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Descubren un lienzo barroco que Madrid declara Bien de Interés Cultural con historia oculta

Un hallazgo artístico que redefine una colección histórica

La Comunidad de Madrid ha aprobado la declaración de dos pinturas como Bien de Interés Cultural (BIC), una figura de protección que se aplica a bienes muebles que poseen un valor excepcional para el patrimonio histórico y artístico. Estas obras —Visita a Santa Isabel, atribuida a Juan Bautista Maíno, y La flagelación de Cristo, de Angelino Medoro— representan un legado artístico que trasciende los circuitos habituales de exhibición y conservación.

El reconocimiento de estas piezas no solo responde a su calidad técnica y estética, sino también a su capacidad para documentar periodos artísticos y conexiones culturales que han sido poco explorados hasta ahora. Su declaración como BIC permitirá medidas de protección, difusión y estudios especializados que consolidan su importancia dentro del patrimonio nacional.

Visita a Santa Isabel: única versión conservada y misterio resuelto

La obra Visita a Santa Isabel, atribuida a Juan Bautista Maíno, data aproximadamente de 1636–1637 y formaba parte del retablo mayor del convento de San Jerónimo en Espeja de San Marcelino (Soria). Este retablo desapareció, y la pintura sobrevivió como testimonio solitario de un proyecto mayor que se perdió con el tiempo.

La escena representa el momento en que la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a su prima Santa Isabel, embarazada de Juan el Bautista. La composición se organiza en dos planos diferenciados: en primer término, María e Isabel dialogan con solemne quietud; al fondo, a la derecha, aparecen San José y Zacarías en actitud contemplativa. La escena resume un equilibrio entre la narrativa religiosa y una sensibilidad estética profundamente arraigada en el barroco español.

Dimensión técnica y expresiva

Desde el punto de vista técnico, la pintura exhibe una iluminación dramática y colores intensos que subrayan la monumentalidad de las figuras. El tratamiento de las vestiduras crea volúmenes casi escultóricos que enfatizan la presencia física de los personajes. El rostro de la Virgen, idealizado y sereno, refleja un canon de belleza que se asociaba en la época con la espiritualidad y la perfección teológica.

Los estudios preliminares han identificado un dibujo naturalista que, lejos de limitarse a la mera representación formal, se impregna de un matiz emotivo que sugiere la profundidad del momento narrado. Este uso de la luz y la composición es característico de Maíno, quien se formó humanísticamente y se vinculó con las principales corrientes artísticas de su tiempo.

Una pieza singular en la trayectoria de Maíno

La Visita a Santa Isabel es especialmente significativa porque constituye la única versión conocida de Maíno sobre este tema iconográfico, lo que la convierte en una pieza clave para entender su evolución artística y su inserción en el barroco español. A pesar de su prestigio en vida, Maíno ha sido durante mucho tiempo una figura secundaria en las narrativas generales del arte. Su obra fue redescubierta en gran medida gracias a exposiciones como la que le dedicó el Museo del Prado en 2009, la primera monográfica sobre el artista, que ayudó a revalorizar su producción.

La flagelación de Cristo: Medoro y las rutas artísticas entre continentes

La segunda obra declarada BIC es La flagelación de Cristo, pintada en 1586 por Angelino Medoro. A diferencia de la pieza atribuida a Maíno, esta obra es la única firmada y fechada por Medoro antes de su traslado a América, donde desarrolló una parte importante de su carrera.

La pintura representa la escena de la flagelación de Jesús, con el cuerpo de Cristo en posición frontal, levemente contorsionado y de movimiento serpeante, cubierto únicamente por el paño de pureza. A su alrededor, tres sayones en actitud activa completan la escena dramática. La obra destaca por el dominio del dibujo anatómico y por una paleta de colores que remite a las influencias italianas del Manierismo tardío.

Importancia histórica y conectividad artística

Medoro, nacido en Italia, lleva en esta obra las huellas del lenguaje manierista que floreció en Roma a finales del siglo XVI. La pieza no solo documenta la habilidad del artista en sus primeros años, sino que también sirve como testigo de las rutas artísticas entre Europa y América en los siglos XVI y XVII.

Su traslado al continente americano marcó una fase de expansión cultural que influyó en la formación de escuelas pictóricas en territorios como Perú y Nueva España (actual México). El carácter documental de La flagelación de Cristo permite hoy reconstruir, a través de la técnica y el estilo, parte del flujo de ideas y formas entre dos mundos conectados por el arte.

Protección, estudio y futuro de las obras BIC

La declaración como Bien de Interés Cultural por parte de la Comunidad de Madrid no solo ofrece protección legal a estas piezas, sino que abre las puertas a investigaciones más profundas, restauraciones científicas y exposiciones que darán a conocer aspectos inéditos de su historia y contexto. Esta categoría de protección garantiza que las obras puedan estudiarse con los recursos técnicos más avanzados y compartirse con un público amplio.

Además, la catalogación como BIC suele activar programas de difusión educativa y museística que conectan a nuevos públicos con la historia del arte y su relevancia para la identidad cultural. En este sentido, piezas como la Visita a Santa Isabel y La flagelación de Cristo trascienden su valor intrínseco para convertirse en puntos de partida para nuevas narrativas sobre la historia del arte europeo.

El reconocimiento oficial reafirma el compromiso institucional con la preservación del patrimonio y con la visibilidad de obras que, pese a su calidad, han estado fuera del foco durante décadas. A partir de ahora, estas pinturas integrarán un corpus de referencia para estudiosos, instituciones y público general, consolidando su lugar en la historia del arte universal.

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