¿Nadie pudo orientarla?
El 25 de diciembre pasado, Dora Sigas Martínez, discapacitada de 70 años y sola, contó desde Palma Soriano (Santiago de Cuba) que el 12 de septiembre de 2025 compró la balita de gas licuado tras un año sin poder adquirirla. Y el 15 de septiembre, al instalar la balita con ayuda del vecino, detectó salidero de gas. Fue cerrada y el olor seguía. Pasó horas llamando al depósito. Nadie respondía. El mismo día comunicó con Luna, mecánico de la entidad. Le explicó el asunto y él le dijo que debía llevar la balita al depósito. Ella rogó si podían ir a su casa a revisarla, pues le era difícil ir allí, coger un carro sin dinero. Y dijo que no. Debía llevarla.
El 16 de septiembre Dora fue a Atención a la Población. La atendieron, Julieta, jefa del departamento, y otras dos compañeras. Julieta llamó varias horas al depósito y no respondían. Tras larga espera, le dijeron que fuera para su casa, le avisarían cuando comunicaran. Lo intentó Julieta 17 y 18 de septiembre sin resultado. El 23 de septiembre Dora volvió para alertar sobre el fuerte olor a gas. Julieta comunicó y le dijeron que ese mismo día debían revisar dos balitas cerca de Dora. Nunca fueron.
El 6 de octubre Dora fue al depósito tras larga caminata. El jefe de turno, Ibrahim, le pidió los documentos e hizo el reporte en una hoja aparte, pues la oficial no aparecía. Le dijo que volviera a casa y le pusiera una frazada empapada en agua encima, y cuando el mecánico volviera del almuerzo le daría el reporte para que la visitara. Nunca fue.
El 9 de septiembre Dora fue al Partido y la persona de Atención a la Población estaba de certificado médico. Ya agotada, irrumpió en llanto. Y la recepcionista llamó al depósito. Le dijeron que al otro día visitarían a Dora. Nunca fueron. El 17 de octubre ella fue a la estación de bomberos a pedir ayuda. Y el segundo jefe de la unidad le dijo que ellos tenían prohibido tocar las balitas, que fuera a Gas Licuado a que se la repusieran. «¿Hasta cuándo tendría que esperar?, decía, ¿hasta que mi hogar y el de los vecinos ardieran en llamas?».
El 20 de octubre vio a Julieta, quien volvió a llamar, y pidió que la atendieran. Le dijeron que Dora llevara la balita ese mismo día para reponerla. Un vecino la auxilió, y al llegar al depósito vio a la directora Yanet, quien dijo que solo le daría la segunda balita, porque ya había pasado un mes y había hecho los reportes de septiembre y octubre sin aún haber terminado el mes en curso.
El vecino pidió que le preguntara a Ibrahim, y Yanet afirmó que nadie le había entregado ningún reporte. Dora le había dado al vecino su número de teléfono, que la llamaran por si había alguna duda. Yanet la llamó y dijo que le entregaría solo la segunda balita. «Si todos los afectados pudieron obtener sus dos balitas, ¿por qué a mí, que no tuve la culpa que la vendieran con problemas, no me la pueden reponer?», concluía.
Responde Yarianna Guerra González, directora general de la Empresa Comercializadora de Combustible, que Dora era cliente de gas licuado con contrato de dos cilindros, pero el 20 de agosto de 2025 hizo cesión de una de las balitas a su sobrina Elizabeth Vidal. Y añade que, en la visita a Dora, esta refirió que, por desconocimiento, se dirigió a personal ajeno al Grupo Comercial de Palma Soriano para el reporte, y no lo hizo a Servicios Mecánicos del municipio; violó el reglamento para el servicio de gas licuado, el cual señala que ante posibles salideros se debe reportar a las casas comerciales, puntos de venta o con el centro de dirección, inmediatamente.
Se comprobó, acota, que compró el cilindro el 12 de septiembre. Y el 20 de octubre se personó un amigo suyo con el cilindro vacío al Grupo Comercial, ya pasado más de un mes. Al conocer el caso, se procedió por la UEB de Servicios Mecánicos a la recogida del cilindro para su análisis en planta. Arrojó que no tenía desperfecto técnico. No obstante, se decidió venderle el cilindro el 29 de diciembre de 2025. Y declara la queja sin razón, pues Dora no hizo en tiempo y forma el reporte al Grupo Comercial, como está establecido en la Resolución 92 de 2017, concluye.
¿Y nadie en aquella odisea pudo orientarle ni comunicarle adónde dirigirse la pobre mujer?, pregunto.
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