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Manual presidencial para lograr inversión

La presidenta, dicen, tiene prisa de que caiga la inversión. A Claudia Sheinbaum, nos juran, le urge que se recupere el impulso económico. A eso se deben, sostienen, las reuniones de estos días en Palacio con economistas y con banqueros. Buenas señales, pero ¿productivas?

A pesar de que una lectora días atrás me dijo “ni creas que la presidenta te lee”, es decir, resignado a que no tomaré cafecito en las sesudas reuniones en donde se explorará por qué las empresas nacionales no ponen más quintos a producir, aquí va mi manual.

Suspenda la reforma electoral. La nación necesita una sola prioridad. Esa es crecer; no nos meta en un berenjenal de pros y contras de algo que es harto sensible para todos. La certidumbre también se crea dejando que un año, al menos, no haya sacudidas transformadoras.

Compacte las mañaneras a un tema, el que la Presidencia quiera destacar, y a otra cosa mariposa. Dicen que tienen popularidad y que el pueblo les cree, pero cada día el régimen termina hablando de lo que la prensa queremos. No se puede repicar y andar en la procesión.

Mejore sus interlocutores matutinos. Visto está que entre los que también le imponen agenda son sus malquerientes de dentro del movimiento. Vale. Si necesita paleros, elija a los menos peorcitos. Que no le resten nivel, presidenta, con esos inventados.

Ponga dinero donde pone su discurso. ¿No quiere, presidenta, ir a Davos? De perdida mande una delegación potente y con autoridad. Enviar a quien ni trabaja en el gobierno, Altagracia Gómez, y a la secretaria del Medio Ambiente no es la mejor carta. Y lo mismo aplica con el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, de la CAF, que inició ayer en Panamá. México no pinta, no figura. Es más, para usar el lenguaje de moda, no llega ni a menú. No se pueden generar olas de inversión sin al mismo tiempo desembarcar en cuanto encuentro o simposio de la materia se lleve a cabo y monopolizar la atención.

Unifique el discurso. Si Morena quería un Poder Judicial, ahora se hace cargo de que no haga cortocircuito cada rato aumentando la alta tensión política que genera incertidumbre. Va un caso concreto: ayer, en un evidente intento de control de daños por las Cherokees, dos ministros de la Corte dieron entrevistas. El presidente de la Suprema, Hugo Aguilar, a EL FINANCIERO; la ministra Lenia Batres a El Universal. ¿El problema? El primero dice que todo tranquilo, la segunda aboga para que lo de la cosa juzgada todavía pueda ser revisada en algunos casos. Iban a tranquilizar y meten nuevos calambres. Así cómo.

No se pelee con la prensa. O no siempre. O no con toda. Porque la realidad no es subjetiva. Si la prensa dice que en su sexenio hay récord de envío de petróleo a Cuba, y muestran cifras, una de tres: O diga que sí, y punto; o no diga nada, y punto; o utilice a alguno de sus fusibles, esos que campechanamente cada mañanita desde su casa o desde el despacho ven cómo la jefa tiene que ir y tratar de sacar del fuego todas, pero todas todas, las papas calientes. ¿Los secretarios? Tomando cafecito y donas mientras la mandataria hace malabares y queda mal para justificar una imagen de un criminal que la televisión canadiense dijo que es fake.

Pida estudios, no selfies. ¿Ya sabe el gobierno de qué se murieron todas las empresas que dejaron de existir el año pasado? Más que fotos con empresarios, datos sobre empresas. Y decisiones al respecto.

Y finalmente: combata la corrupción. Nadie va a meter dinero si ve que los amigos de la familia de YSQ son felices en sus negocios descarriladores mientras que a los demás el SAT y la UIF los trae a toallazos.

De nada, presidenta. Buen día.

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