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Economía informal: el gran desafío de las MIPYMES en México

En México, las MIPYMES —en su mayoría negocios familiares— representan el 99.8% del total de unidades económicas. Son el verdadero motor del empleo nacional: generan el 70.7% de los trabajos formales y el 96.7% del empleo informal. Sin embargo, una realidad inquietante persiste: el 67% de estas empresas aún opera en la informalidad.

La informalidad no es solo una cifra, es una barrera estructural. Impide que millones de negocios accedan a créditos, seguridad social, tecnología e innovación. Además, limita su competitividad y perpetúa condiciones laborales precarias.

Frente a este panorama, la Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares G32 se posiciona como una organización clave. Su liderazgo impulsa una visión transformadora: transitar hacia la formalización de manera gradual, práctica y con enfoque humano, sin ahogar al emprendedor con cargas regulatorias. Pone al centro a la economía de mostrador, esa que necesita que suene la caja registradora para sobrevivir cada día.

Inspirados en modelos internacionales exitosos, G32 propone una agenda centrada en incentivos, simplificación fiscal y certeza jurídica. Pero también entiende que el cambio real empieza por las personas: apuesta por el liderazgo comprometido, visión de largo plazo y educación financiera adaptada a las realidades locales.

La formalización debe ser una vía para dignificar el trabajo, profesionalizar los negocios familiares y construir un México más justo y competitivo. No debe vivirse como una carga, sino como una oportunidad.

Las microempresas, que representan el 94% del total, son las más vulnerables: el 75% opera fuera del marco legal. No necesitan discursos, necesitan herramientas prácticas, mentores empresariales y acompañamiento real.

Desde G32 se promueve una nueva cultura de liderazgo basada en valores, sostenibilidad y acción colectiva. A través de alianzas público-privadas, redes de apoyo y capacitación estratégica, se busca empoderar al empresario familiar con una mentalidad de futuro.

Hoy, más que nunca, se necesita una acción coordinada. No basta con diagnosticar el problema: urge liderazgo con visión y voluntad para transformar la informalidad en una vía de crecimiento y equidad. Formalizar no debe ser un castigo, sino una promesa cumplida de prosperidad.

Porque la informalidad es, para algunos, un gran negocio… pero no lo es para México. Es una cuesta empinada que debe recorrerse con decisión. Y aunque no será fácil, es el único camino hacia una economía más sólida y digna.

Actualmente, ser formal es más costoso, riesgoso y complejo que ser informal. Pareciera que el sistema está diseñado para desincentivar la legalidad. Esa maraña de trámites se convierte en corrupción, exclusión y escasa competitividad. Castiga al que quiere hacer las cosas bien.

Esta es una falla estructural. Mientras el gobierno no cambie su forma de pensar, seguirá repitiendo las mismas soluciones que solo alimentan la trampa de la precariedad. La economía real —la que vive en cada hogar— no puede esperar más.

Detrás de la informalidad hay intereses y sobre-regulación que protegen a unos pocos y perjudican a millones. Si en verdad se quiere cumplir el lema de “primero los pobres”, entonces el punto de partida debe ser pensar primero en los negocios familiares.

Es momento de pensar en grande por los pequeños.

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