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Gritad, gritad, malditos

Abc.es 
Las denuncias contra Julio Iglesias (recientemente archivadas por la Fiscalía) han seguido el itinerario habitual de nuestro tiempo: del testimonio tardío al titular ambiguo, del titular al debate simplificado y de ahí al linchamiento simbólico . No ha hecho falta investigación ni sentencia. Ha bastado el ruido: ese murmullo persistente que convierte la sospecha en verdad emocional y la repetición en prueba. Más allá del nombre propio, lo relevante es el mecanismo. No se lincha solo a una figura pública, sino a una idea incómoda: que la verdad exige tiempo, método y un lenguaje preciso. En un ecosistema alimentado por la indignación inmediata, pedir pruebas o matices se ha vuelto casi subversivo. Los testimonios no contrastados se tratan como sentencias... Ver Más

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