El Tempest complica el tablero europeo: el programa GCAP dispara su coste mientras España observa
El desarrollo del caza europeo Tempest, integrado en el programa GCAP, ha entrado en una fase delicada tras conocerse el fuerte incremento del gasto asumido por Italia. La decisión del Parlamento italiano de autorizar nuevas partidas presupuestarias ha reavivado el debate sobre la viabilidad financiera de uno de los proyectos militares más ambiciosos de Europa. La información fue detallada en documentos oficiales del Ministerio de Defensa italiano, disponibles en el portal institucional del Ministerio de Defensa de Italia.
El contexto no es menor. Con el programa FCAS bloqueado por las diferencias industriales entre Francia y Alemania, el Tempest aparece como la única alternativa real para los países europeos que buscan un caza de sexta generación con autonomía estratégica frente a Estados Unidos.
Italia triplica la inversión prevista en solo cinco años
El dato clave se ha conocido esta semana: Italia ha elevado su compromiso financiero en el programa GCAP desde los 6.000 millones de euros estimados en 2021 hasta más de 18.700 millones en 2026. El incremento se concentra, además, en las fases iniciales de diseño, conceptualización y desarrollo tecnológico, un momento del programa en el que todavía no se ha iniciado la producción de prototipos operativos.
Esta evolución ha generado críticas políticas internas. El Movimiento Cinco Estrellas ha advertido de que el coste acumulado del Tempest ya supera el presupuesto necesario para adquirir cerca de 90 cazas F-35 Lightning II, un avión de quinta generación ya en servicio en varias fuerzas aéreas europeas.
Un aumento concentrado en fases tempranas
Uno de los aspectos que más inquieta a los analistas es que el grueso del gasto italiano se ha producido antes de la fabricación de aeronaves. Tradicionalmente, los mayores sobrecostes en programas de combate aparecen en la fase industrial, cuando se integran sensores, motores y sistemas de armas.
En el caso del GCAP, no existe todavía una cifra cerrada para el coste total del programa ni garantías de que el presupuesto actual sea definitivo. Desde Roma no se descarta que las necesidades de financiación vuelvan a revisarse al alza a partir de 2030.
Un proyecto tripartito con información desigual
El programa GCAP está impulsado por Reino Unido, Italia y Japón a través de un consorcio industrial en el que participan BAE Systems, Leonardo y la japonesa JAIEC. El reparto de inversiones se realiza, en teoría, a partes iguales, aunque solo Italia ha hecho públicos datos detallados sobre su aportación.
Londres y Tokio mantienen silencio presupuestario
El Gobierno británico mantiene congelada la publicación de su nuevo plan de defensa, lo que impide conocer el volumen exacto de recursos destinados al Tempest. Japón, por su parte, tampoco ha desglosado oficialmente su inversión, pese a que el programa es clave para sustituir parte de su flota aérea en las próximas décadas.
Esta falta de transparencia dificulta evaluar el coste real del caza y su impacto en los presupuestos de defensa nacionales, especialmente en un contexto de aumento generalizado del gasto militar en Europa y Asia.
El dilema español ante el bloqueo del FCAS
Para España, la evolución del Tempest no es una cuestión teórica. El estancamiento del FCAS, desarrollado junto a Francia y Alemania, ha abierto un debate estratégico en Madrid. Abandonar ese programa supondría asumir la pérdida de más de 2.500 millones de euros ya invertidos, además de un golpe para la industria nacional.
Sin embargo, el GCAP aparece como una opción alternativa si el conflicto industrial entre Dassault y Airbus no se resuelve. El problema es que los sobrecostes italianos anticipan un escenario financiero complejo para cualquier nuevo socio que quiera incorporarse al proyecto.
Autonomía estratégica frente a dependencia exterior
Tanto el FCAS como el Tempest persiguen un objetivo común: sustituir a medio plazo aeronaves como el Eurofighter Typhoon y reducir la dependencia europea de plataformas estadounidenses. Este factor es clave para países como España, que buscan mantener capacidades industriales propias en el ámbito aeroespacial militar.
El debate se ha intensificado tras la decisión del Gobierno español de descartar la compra de cazas F-35B para sustituir a los Harrier de la Armada, lo que deja a la aviación naval sin una solución clara a corto plazo.
Un calendario ajustado y decisiones urgentes
Los programas de sexta generación están diseñados para entrar en servicio a partir de la década de 2030. Sin embargo, los retrasos acumulados y los incrementos presupuestarios obligan a los gobiernos a tomar decisiones con antelación para evitar vacíos operativos.
En este contexto, el aumento del coste del Tempest se convierte en un factor determinante para España. El país observa con atención cómo evoluciona el GCAP, consciente de que cualquier paso en falso puede condicionar durante décadas su capacidad aérea y su peso industrial en Europa.
El Tempest, concebido como símbolo de la nueva aviación de combate europea, afronta así su primera gran prueba política y presupuestaria, justo cuando España necesita respuestas claras para definir su futuro militar.