Camperos 24h: así es el bar de Málaga donde disfrutar de este bocadillo a cualquier hora del día o de la noche
Si hay un bocadillo que triunfa en Málaga, ese es el campero. Pan de mollete crujiente, relleno generoso, precio amable y la capacidad de resolver desde una cena rápida hasta los antojos de madrugada. En una ciudad donde los camperos se multiplican, hay un local que ha decidido ir un paso más allá: no cerrar nunca. Se llama Bocatas Hidalgo y está en Carretera de Cádiz, uno de esos barrios donde la hostelería no se entiende sin constancia, volumen y cercanía. Con más de 30 años de trayectoria, el establecimiento se ha convertido en el único bar de Málaga que sirve camperos las 24 horas del día, una rareza que dice mucho de cómo se come —y se vive— en esta ciudad. Durante años, Bocatas Hidalgo ha sido parada obligatoria de madrugada. Trabajadores del turno de noche, taxistas, sanitarios, personal de limpieza, fiesteros con hambre y vecinos de toda la vida han pasado por su mostrador entre las 21.00 y las 5.00 o 6.00 de la mañana, según el día. Ahora, el salto es definitivo: abrir sin interrupción, también por la mañana y al mediodía. Un gesto logístico complejo que solo se entiende con una cifra que lo respalda: unos 500 servicios diarios. Aquí no hay cocina creativa ni storytelling impostado; hay ritmo, oficio y un producto que funciona. Parte del éxito está en una carta amplia, reconocible y sin sorpresas en el precio. Los camperos parten desde 4,50 euros, una cifra cada vez más difícil de encontrar, y pueden pedirse en formato menú desde unos 7 euros. Entre los más populares está el campero Hidalgo, con queso, tortilla, pimiento, pollo, bacon, lechuga y mayonesa; o el Molón, que suma lomo adobado, atún, salsa curry y un punto picante. También hay versiones de kebab, carne mechá, tortilla de patatas, serranito o atún, además de bocadillos clásicos, hamburguesas, perritos, patatas fritas y salchipapas. Bocatas Hidalgo no juega a la nostalgia ni intenta reinventar el campero. Su mérito es mantener vivo un modelo de bar popular que resiste a modas, subidas de precios y nuevas tendencias gastronómicas. En una ciudad cada vez más orientada al visitante, este local sigue funcionando como servicio público gastronómico: comer bien, rápido y barato, a cualquier hora.