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«Tristeza», «silencio», «rabia», «pena»..., el ánimo de los vecinos de Adamuz cinco días después del accidente ferroviario

Abc.es 
Tristeza, silencio, pena, rabia, impotencia o tocados son algunos de los adjetivos con que los vecinos de Adamuz califican el estado de ánimo que tienen después de cinco larguísimos e intensos días desde el accidente ferroviario que ha cambiado la rutina diaria y girado la historia para siempre de este municipio de apenas 4.200 habitantes en el corazón de la provincia de Córdoba. El siniestro ferroviario por el descarrilamiento del Iryo que circulaba de Málaga hacia Madrid y el posterior choque con el Alvia que realizaba el trayecto desde la capital de España hasta Huelva, que acumula 45 personas fallecidas tras el hallazgo este jueves de las dos que permanecían desaparecidas, ha dado un vuelco a los sentimientos de sus vecinos. Los adamuceños, que el domingo se volcaron y demostraron su solidaridad con los heridos , viven ahora unos momentos de zozobra. Un paseo por las calles de Adamuz poco después del mediodía evidencia la perplejidad de los lugareños ante lo que ha sucedido. Francisco Cuenca trabaja en un taller de reparación de maquinaria agrícola en el acceso del municipio, un servicio imprescindible en una localidad que está en plena campaña de recogida de la aceituna. «Personalmente siento tristeza», cuenta en declaraciones a ABC para explicar el estado de ánimo en el que se encuentran. «Esto ha sido una catástrofe y eso no lo quiere nadie para nadie», ya que «cuando aparece otro desaparecido se te cae el alma». Cuenca define los sentimientos de sus vecinos con rotundidad «tenemos rabia e impotencia». «El ánimo está todavía caído», reconoce Francisco Leiva , a pesar de sentarse en la tranquilidad que da la jubilación sobre la mesa de un bar de la localidad del Alto Guadalquivir minutos antes del almuerzo. Sin embargo, se muestra optimista de cara al futuro porque asegura que «nos recuperaremos poquito a poquito», aunque ahora mismo apunta que nota «silencio» en las calles de la población cordobesa. En la mesa del lado del Bar Antojos, en la popular calle de la Villa de Adamuz, le acompaña Andrés Ceballos . «El pueblo está unido y del pueblo no ha habido ninguna víctima», asevera con cierta sensación de alivio a pesar del drama que han tenido que vivir estos días, puesto que reconoce que su sensación es que «haya pasado esto en un pueblo tan chico es muy gordo». De hecho, lamenta, antes de saborear un trago del clásico medio de vino, que «nos vamos a acordar mucho tiempo de esto», aunque reconoce que «lo que más me molesta es que cada vez que pongas en Google 'Adamuz' te salga esto» del accidente ferroviario, que la historia de esta tragedia marque su futuro. Alfonso Serrano , en la puerta de la caseta municipal que el domingo acogió a centenares de heridos del accidente de tren entre un Iryo y un Alvia, explica el desánimo que cunde en Adamuz cinco días después del accidente. «Estamos apenados y muy cansados por todo lo que hemos vivido estos días y sobre todo tenemos mucha tristeza por todas las víctimas que ha habido y todos los heridos, que los tuvimos aquí en la caseta municipal», apunta. Gonzalo Sánchez vende cupones en Adamuz. Intenta recuperar la tranquilidad y la normalidad después de lo sucedido , pero le parece realmente complicado. «Tenemos que hacer de tripas corazón porque asumir en tan poco tiempo todo lo que ha sucedido y se hace difícil volver a tu rutina diaria», reconoce mientras se prepara para recoger el tenderete de la venta cupones de la ONCE. Rafael Luque es un abuelo que espera a sus nietos a la salida del colegio. Lamenta el drama, porque «el pueblo no tiene ánimo de nada; esto ha sido imprevisto e inesperado, ahora nos ha tocado la negra». El alcalde de Adamuz, Rafael Moreno , describe de forma muy gráfica lo que siente ahora mismo la gente de Adamuz. «Hay mucho silencio, ahora va la gente a los sitios callada y no hay esa alegría que solemos tener aquí; seguramente la recuperaremos en poco tiempo, pero es el único tema que tenemos de conversación ahora mismo». Moreno concluye que «después de pasar el principio y que la adrenalina te lleva a estar en estados a los que no llegas habitualmente», «ahora mismo, yo mismo me lo noto; estoy ya tocado». Adamuz siente «tristeza», «silencio», «rabia» y «pena» por una «tragedia» y una «catástrofe» que los ha dejado «tocados».

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