Davos o la independencia de Europa
La energía es también la que mueve a Trump en su camino a la conquista de Groenlandia, o más bien, a sus inversores de Silicon Valley y otros, desde Larry Fink a Jeff Bezos (Amazon), pasando por el dueño del imperio Lauder, el CEO de Palantir, Bill Gates y Michael Bloomberg… Todos necesitan energía barata para sus centros de datos, enormes instalaciones que consumen tanto como una ciudad para albergar en sus computadoras los big data de la población mundial
“No tendréis nada y seréis felices”. Esta mítica frase de Davos 2016 se ha revelado como una predicción con el discurso de Ursula von der Leyen en el foro económico de Davos 2026, donde ha clamado por “la independencia de Europa” ahora que somos más dependientes que nunca de la magnanimidad de nuestros amigos y aliados. Desde la IA hasta la Defensa, pasando por la autonomía energética, la presidenta de la Unión Europea ha desvelado ante el mundo todas nuestras debilidades, pese a vestirlas de fortalezas, todo lo que no tenemos pese a parecer felices.
Renunciamos hace más de 20 años a nuestra industria y, con ella, a la inversión en tecnología y en I+D+I, delegando la producción en el continente asiático con el mantra de la globalización. Desistimos, mucho antes, de tener un ejército europeo y, consecuentemente, una industria de defensa aceptando la protección paternal del Tío Sam y, de paso, haciendo nuestras todas sus guerras. Y hemos abandonado nuestra fuente de energía más cercana, cómoda y barata, el gas ruso, haciendo imposibles los dos postulados anteriores. Todo ello base de nuestra independencia.
Respecto a la defensa, precisamente, nuestra Presidenta ha insistido en la OTAN como el paraguas que nos habían prometido para nuestra seguridad nacional e internacional. Pero, ¿qué quiere decir Von der Leyen cuando apela a la seguridad en el Ártico de la mano de la OTAN y de Estados Unidos? “Cuando se trata de la seguridad de la región Ártica, Europa está totalmente comprometida. Y compartimos los objetivos de los Estados Unidos en este sentido”. ¿De verdad compartimos los objetivos de Trump en Groenlandia?
Tras afirmar que “consideramos al pueblo de los Estados Unidos no solo nuestros aliados, sino también nuestros amigos”, Von der Leyen se da un baño de realidad. En el mismo párrafo afirma: “Creo que Europa necesita adaptarse a la nueva arquitectura de seguridad y a las realidades a las que nos enfrentamos ahora”. ¿Cómo, si desde hace cuatro años hemos pasado a depender en un 60% del gas y petróleo norteamericanos? La independencia de Europa, su grito desesperado, en un “desiderátum”, una oda a la alegría, pero con un rictus en lugar de una sonrisa.
El discurso de Von der Leyen, escrito antes de Navidad como ella misma reconoce, lleva a Groenlandia hacia el último párrafo. “Cuando comencé a prepararme para el discurso de este año, la seguridad en la región del Alto Norte no era el tema principal”, son sus últimas palabras. Nadie se lo ha actualizado porque, no muy lejos de esas líneas, se vanagloriaba de que Finlandia está construyendo cuatro rompehielos para Estados Unidos, que “los necesita para reforzar su presencia en el Ártico”, es decir, ¿en Groenlandia?
De paso, -¿avisa, amenaza?- afirma que va a buscarse “otros” amigos. “Necesitamos trabajar con todos nuestros socios regionales para fortalecer nuestra seguridad común. Es por eso que buscaremos cómo fortalecer nuestras asociaciones de seguridad con socios como el Reino Unido, Canadá, Noruega, Islandia y otros”. ¿Otros socios regionales? El cancilla alemán acaba de reconocer que Rusia es Europa. ¿Será verdad que la UE tienen sus ojos puestos en Rusia? Desde la amenaza de Trump de conquistar Groenlandia, los líderes europeos como Macron, Merz y Meloni han dado muestras de la necesidad de hablar con Putin. Ardua tarea tras cerrarnos la puerta al diálogo desde hace más de tres años y, lo que es más importante, al gas ruso, la fuente de energía barata que hacía de Alemania el motor de Europa. Una vez cerrada la espita del gas, ¿qué nos queda?
Porque esa es la clave del Foro de Davos, la energía que mueve la industria y la IA. Y por eso, su vicepresidente Larry Fink (BlackRock) ha reivindicado la vuelta al gas y la energía nuclear, “porque no podemos depender de la volatilidad de renovables como la eólica y la solar”. Ahora admite que la transición ecológica -que él propuso- ya ha saboteado nuestro suministro eléctrico y ha aumentado nuestras facturas de electricidad. ¿Se acabó la energía sostenible? ¿Se acabó el cambio climático?
Y hete aquí que la energía es también la que mueve a Trump en su camino a la conquista de Groenlandia, o más bien, a sus inversores de Silicon Valley y otros, desde Larry Fink a Jeff Bezos (Amazon), pasando por el dueño del imperio Lauder, el CEO de Palantir, Bill Gates y Michael Bloomberg… Todos necesitan energía barata para sus centros de datos, enormes instalaciones que consumen tanto como una ciudad para albergar en sus computadoras los big data de la población mundial, la que alimenta la Inteligencia Artificial. Y el frío ártico, además de la abundancia de agua, son esenciales para refrigerar los Data Center.
Parece Black Mirror hecho realidad, pero ahí está Trump, también en Davos, explicándoles a los ricos y poderosos del mundo su idea -la de sus magnates- de crear una ciudad-Estado privada donde toda su población esté bajo el control de la IA. Un experimento piloto que solo se puede ensayar en Groenlandia. Praxis se llamará. Y, mientras tanto, la independencia de la Unión Europea irá ligada a la de esta gran isla danesa, abandonada a su suerte.
De nada sirve henchir el pecho, ya no vale de nada decir “soy europeo”, ya no nos sirve como carta de presentación… Ya no tenemos nada, ni siquiera nos queda el orgullo de ser ciudadanos europeos. Porque hemos vendido, precisamente, nuestra independencia al mejor postor. Porque hemos vendido el alma al diablo.