El ciego que todo lo ve
Eran una noble anciana de 94 años que insistía en vivir sola y un hijo preocupado por darle el gusto a su madre y, a la vez, vigilarla de cerca para detectar el momento justo en que cruzara las líneas rojas de la lucidez y pudiera hacerse algún daño. Durante un verano amistoso en Buenos Aires, la anciana le comentó que había fantasmas en el edificio . Dos o tres veces por semana, siempre por la noche, escuchaba voces furtivas y al menos en una ocasión había divisado por la mirilla cómo sombras envueltas en sábanas blancas se escabullían por el corredor y desaparecían en el hueco de la escalera. Con mucho cuidado el hijo le explicó que eso era... Ver Más