Una tarde en el Lyceum
En el Lyceum, hace exactamente 100 años, cae la tarde. El aire se espesa de humo de cigarrillos y de ideas. En una mesa, Maruja Mallo cruza las piernas con una naturalidad ofensiva. El traje —deliberadamente masculino— no es un disfraz sino una declaración. No quiere parecerse a un hombre; quiere no parecerse a nada conocido . Como hizo George Sand décadas antes. Cerca, Zenobia Camprubí toma notas. Prefiere creer que la verdadera revolución no está en el gesto visible. Zenobia, al igual que Virginia (Woolf), entiende que sin dinero propio no hay libertad real, con la diferencia amarga de que Woolf fue reconocida como genio en vida y Camprubí quedó reducida a ser 'la mujer de Juan Ramón'. Clara... Ver Más