Groenlandia: una ineludible negociación
La complejidad y el riesgo del ataque ordenado por Trump contra Venezuela, para capturar a Nicolás Maduro y su esposa, acusados de narcotraficantes por el gran jurado del Distrito Sur de Nueva York el 26 de marzo de 2020, no justifica una operación de esta envergadura. Fue un objetivo de oportunidad, gracias a la información disponible de los movimientos del presidente Maduro y su sistema de protección , lo que les proporcionó la oportunidad de dar un golpe de efecto, que les permitiría alcanzar objetivos geopolíticos importantes: el control de la producción petrolífera de PDVSA, expulsar a China y Cuba de Venezuela, cortar el suministro de energía a Cuba y demostrar su capacidad tecnológica militar. La operación Resolución Absoluta fue una demostración de las posibilidades de las fuerzas armadas tecnológicamente más avanzadas y de la capacidad de su comandante en jefe para tomar decisiones arriesgadas, incluso saltándose las leyes internacionales que puedan limitar su libertad de acción. Todo está recogido en su Estrategia de Seguridad Nacional 2025. La operación se basó en el concepto de operaciones rápidas y decisivas, que el coronel Ullman expuso en su libro 'Conmoción y pavor'. Una operación en profundidad compleja que es, ante todo, una demostración de las vulnerabilidades de cualquier país que se oponga a la firme voluntad del presidente Trump , al que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones arriesgadas. La operación ha paralizado al Gobierno venezolano, que ha aceptado su subordinación a las directrices estadounidenses. Pero además, Trump pretende hacer más creíble sus amenazas contra México o Groenlandia. Clausewitz decía que todo conflicto es una «dialéctica de voluntades» donde la fortaleza de cada contendiente se basa en sus capacidades y su narrativa para doblegar la voluntad del contrario. Trump ha demostrado tener capacidades militares y exacerba su narrativa para presionar a su oponente. Lo ha demostrado con los anuncios de grandes aranceles que luego se rebajan en la negociación, pero siempre gana. Es lo que está haciendo con Dinamarca, para lograr convertir a Groenlandia en una gran base estadounidense y si, fuera posible, firmar un acuerdo de asociación. Preferiría apropiarse de Groenlandia, pero Trump sabe que eso no es posible: primero porque la gran mayoría de los estadounidenses no quieren que la tome por la fuerza; en segundo lugar porque una operación militar sobre Groenlandia no sería de 40 o 60 minutos como la de Venezuela, sino un conflicto diplomático permanente con Dinamarca y Europa; en tercer lugar, la invasión incluso de forma pacífica rompería la OTAN y su liderazgo sobre los aliados, que se acercarían a China, sería el final de su influencia y el comienzo de su declive económico; en cuarto, el despliegue de tropas de países europeos allí implicaría un riesgo de enfrentamiento militar entre aliados, algo que aislaría a los EE.UU. en el mundo; y en último lugar porque lo que busca Trump en Groenlandia es adelantar su línea de lanzadores de misiles antiaéreos y nucleares como parte del sistema de la Cúpula Dorada, dificultar el uso de las rutas marítimas del deshielo a China y tener una posición más ventajosa en la extracción de los recursos del Ártico. Para lograrlo, presiona con la amenaza militar y explica la importancia de la enorme isla helada para su seguridad nacional, como forma de tener una posición ventajosa de salida en la inevitable negociación. Hasta el momento, Francia, Alemania, Suecia, Noruega, Reino Unido, Finlandia y Países Bajos se han comprometido a enviar tropas de 'reconocimiento' en apoyo de las tropas danesas. Este tipo de unidades son las que se mandan a la zona de operaciones para estudiar el terreno y facilitar la llegada del grueso de las unidades militares que van a llevar a cabo la operación. Con este gesto Europa trata de desmontar el argumento de Trump de que Groenlandia no está defendida frente a Rusia o China y a la vez pone de manifiesto que una operación militar estadounidense implicaría el riesgo de enfrentamiento entre aliados, que romperían cualquier tipo de relación militar, económica, comercial, tecnológica, etc. Para Trump, el uso de la base aérea de Pituffik (antes Thule Air Base) es insuficiente. Actualmente tiene unos doscientos efectivos que mantienen una parte importante del sistema de alerta temprana de misiles balísticos, clave para detectar los lanzamientos desde Rusia. También cuenta con un radar de vigilancia espacial y seguimiento de satélites, instalaciones del Space Surveillance Network, así como la infraestructura logística ártica para el apoyo a vuelos militares y científicos en el Ártico. Esta base se rige por el Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951, modificado en 2004. EE.UU. necesita desplegar en Groenlandia misiles convencionales y con cabeza nuclear para disuadir a Rusia, que no es una amenaza convencional porque sus carros de combate nunca llegaran a Washington, pero sí es una amenaza nuclear, cuyo escenario inicial es el Ártico. Putin ha desarrollado misiles hipersónicos capaces de acortar los tiempos de vuelo, poniendo en peligro la respuesta americana en tiempo útil. EE.UU. precisa adelantar su despliegue de misiles a Groenlandia y acortar los tiempos de respuesta para hacer creíble su disuasión. Otro interés estadounidense por la isla es el control de las dos rutas marítimas que se abren en la época de deshielo y que son aprovechadas por China para acortar sus cadenas de aprovisionamiento a la costa este de Iberoamérica y a Europa. Rutas controladas por Rusia gracias a sus 57 rompehielos frente a EE.UU., que solo tiene dos. El incremento de rompehielos requiere una base naval en Groenlandia y evitar que China controle puntos de abastecimiento en Groenlandia mediante la compra de instalaciones y empresas. Por último, está el interés por los recursos casi vírgenes de Groenlandia, que tiene 25 de los 33 los minerales estratégicos para el desarrollo tecnológico. La mayor parte de estas necesidades, Washington las puede cubrir mediante acuerdos fruto de la negociación con la Alianza Atlántica, Dinamarca y Groenlandia. Trump sabe que no puede pagar el precio político que supondría una invasión militar de Groenlandia pero utiliza la inadmisible amenaza y su demostrada capacidad para tomar decisiones arriesgadas como forma de presión, frente a una Europa débil y dividida. Europa tiene que aprender a negociar con Trump. Sun Tzu decía que «si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas».