido a su localización estratégica en el océano Ártico. El presidente de EE.UU. afirmó que sería «inaceptable» que Groenlandia no se anexionase al país norteamericano y que lo conseguiría «por las buenas o por las malas». Fúster, preguntado acerca de las intenciones del inquilino en la Casa Blanca, reconoció que Vox se declara «incompetente» acerca de este asunto y que si hay algo «sustancial» sobre el tema, lo estudiarán. Fuentes cercanas a la dirección del partido afirman que debatir sobre Groenlandia serviría para «desviar el foco de atención de los temas» que le interesan al partido, como la supuesta corrupción del Ejecutivo de Sánchez. Abascal, en un evento en Sos del Rey Católico (Zaragoza), minimizó la situación en el territorio danés y acusó a los socialistas de evitar hablar de la supuesta corrupción del Gobierno: «Ellos allí están, encerrados en el búnker, gritando Groenlandia, gritando Julio Iglesias, y el señor Feijóo el lunes se va al búnker a visitar a Pedro Sánchez, no sabemos para qué, para decirle que resista, que ya llegan las tropas de la señora Von der Leyen». El Grupo Plurinacional Sumar presentó en noviembre una proposición de ley para prohibir a empresas, corporaciones y fondos de inversión la compra de viviendas en España. La propuesta se rechazó con los votos en contra de las derechas parlamentarias y la abstención del PSOE. El pasado 12 de enero, Trump propuso prohibir que «grandes inversores institucionales» compren viviendas unifamiliares en Estados Unidos, una medida similar a la presentada por los de Yolanda Díaz. Pepa Millán, portavoz de Vox en el Congreso, vio con buenos ojos la propuesta del presidente estadounidense, aunque rechazó la de Sumar: «La semejanza en la literalidad de las propuestas no significa una identidad en el contenido. Y es evidente que estamos hablando de dos propuestas que en el fondo yo creo que son bastante diferentes». Añadió, además, que la coalición de izquierdas defiende una ley de vivienda que ha contribuido al «mayor encarecimiento del alquiler» en España. Lejos de marcar distancias en algunas decisiones, el partido de Abascal ha preferido modular su discurso o esquivar pronunciamientos que podrían considerarse incómodos para mantener intacta una alianza clave en el tablero internacional.