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No estamos seguros

Abc.es 
En una vía ferroviaria, las exigencias en la calidad de los materiales y las tolerancias geométricas crecen exponencialmente conforme aumenta la velocidad de los trenes en circulación. Se considera alta velocidad la superior a 230 km/h, pero por encima de 180 dicen los expertos que hay que ir con mucho cuidado. El acero de raíles, pernos, soldaduras, traviesas y balastos empleados han de ser fabricados bajo unas estrictas especificaciones técnicas, certificadas y comprobadas, como la construcción y el tendido de la vía. Las enormes cargas dinámicas que implica la alta velocidad así lo exigen. La pérdida de las tolerancias durante el funcionamiento del sistema puede someter a los materiales a un estrés y una fatiga excesivos, provocando fallos inesperados, por lo que la vigilancia y el mantenimiento son críticos. Para ello se suelen emplear máquinas rodantes que comprueban metro a metro, mediante un sistema de chequeo ultrasónico, el estado estructural del raíl y sus sujeciones, detectando cualquier mínima fisura y comprobando que la configuración geométrica permanezca dentro de las tolerancias exigidas. Aquí, al parecer, las pocas máquinas diseñadas a tal fin, e imprescindibles, están fuera de uso o al mínimo rendimiento, sin que nadie haya dado la voz de alarma debido a la dejadez y la desidia de los responsables de Adif. O lo que es peor: si esta alerta se hubiera producido, los que tenían que haber dado las órdenes inmediatas de bajar la velocidad de los trenes, y por motivos políticos, se hubieran negado. Las vías siguen siendo las que había, y en las mismas condiciones que antes del desastre. Por lo tanto, o la tragedia la achacamos a un accidente fortuito, producto del azar, y no por culpa del estado de las vías, o si lo consideramos un acto criminal por dejación manifiesta e irresponsable del mantenimiento deberíamos exigir la inmediata bajada drástica de la velocidad con que circulan los trenes, ya que si la opinión pública y la oposición política están pidiendo responsabilidades por un mantenimiento de la red criminal y culposo, consecuentemente también deberían demandar por las mismas razones la drástica rebaja de velocidad, porque hoy los trenes tienen las mismas probabilidades de descarrilar y estrellarse que los accidentados. Manuel Soriano Nieto. Valencia Al final, todo el mundo hace la misma pregunta: ¿el raíl era nuevo o no era nuevo? En principio, hemos de creer que nuestro Gobierno no miente, toda vez que el ministro competente, avalado por el presidente doctor Pedro Sánchez, ha dado la cara como nadie, asegurando que el raíl era nuevo. La primera y esencial pregunta ya tiene respuesta: el raíl era nuevo. Recuerdo un episodio del programa televisivo de Chicote en un restaurante, famoso por su fabada asturiana, cuyo dueño, a la pregunta de Chicote –«¿No será de lata?»–, dio la cara y le espetó: «Sí, la fabada es de lata, pero a la gente le chifla». José Luis Gardón. Madrid

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