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El apellido que levantó un gigante cárnico en Lleida y hoy compite de tú a tú con BonÀrea

El tejido agroalimentario de Lleida se ha construido históricamente sobre cooperativas, integradoras y empresas familiares con una fuerte implantación territorial. En ese contexto nació el proyecto impulsado por la familia Alsina, un apellido que durante años pasó desapercibido para el gran público, pero que hoy resulta clave para entender la competencia directa con BonÀrea en el mercado cárnico.

La empresa se fundó con una idea clara: controlar la mayor parte de la cadena de valor, desde la producción ganadera hasta la transformación industrial. Ese enfoque, habitual en el modelo leridano, fue el punto de partida de un crecimiento sostenido que se aceleró especialmente en las dos últimas décadas.

Un origen familiar marcado por la integración

La historia arranca como muchas otras en la Cataluña rural: una explotación ganadera que, con el paso del tiempo, decide dar el salto a la transformación para ganar margen y estabilidad. La familia Alsina apostó pronto por reinvertir beneficios y ampliar instalaciones, en lugar de externalizar procesos.

Ese modelo permitió reducir costes, asegurar el suministro y responder con rapidez a los cambios del mercado. A diferencia de otras compañías que crecieron vía adquisiciones, el grupo se expandió de forma orgánica, reforzando su estructura productiva en la provincia de Lleida.

La clave que marcó la diferencia

El dato que explica el despegue definitivo no aparece en los primeros años, sino en una decisión estratégica tomada cuando la empresa ya tenía una base sólida. A partir de ese momento, la facturación dio un salto que la situó entre los grandes actores del sector cárnico en Cataluña.

La apuesta por plantas propias de sacrificio y procesado, junto con acuerdos estables con ganaderos de la zona, consolidó un ecosistema productivo difícil de replicar fuera del territorio.

La competencia directa con BonÀrea

Hablar de industria cárnica en Lleida es hablar inevitablemente de BonÀrea, uno de los gigantes del sector agroalimentario español. Durante años, su modelo integrado fue prácticamente hegemónico. Sin embargo, la irrupción de la empresa de la familia Alsina alteró ese equilibrio.

Sin replicar exactamente la fórmula de su competidor, el grupo desarrolló una estructura paralela que le permitió competir en volumen, precios y capacidad logística. Hoy, ambas compañías comparten mercados y clientes, especialmente en distribución y canal horeca.

Facturación y dimensión actual

El crecimiento se refleja en las cifras. La empresa fundada por la familia Alsina factura actualmente varios cientos de millones de euros anuales, con un incremento sostenido incluso en ejercicios marcados por la inflación y el aumento de costes energéticos.

Buena parte de esos ingresos proceden del mercado nacional, aunque la internacionalización ha ganado peso en los últimos años, con exportaciones a países de la Unión Europea y terceros mercados.

Un impacto directo en el territorio

Más allá de la facturación, el grupo se ha convertido en uno de los principales empleadores privados de su comarca. La concentración de plantas industriales en Lleida ha generado miles de puestos de trabajo directos e indirectos.

Este impacto territorial es uno de los elementos que explican el respaldo institucional al sector agroalimentario. La Generalitat de Catalunya y el Ministerio de Agricultura han señalado en varias ocasiones la importancia estratégica de estas empresas para la economía rural, como recoge la información pública del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Un modelo discreto, pero eficaz

A diferencia de otros grupos empresariales, la familia Alsina ha mantenido un perfil bajo. No cotiza en bolsa, no protagoniza grandes operaciones corporativas y apenas aparece en rankings mediáticos. Sin embargo, su peso real en el sector es incuestionable.

Ese perfil discreto ha sido, para muchos analistas, una ventaja competitiva. Permite tomar decisiones a largo plazo sin la presión de accionistas externos y mantener una gestión familiar profesionalizada.

El futuro del grupo Alsina

El reto ahora pasa por consolidar el crecimiento sin perder eficiencia. La presión regulatoria, las exigencias medioambientales y la volatilidad de los mercados internacionales obligan a adaptar el modelo productivo.

La empresa ya ha iniciado inversiones en sostenibilidad, bienestar animal y eficiencia energética, conscientes de que el futuro del sector cárnico pasa por responder a una demanda cada vez más exigente.

Así, el apellido Alsina, nacido en el corazón agrícola de Lleida, se ha convertido en sinónimo de uno de los mayores imperios cárnicos de Cataluña, capaz de competir de tú a tú con BonÀrea y de marcar el ritmo de una industria clave para la economía española.

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