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Víctimas, fallecidos y homenajes

Abc.es 
La noticia está ahí. Las familias de las víctimas del accidente de Adamuz han rechazado el homenaje o 'funeral laico' propuesto por el Gobierno. Ante esto conviene hacer algunas precisiones. Víctima es una persona que sufre daño, perjuicio, lesiones (sean físicas o mentales) o la muerte debido a acciones de terceros, accidentes, catástrofes o delitos. Una víctima puede estar muerta o herida, física o psicológicamente. No se debe usar 'víctima' únicamente para los fallecidos; también lo son cuantos han resultado heridos en o por el accidente. Un homenaje es un acto, o serie de ellos, en honor de alguien o de algo, como demostración de respeto o admiración. Por eso, 'homenajear' a quienes han perdido la vida en el accidente ferroviario no es lo más adecuado: no son héroes, no se han sacrificado o dado su vida por alguien o por algo noble, no han muerto en 'acto de servicio' a la comunidad o a la Patria. ¡Son víctimas inocentes!, que han tenido la mala suerte de viajar en esos trenes. Homenajes y aplausos a quien los merezca, como por ejemplo a los miembros de los equipos de rescate y a la población del pueblo que se volcó con los afectados por el accidente. Los familiares y allegados no quieren que se homenajee a sus muertos; lo que quieren, lo que mayoritariamente reclaman, es justicia. Si han rechazado el homenaje o 'funeral laico' propuesto por el Gobierno es principalmente por dos razones. Existe un malestar hacia las autoridades, principalmente a las estatales, a las que algunos consideran responsables de una presunta negligencia criminal en la tragedia. No quieren participar en un acto institucional junto a quienes consideran culpables. Consideran que un acto laico no respeta sus creencias ni sus tradiciones y que lo que procede es un funeral cristiano y religioso, similar al ya celebrado en Adamuz. Los creyentes, seguramente la mayoría, en una región y un país de arraigada tradición católica, ante unas pérdidas como las sufridas, buscan el consuelo de que 'la muerte no es el final' en la religión, en las oraciones y responsos por sus almas, pareciéndoles mucho más adecuado un solemne funeral en una Catedral que un frío homenaje laico. Las autoridades harían bien en conocer algo que los viejos militares, por experiencia, sabemos muy bien. Hay un conjunto de etapas ante la muerte: negación, ira, negociación y aceptación. Las familias y allegados, lógicamente, por el tiempo transcurrido, están en las dos primeras. «El dolor compartido es dolor dividido y la alegría compartida es alegría multiplicada». Esto está en la esencia de la condición humana. Históricamente, los humanos nos hemos juntado siempre para compartir y dividir el sufrimiento, la pena y el dolor, desmenuzándolos en trozos 'manejables', compartiendo recuerdos, recibiendo acompañamiento sincero, buscando consuelo o refugio en la fe y la oración en velatorios y funerales, llorando la pérdida con intensidad para poder sobrellevarla y continuar con nuestras vidas. Descansen en paz. Félix E. García Cortijo. Coronel de Infantería DEM (R).

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