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Cien años del Plus Ultra: la misión del Ejército del Aire que cambió para siempre la aviación española

El 22 de enero de 1926, desde Palos de la Frontera, despegó el hidroavión Plus Ultra en una misión que marcaría un punto de inflexión para el Ejército del Aire y para la proyección internacional de España. La salida se produjo desde un enclave cargado de simbolismo histórico, el mismo desde el que siglos antes partieron expediciones decisivas para la historia universal.

La operación fue concebida como un desafío técnico y militar de primer orden. No se trataba únicamente de cruzar el Atlántico Sur, sino de demostrar que la aviación española estaba preparada para afrontar vuelos intercontinentales en una época sin sistemas de navegación avanzados ni apoyo tecnológico moderno. El proyecto contó con el respaldo institucional del Estado y se integró en una estrategia de prestigio nacional.

Una misión con alcance estratégico y simbólico

El vuelo del Plus Ultra respondió a una doble finalidad. Por un lado, validar las capacidades operativas de la aeronáutica militar española. Por otro, establecer un puente aéreo simbólico entre España y América, reforzando vínculos históricos, culturales y políticos con Argentina. El éxito de la misión situó a España en la vanguardia de los grandes vuelos transoceánicos de la década de 1920.

La planificación fue meticulosa. Cada etapa, cada escala y cada cálculo de consumo de combustible se ajustó a un margen mínimo de error. La travesía implicaba atravesar miles de kilómetros de océano y zonas tropicales con meteorología imprevisible, lo que convertía el vuelo en una empresa de alto riesgo.

La tripulación que hizo posible la gesta

El Plus Ultra fue tripulado por cuatro militares que representaban la élite técnica del momento. El comandante Ramón Franco ejerció como piloto principal, acompañado por el capitán Julio Ruiz de Alda como navegante. Completaron la tripulación el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada, cuya labor resultó decisiva para mantener la aeronave operativa durante todo el recorrido.

La cohesión del equipo y la disciplina militar fueron factores determinantes. Cada miembro asumió responsabilidades críticas en un contexto donde cualquier fallo podía resultar fatal. La navegación se realizaba mediante cálculos astronómicos y referencias visuales, sin ayudas electrónicas.

El itinerario que unió dos continentes

La ruta diseñada combinó ambición y prudencia. Tras despegar de Palos, el hidroavión realizó escalas en Las Palmas de Gran Canaria y en Cabo Verde antes de afrontar el salto más delicado sobre el Atlántico. Posteriormente, amerizó en Fernando de Noronha, Recife y Río de Janeiro, ya en Brasil.

El tramo final condujo a Buenos Aires, donde el Plus Ultra completó un recorrido superior a los 10.000 kilómetros y cerca de 60 horas de vuelo efectivo. Cada escala servía para reabastecer, revisar el aparato y recopilar información meteorológica esencial para la siguiente etapa.

El hidroavión que hizo historia

La aeronave elegida fue un Dornier Do J Wal, un hidroavión bimotor de origen alemán reconocido por su robustez y fiabilidad. Su casco metálico y su configuración permitían amerizajes seguros en mar abierto, una característica imprescindible para la travesía atlántica.

El Plus Ultra fue adaptado específicamente para la misión, con depósitos de combustible ampliados y ajustes técnicos orientados a maximizar la autonomía. Estas modificaciones convirtieron al aparato en un referente tecnológico de su tiempo.

La llegada a Buenos Aires y su impacto internacional

El 10 de febrero de 1926, diecinueve días después de la partida, el Plus Ultra amerizó en el Río de la Plata. La llegada a Buenos Aires se transformó en un acontecimiento multitudinario. Miles de personas recibieron a la tripulación como símbolo del progreso técnico y de la unión entre España y Argentina.

El éxito del vuelo tuvo una amplia repercusión internacional y consolidó el prestigio del Ejército del Aire. La travesía demostró que el Atlántico ya no era una barrera infranqueable y que España podía competir en el ámbito de la aviación de largo alcance.

Un gesto de fraternidad que selló la historia

Como culminación simbólica de la gesta, el rey Alfonso XIII donó el hidroavión Plus Ultra al pueblo argentino. El aparato pasó a convertirse en un testimonio material de la hazaña y en un emblema de la hermandad entre ambos países.

Cien años después, la misión del Plus Ultra sigue siendo un referente del espíritu de superación del Ejército del Aire. Aquella travesía no solo abrió nuevas rutas aéreas, sino que consolidó una visión estratégica que proyectó a España más allá de sus fronteras y dejó una huella imborrable en la historia de la aviación.

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