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Un año crucial para América Latina

El 2025 ha sido un año de contrastes en América Latina. Por un lado, la región ha encontrado con una situación geopolítica complicada y, por otro, su economía se ha desempeñado mejor de lo esperado. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el crecimiento regional ha regresado a los valores medios a largo plazo, la inflación se ha reducido y el desempleo se sitúa en niveles históricamente bajos. Sin embargo, muchos países se enfrentan a una creciente inseguridad ciudadana, a la fragmentación del comercio mundial, a la volatilidad de los mercados financieros y a la incertidumbre en torno a la política económica de los países más ricos del mundo.

En el frente político, las elecciones en Bolivia, Chile, Ecuador, Honduras y Guyana han señalado un cambio de tendencia en la región. En 2026, las citas electorales en Brasil, Colombia, Costa Rica y Perú marcarán aún más la trayectoria política y económica de América Latina y enviarán una clara señal sobre el rumbo de la región.

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El año que estrenamos volverá a estar colmado de acontecimientos en América Latina, una región que, tras los recientes acontecimientos en Venezuela, ha concentrado un mayor interés por parte de la comunidad internacional. Los próximos meses serán cruciales para abordar las actuales incertidumbres y facilitar una transición que siente las bases para lograr estabilidad a largo plazo, establecer una democracia duradera y crear prosperidad.

Más avanzado el año, a la vez que se celebrará la Copa Mundial de la FIFA, en México, Canadá y Estados Unidos, se realizará la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) con el ánimo de modernizarlo para reforzar la competitividad conjunta de América del Norte. La aplicación del Acuerdo entre la UE y Mercosur recientemente suscrito también comprobará la eficacia con que América Latina puede posicionarse en las cadenas de valor mundiales mediante acuerdos comerciales de nueva generación.

Las reuniones estratégicas nacionales del Foro Económico Mundial celebradas en Argentina y México en 2024 y 2025, respectivamente, pusieron de manifiesto el creciente atractivo de América Latina para la comunidad empresarial global. La próxima reunión, que tendrá lugar en Panamá este otoño, congregará a altos representantes del gobierno y del sector empresarial de todo el mundo para examinar las políticas y los proyectos prioritarios del país destinados a reforzar la capacidad y abrir nuevas vías que permitan a Panamá consolidarse como centro vital para el comercio. La integración del Canal de Panamá con zonas económicas especiales, la infraestructura logística multimodal y los planes de expansión en curso refuerzan el papel del país en las cadenas mundiales de suministro. Además, el hecho de contar con una economía dolarizada mejora su competitividad en el comercio internacional.

En medio de una agenda política cargada, hay una realidad evidente: América Latina se encuentra en un momento crucial desde el punto de vista estratégico. La región cuenta con inmensos recursos minerales esenciales, un ecosistema tecnológico en rápido crecimiento, abundantes recursos naturales, energías renovables en expansión y una posición central en las cadenas de suministro y de fabricación mundiales. Las perspectivas son prometedoras, pero solo un liderazgo decisivo hará que se materialicen en un crecimiento duradero.

América Latina cuenta con recursos excepcionales, y las energías renovables ya representan alrededor del 70% de la electricidad generada. La región también es líder en el uso de biocarburantes, llegando a duplicar la media mundial. Sin embargo, los avances en seguridad energética y en condiciones propicias (como infraestructuras, financiación, innovación y capital humano) siguen siendo inferiores a los de otras regiones, según la Evaluación de la Preparación para la Transición Energética (ETRA) 2025, elaborada por el Foro Económico Mundial en colaboración con OLADE y Accenture. La modernización de las infraestructuras energéticas, la oferta de incentivos claros para el sector privado y la movilización de financiación a gran escala ayudarán a la región a alcanzar todo su potencial en energía.

Además, dado que América Latina es una de las mayores regiones mineras del mundo, ocupa una posición central en la geopolítica de los minerales como principal proveedor de minerales básicos. La región representa aproximadamente el 25% de la producción mundial de estos minerales, incluyendo cerca del 40% del cobre y el 35% del litio producidos a escala global. Sin embargo, la actual producción es muy reducida teniendo en cuenta la enorme riqueza de recursos de la región. Cabe señalar que América Latina alberga el 60% de las reservas mundiales conocidas de litio, siendo Bolivia el país con los mayores recursos de salmuera sin explotar. Chile, Argentina y México también ofrecen un importante potencial adicional de producción de litio y otros minerales básicos.

La revolución de la inteligencia artificial suele representarse como algo meramente digital, pero lo cierto es que se basa en una infraestructura que consume muchos materiales y energía. Los semiconductores, los equipos informáticos, los centros de datos, las redes y los sistemas de almacenamiento de energía dependen de minerales esenciales como el cobre y el litio, así como de un suministro abundante de electricidad limpia y asequible. En este contexto, América Latina está bien posicionada para beneficiarse del auge de la inteligencia artificial, pero para ello debe convertir sus ventajas estructurales en acciones coordinadas, inversiones sostenidas y certidumbre política a largo plazo.

América Latina en la Era Inteligente, un nuevo informe elaborado por el Foro Económico Mundial y McKinsey, señala algunas deficiencias que, si no se corrigen, podrían ralentizar los avances de la región en la carrera de la IA. Entre ellas cabe citar la escasa coordinación regional en la adopción de la IA, las persistentes brechas de conectividad entre las zonas urbanas y rurales, que amenazan con excluir a amplios segmentos de la población, y las presiones medioambientales generadas por los centros de datos de IA, que consumen abundante energía y recursos hídricos.

El problema de América Latina no es la escasez de talento o de recursos, sino la falta de alineación estratégica. Los minerales básicos, las energías renovables, los recursos naturales y la inteligencia artificial ya no son esferas separadas: forman una única ecuación estratégica que determinará la competitividad, la resiliencia y el crecimiento en la próxima década. Convertir este potencial en resultados requerirá marcos de políticas más claros, una cooperación regional más intensa, acuerdos público-privados más sólidos y un despliegue más rápido de las infraestructuras.

Si América Latina es capaz de actuar con decisión para corregir las deficiencias de coordinación, conectividad y sostenibilidad, podrá posicionarse como protagonista activo de las transiciones globales en materia energética y de IA. La inacción significaría perder una oportunidad histórica en un momento en que el centro de gravedad económico y tecnológico del mundo está cambiando rápidamente.

(*) Marisol Argueta de Barillas es Directora Principal para América Latina y Miembro del Comité Ejecutivo del Foro Económico Mundial

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