Guaperas sin afeitar
Pero al fin, disculpen la inmodestia, he descifrado el enigma de las arenas. Ocurrió viendo una película sobre una novela mía donde el protagonista –un cura, hay que joderse– lleva todo el rato una de esas barbas someras que ni crecen, ni menguan, ni traspasan. Que se afeitan cada día, pero para que parezca que no se afeitan. Fue entonces cuando dije eureka. Eso no es vello facial guarro, pensé, sino proclamación estética. El equivalente machote al rímel de las señoras guapas que se levantan con el ojo intacto después de una noche de pecado o de un remojón en las cataratas del Iguazú. Antes, los héroes de las pelis llevaban espada, revólver o gabardina. Hoy, para ser interesante en... Ver Más