World News

De Steck Hall a nuestros días

Cada vez que desde la Casa Blanca se ciernen nuevas amenazas contra nuestro país, vuelvo al discurso que José Martí pronunció el 24 de enero de 1889 en Steck Hall, Nueva York. Lo hago como una necesidad de reafirmar principios en medio de un escenario de presión constante que amerita definiciones. Martí comprendió que el mayor peligro para la nación cubana no siempre vendría desde fuera, sino también de las fisuras internas que pudieran abrirse en momentos de adversidad.

Aquel día, Martí habló de la unidad como una necesidad impostergable. Hoy, cuando arrecian las sanciones, los discursos hostiles y las amenazas, esa enseñanza cobra una vigencia particular. La historia demuestra que cada embestida del imperialismo ha tenido como objetivo provocar el desaliento, la desconfianza y la fragmentación.

Esa reflexión martiana dialoga de manera directa con la advertencia formulada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 17 de noviembre de 2005, en discurso pronunciado a los estudiantes en el Alma Mater de la Universidad de La Habana, cuando afirmó: «Esta Revolución solo puede ser destruida por nosotros mismos». 

Fidel nos hacía entonces un llamado a la responsabilidad colectiva, a no permitir que el desgaste, los errores o la pérdida de sensibilidad ante los problemas reales del pueblo se conviertan en el terreno fértil que esperan quienes apuestan por el fracaso del proyecto cubano.

Steck Hall nos recuerda que las respuestas a las amenazas no pueden ser ni el miedo ni la improvisación, sino la coherencia y la dignidad. Defender la soberanía implica también cuidar la unidad interna, fortalecer la confianza y actuar con sentido ético en cada espacio de la vida social. 

Desde las guerras de independencia, la historia muestra que la unidad ha sido nuestro salvavidas y que su ausencia nos ha llevado al hundimiento.

El llamado a la unidad siempre ha sido una constante en nuestros líderes históricos. De Raúl aprendimos que «unidad significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis», y que además debemos cuidarla «más que a la niña de nuestros ojos».

Leer hoy a Martí, a la luz de las palabras de Fidel y Raúl, es reafirmar una certeza: Cuba no se defiende solo frente al enemigo externo, sino también en la manera en que se piensa, se dirige y se actúa puertas adentro. Frente a las más variopintas amenazas, la unidad es y seguirá siendo nuestro bastión inexpugnable. 

De Steck Hall a nuestros días la lección es clara. La defensa de Cuba pasa hoy por cuidar ese tejido interno que nos sostiene como nación. Sin unidad consciente y activa, cualquier proyecto queda expuesto; con ella, incluso en la adversidad, se abre siempre un camino.

Читайте на сайте