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Desarrolla Ártico como nuevo espacio geoeconómico

El debate de las últimas semanas ha sido si es factible que Estados Unidos invada Groelandia. Aun cuando todo puede suceder, en términos realistas y estratégicos, no es probable que Estados Unidos invierta militarmente en Groenlandia en el corto o mediano plazo. Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, aliado histórico de Estados Unidos y miembro de la OTAN. Una invasión rompería el orden jurídico internacional. Estados Unidos ya tiene presencia estratégica, Washington opera desde hace décadas la Base Espacial de Pituffik (antes Thule), clave para defensa antimisiles y vigilancia del Ártico. No necesita ocupar el territorio para proteger sus intereses. Hasta hoy, la estrategia estadounidense ha sido influencia, acuerdos de defensa, inversión, cooperación científica y diplomacia, no anexión forzada.

¿Entonces por qué Groenlandia es tan relevante? Desde luego que tiene una ubicación geoestratégica en el Ártico (rutas marítimas emergentes), con recursos críticos (tierras raras, minerales). Dadas esta situación hay una competencia sistémica con China y Rusia en el Ártico. A lo que se suma cambio climático que abre nuevas rutas y acelera disputas de gobernanza. Esta situación abre un escenario más plausible, no una invasión, sino mayor militarización defensiva (radares, satélites). Hay que recordar que, en el siglo XVI, el holandés William Barentsz en 1594 intentó llegar a América por el Ártico por el paso del Noreste, sin embargo, el hielo lo obligó a regresar.

Siglos después el Ártico está pasando de ser una “frontera” remota a convertirse en un espacio geoeconómico: un territorio donde se cruzan rutas logísticas, recursos críticos, infraestructura estratégica (comunicaciones/energía), reglas de gobernanza y poder militar. El motor de fondo es doble: cambio climático mas competencia tecnológica/industrial. Podemos señalar que Groenlandia lo que habilita es una narrativa más visible es la de las rutas polares como atajo entre Asia y Europa (Ruta del Mar del Norte, Paso del Noroeste, e incluso rutas transpolares). En la práctica, el “negocio” ha crecido, pero sigue siendo estacional, costoso y riesgoso. Los especialistas han señalado que, en 2025, la Ruta del Mar del Norte registró, de acuerdo con Rosatom (corporación estatal rusa de energía nuclear), 103 tránsitos y alrededor de 3.2 millones de toneladas de carga en tránsito.

La implicación geoeconómica clave: más que reemplazar a Suez, el Ártico funciona como “corredor complementario” y como palanca de poder para quien controla rompehielos, puertos, seguros, satélites, rescate y normativa. Ecuación económica simple: si el costo total (seguros + hielo + escolta + incertidumbre) supera el ahorro de tiempo, la ruta queda para nichos: cargas específicas, estrategias estatales y ventanas climáticas favorables. En realidad, el interés por la región está basado en sus minerales críticos, podríamos señalar a Groenlandia como “reserva estratégica” (pero lenta de monetizar) que cuenta con tierras raras, grafito, níquel, etc., cruciales para electrificación, defensa y cadenas de valor digitales. Groenlandia aparece como pivote por sus recursos potenciales y su ubicación. Sin embargo, centros de análisis subrayan que Groenlandia tiene recursos relevantes, pero la explotación enfrenta infraestructura limitada, condiciones extremas y horizontes largos (proyectos que pueden tardar años o una década en madurar). Aun así, el “valor” geoeconómico no es solo extraer, sino asegurar acceso futuro (licencias, financiamiento, acuerdos de compra, logística) y evitar dependencia en procesamiento dominado por China en eslabones clave. Esto explica por qué fondos e instrumentos públicos (p. ej., daneses) están intentando aumentar su presencia inversora en Groenlandia, precisamente en minerales y energía. En todo esto se suma la generación de energía, en donde Rusia ha impulsado el Ártico como corredor de exportación y como espacio de afirmación estratégica, pero bajo tensiones por sanciones, riesgos operativos y financiamiento. Análisis europeos recientes destacan el componente geopolítico de las reclamaciones y estrategias en la plataforma ártica y el interés ruso en recursos. En paralelo, observatorios especializados reportan esfuerzos rusos para reforzar capacidades logísticas y navales (clases de buques y soporte a “northern deliveries” y tráfico). La energía ártica se vuelve un tablero donde chocan mercados, sanciones, tecnología naval y seguros, y donde la infraestructura puede ser tan importante como el recurso.

La pregunta es ¿quién definirá reglas sobre navegación, ambiente, investigación, extracción, pueblos indígenas y seguridad? Tras 2022, la cooperación regional se fracturó, pero el Consejo del Artico avanzó en 2024 hacia una reanudación gradual del trabajo a nivel de proyectos (virtual y por consenso), señal de que la cooperación técnica se intenta preservar aun con alta tensión política. La gobernanza importa porque define: costos regulatorios, estándares ambientales, permisos, y legitimidad social (sin la cual los proyectos mineros/energéticos pueden bloquearse).

El Ártico se está configurando como un nuevo espacio geoeconómico donde convergen rutas logísticas emergentes, minerales críticos, energía, infraestructura estratégica (satélites, radares, cables) y seguridad internacional. Aunque México no es un país ártico, los efectos indirectos sobre América del Norte —reordenamiento de cadenas de valor, minerales para la transición energética, costos logísticos y bursatilización del comercio— impactarán directamente su estrategia de desarrollo productivo, industrial y tecnológico.

El Ártico no es una frontera lejana: es un reordenador silencioso de la economía política global. Para México, el reto no es estar en el hielo, sino insertarse inteligentemente en las nuevas cadenas de valor, minerales críticos y capacidades industriales que el Ártico está impulsando en América del Norte. El verdadero riesgo para México no es quedar fuera del Ártico, sino quedar fuera de la reconfiguración productiva que el Ártico está detonando.

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