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Los centros que prometen sanar el alma: «Murió operada en una mesa de cocina sin anestesia»

Abc.es 
Operar un cáncer sobre la mesa de una cocina parece una pesadilla del pasado, pero hoy sucede en centros que prometen «sanar el alma» mientras ignoran la ciencia. La reciente decisión del Tribunal Supremo italiano sobre el caso de Roberta Repetto ha vuelto a poner el foco sobre una realidad tan silenciosa como peligrosa: el auge de estructuras que, bajo una promesa de bienestar integral, terminan cruzando líneas rojas sanitarias con consecuencias fatales. El caso de Roberta no es solo una tragedia judicial, sino una advertencia social. Esta mujer de 40 años falleció en 2020 tras someterse a la extirpación de un lunar en el centro holístico «Anidra», en la región de Liguria. Lo que debería haber sido un procedimiento médico con todas las garantías se convirtió en una negligencia atroz : el médico Paolo Oneda realizó la intervención sobre una mesa de cocina, sin anestesia y, lo más grave, sin efectuar un análisis histológico del tejido extraído. El lunar, que resultó ser un melanoma maligno , terminó en la basura. Durante dos años, mientras el cáncer se extendía por su cuerpo, el centro le sugirió que sus dolores se curarían con infusiones azucaradas, meditación y baños purificadores en el río. Cuando finalmente fue ingresada en un hospital, la metástasis era irreversible. Aunque en el plano penal Oneda fue absuelto en apelación con el argumento de que «el hecho no existe», el Tribunal Supremo italiano ha determinado ahora que deberá indemnizar a la familia por su responsabilidad civil. Una justicia parcial, como ha señalado la hermana de Roberta, Rita Repetto, pero que al menos reconoce la existencia de negligencia. La sentencia pone de relieve una verdad incómoda: el profesional tenía el deber de actuar conforme a la medicina y no podía escudarse en la supuesta voluntad de una paciente que, en realidad, desconocía la gravedad de su enfermedad. Más allá del drama personal, el caso invita a reflexionar sobre qué son realmente los centros holísticos y por qué atraen a tantas personas. Para el profano, el concepto de holismo nace de una idea noble. La palabra proviene del griego holos, que significa «todo», y defiende que el ser humano es un sistema complejo donde cuerpo, mente y emociones están interconectados. En teoría, un enfoque holístico busca que el paciente no sea solo un conjunto de síntomas, sino una persona que necesita equilibrio físico y emocional. El problema aparece cuando esta filosofía se utiliza para desplazar a la medicina científica. Muchos centros emplean un lenguaje seductor que presenta a los hospitales como entornos fríos y agresivos, ofreciendo a cambio espacios de escucha , calidez y supuesta sanación natural. No se trata de falta de cultura, sino de vulnerabilidad emocional. En situaciones de enfermedad o crisis personal, la promesa de «tomar las riendas de tu propia curación» genera una sensación de control que resulta muy atractiva. Diversos estudios europeos señalan que entre un 20% y un 30% de la población ha recurrido alguna vez a terapias alternativas o complementarias. Algunas prácticas, como la meditación o el yoga, pueden ayudar a manejar el estrés o mejorar el bienestar general. El riesgo surge cuando se presentan como sustitutas de tratamientos médicos contrastados. La investigación sobre el centro donde fue atendida Roberta reveló una dimensión aún más preocupante. Según la acusación, existía un sistema de captación de personas frágiles que derivaba en dinámicas cercanas a las sectarias. En estos entornos, el pensamiento crítico se diluye en favor de la obediencia a un líder o «gurú». Roberta llegó a entregar cerca de 60.000 euros a la organización, mientras otros residentes trabajaban en las instalaciones como camareros, cocineros o personal de limpieza, en condiciones de sometimiento. Todo ello envuelto en un discurso espiritual que prometía crecimiento personal y curación. Esta es la cara más peligrosa de la pseudociencia: una mezcla de manipulación psicológica y negligencia médica disfrazada de bienestar. En Europa, asociaciones científicas y sanitarias llevan años alertando de casos en los que pacientes abandonan tratamientos eficaces para seguir métodos alternativos que no solo no curan, sino que retrasan diagnósticos vitales. El centro Anidra fue descrito por la acusación como un entorno donde personas vulnerables eran atraídas con promesas de sanación y vida comunitaria, mientras se sugerían tisanas, meditaciones o rituales purificadores en lugar de atención hospitalaria. Aunque los responsables del centro fueron absueltos penalmente, el caso muestra hasta qué punto puede difuminarse la frontera entre bienestar, creencia y peligro. La enseñanza es clara: cuidarse de forma integral es positivo, pero nunca debe implicar rechazar la medicina basada en pruebas científicas. Un masaje puede relajar, la meditación puede ayudar a gestionar la ansiedad, pero ningún ritual sustituye una biopsia, una cirugía adecuada o un tratamiento oncológico. La historia de Roberta Repetto no es solo una tragedia judicial. Es una advertencia para una sociedad cada vez más expuesta a promesas fáciles de curación y discursos «naturales» que suenan reconfortantes. La salud no admite atajos mágicos. La prevención, la información rigurosa y la confianza en la medicina contrastada siguen siendo, hoy por hoy, las mejores herramientas para proteger la vida.

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