Los VTC hacen su agosto ante el caos y la incertidumbre en los intercambiadores de Madrid por la nevada
En el centro de Madrid apenas quedan resquicios de la nieve caída durante unos minutos, tan solo en algunos vehículos que circulan por la carretera. En Moncloa la llovizna no ha dejado a los copos aposentarse, pero en el intercambiador todavía se nota su presencia. A las once de la mañana, en la entrada, varias personas se preguntaban cómo volver a sus hogares con los autobuses cancelados por la nieve acumulada en las carreteras. «Estoy buscando un Uber para volver a casa pero tienen mucha demanda, así que estoy preguntando a gente que vaya hacia Pozuelo y me pueda llevar», contaba una estudiante que se acercaba a otros jóvenes tratando de encontrar una vía para llegar a casa. En el interior del intercambiador, largas filas de personas se acumulan para tratar de esperar a un autobús que no saben cuándo llegará, aunque los servicios ya se están reestableciendo. Mientras, un operario atiende las dudas de los que continuamente se acercan a él para preguntar sobre la situación, pero apenas puede ofrecerles una respuesta al margen de informar de qué autobuses no están circulando y que, cuando se sepa algo, se comunicará por una megafonía que no ha cesado de sonar en toda la mañana. La imposibilidad de moverse y la falta de indicaciones claras ha provocado que algunos pasajeros mostrasen su enfado, mientras que otros han aprovechado el momento para charlar entre ellos sin siquiera conocerse, tratando de amenizar el rato de espera. Las largas colas, que todavía permanece, llegaban hasta la planta de abajo, y el tiempo de espera ha provocado que los pasajeros se sentasen en el suelo. Son muchos los que hablan por teléfono para comunicar su situación a familiares y conocidos, como una señora que cuenta a su interlocutor que su hija lleva parada tres horas. Por la mañana, a pesar de los avisos de nieve, no esperaban esto. «Salí y no nevaba mucho, pero en mitad de la carretera empezó a nevar más. Al bajarme en Madrid me dijeron que no había buses a la Sierra hasta nuevo aviso», cuenta Angie. Diego, un joven al que acaba de conocer y con el que charla animadamente, recalca que los servicios no les dan respuestas. Como él, son muchos los estudiantes a quienes el temporal ha sorprendido en las aulas. Quienes desayunaban en la cafetería de la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense no han dudado en salir, cubiertos con paraguas y capuchas, para inmortalizar el momento. «Como siga nevando, tiene pinta de que va a cuajar», comentaba uno de los profesores que, a cada rato, actualizaba a los alumnos sobre el caer de la nieve que se veía por la ventana, situada a sus espaldas. «He tenido suerte porque cuando he salido de mi casa estaba solamente lloviendo, pero cuando estaba por el BUS VAO de la A-6 ya se veía todo nevado», cuenta Chema, que, en cuanto ha terminado la clase, ha salido con sus compañeros a tirarse las pequeñas bolas de nieve que podían formarse con lo poco cuajado. Algunos estudiantes, sin embargo, no han podido acudir a clase. «No había ni llegado al tren y me han mandado un correo de que se cancelaban las clases porque mi universidad estaba nevada», cuenta Marta, alumna de la Universidad Autónoma, a este periódico. Mario, vecino de San Lorenzo de El Escorial, no ha podido salir de su casa por la nieve. «Como las carreteras están llenas de nieve y no ha pasado el quitanieves, había calles que tenían placas de hielo encima y mucha gente no podía ni siquiera sacar los coches. Han tenido que recurrir a buses, pero iban con retrasos y llenos», asegura. A pocos minutos de que el reloj marque la una, parte de los servicios de autobús del Intercambiador de Moncloa se han reestablecido, aunque tendrán que pasar varios autobuses para llevar a su destino a toda la gente que durante la mañana ha permanecido en una atenta espera.