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El metanol encuentra el billete industrial para sumarse al viaje sostenible del transporte

Abc.es 
Un batallón de avanzados combustibles sostenibles está llamando a las puertas de la futura economía descarbonizada. Y entre todos, el metanol verde se postula como candidato para hacer más limpio el transporte marítimo, la aviación e incluso la industria química, sectores donde va a ser difícil reducir su huella de carbono ya que la electrificación no es una opción viable. Desde luego que este alcohol de síntesis ha despertado gran interés entre las empresas pues están anunciando inversiones y alianzas para construir plantas de producción por todo el planeta, y también en España. De hecho, con fecha de noviembre de 2025, el Instituto del Metanol (MI), una asociación comercial de la industria global del metanol, contabilizaba 252 proyectos para producir su versión renovable a nivel mundial, con una capacidad total de 45,1 millones de toneladas para 2030. Las plantas que existen hoy se cuentan con los dedos de una mano: en julio del año pasado la empresa china Shanghai Electric inauguró la primera de su país en Taonan. Pocos meses antes, en mayo, comenzaba a operar la primera del mundo a escala comercial en Kassø (Dinamarca), desarrollada por European Energy y Mitsui & Co. La segunda naviera más grande del mundo, la danesa Maersk, es una de las empresas más activas en el desarrollo del metanol renovable. Tiene en operación 19 buques duales que pueden funcionar con este combustible y con los convencionales. Incluso la compañía ha creado una filial dedicada exclusivamente a la producción de este compuesto químico, C2X. Y se ha asociado con energéticas para desarrollar plantas de producción, como la que proyecta junto a Moeve en el puerto de Huelva, que aspira a ser la mayor fábrica de metanol renovable de Europa. También Repsol se ha sumado a esta carrera y ha aprobado una inversión de 800 millones de euros para una Ecoplanta en Tarragona que generará biometanol a gran escala. Iberdrola junto a Foresa impulsan el proyecto Green Meiga en Galicia para producir e-metanol. Encontramos la iniciativa Nascar de la empresa Cetaer Hub que junto con Técnicas Reunidas quieren construir una de estas fabricas en el desierto almerienses. Precisamente, Técnicas Reunidas también está involucrada junto a Reolum en otra instalación de este tipo en La Robla (León). El interés por fabricar metanol verde no se ha despertado de la noche a la mañana, sino que ha venido impulsado por una batería de regulaciones que llegan desde Bruselas. Por ejemplo, la Directiva de Energías Renovables (RED III) obliga a que el 29% de toda la energía del transporte sea sostenible en 2030 y que, al menos, el 5,5% provenga exclusivamente de biocombustibles (obtenidos de biomasa) o de los conocidos combustibles de origen no biológico (Rfnbo, por sus siglas en inglés). También el Reglamento FuelEU Maritime pretende aumentar la utilización de estas soluciones en el sector marítimo y obliga a los buques a reducir gradualmente en el tiempo sus gases de efecto invernadero a bordo hasta alcanzar el 80% en 2050. Para llegar a esa meta, menciona precisamente los carburantes Rfnbo por su elevado potencial de descarbonización. Y en nuestro país, mientras se ultima la trasposición de la directiva RED III (vamos con retraso), un reciente cambio en el real decreto de fomento de los biocarburantes ha elevado del 12 al 14% la cuota obligatoria de estos combustibles en el transporte para 2026. Para cumplir esos objetivos se necesitará metanol verde. De echo, y según la Agencia Internacional de la Energía Renovable (Irena), la producción de este compuesto químico puede aumentar de los 100-115 millones de toneladas anuales de hoy día a 500 millones en 2050 gracias a todas estas nuevas aplicaciones y metas por cumplir. Existen dos formas de producirlo: se denomina biometanol (y sería un biocombustible) cuando se consigue a partir de biomasa, es decir a partir de residuos y subproductos forestales, agrícolas, de aguas residuales... Y sería e-metanol (entonces considerado un combustible de origen no biológico, Rfnbo) cuando se obtiene de hidrógeno verde (generado por la electrólisis del agua con energía renovable) más dióxido de carbono (CO2) capturado, bien de procesos industriales o de la atmósfera (más sostenible). Pues bien, el metanol renovable es muy prometedor para descarbonizar el transporte marítimo. «Destaca como un combustible alternativo directo, capaz de reducir emisiones de forma significativa. Su densidad energética volumétrica, superior a la de otros derivados del hidrógeno, y su capacidad para almacenarse en estado líquido a temperatura y presión ambiente, facilitan su adopción a gran escala. Además, la infraestructura de almacenamiento y bunkering ya existe en la mayoría de los principales puertos —88 de los 100 más importantes a nivel mundial cuentan con instalaciones disponibles— lo que está acelerando la inversión y la demanda. Entre un 3% y un 26% de la flota global podría operar con metanol en 2050. Además, ya hay un desarrollo normativo internacional que regula su uso como combustible marino», defiende Carlos Aguilera, Head of Commercial Development & Customer Solutions-Decarbonization Program en Moeve. Su otra aplicación sería para aviación, aunque no puede utilizarse directamente. «El metanol renovable se emplearía para producir SAF (Combustible de Aviación Sostenible), que sí es compatible con los motores actuales», sostiene Yann Dumon, CEO de Reolum, empresa especializada en soluciones de transición energética. Este sector también tiene unos objetivos de descarbonización que cumplir. Según el Reglamento RefuelEU Aviation, los proveedores de carburantes deben garantizar que la mezcla de combustible disponible para los operadores aéreos europeos contenga un 70% de SAF en 2050. En la industria química, el metanol renovable también tendría recorrido. «Va a sustituir al metanol gris que se usa en diversos productos, como el plástico, porque tiene penalizaciones muy elevadas de CO2», afirma Antonio Manuel Romerosa, director de la Cátedra Green Methanol de la Universidad de Almería, una iniciativa para la investigación, desarrollo e innovación en combustibles renovables de origen no biológico. Hoy la versión fósil de este compuesto químico se utiliza además en pintura, disolvente, resina, materiales de construcción y como aditivo en gasoil y gasolina por su capacidad para mejorar el rendimiento del motor. «El 85% de la producción de metanol mundial se usa en la industria química para elaborar productos intermedios como formol, resinas, pegamentos... y el 15% como aditivo para combustibles. Todo el metanol que consumimos en Europa lo importamos», asegura Yann Dumon. Aún con tan prometedor futuro, el metanol verde todavía plantea retos. Es una tecnología madura, pero aún no se ha escalado a nivel comercial. Además, «entre el 72 y 78% del coste de este alcohol de síntesis es la electricidad y esto complica las inversiones», asegura Antonio Manuel Romerosa. Lo que puede significar una oportunidad para nuestro país ya que nuestra energía renovable es más barata y lideramos grandes proyectos para producir una de las materias primas necesarias para fabricar metanol renovable como es el hidrógeno verde. De momento, por su precio no puede competir con el metanol gris (a partir de gas natural) que hoy se consume. «Cuesta unos 400 euros la tonelada y el e-metanol puede ser cinco veces más elevado», dice Diego García, director de Operaciones de Cetaer Hub. «El problema es que hay que empezar a fabricarlo. Con ayudas y la estrategia correspondiente se escalará a nivel industrial y será más competitivo», cree Romerosa. Y en eso están empresas como Moeve que dentro del ambicioso plan de levantar el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, tiene la intención, en colaboración con C2X (filial de la naviera Maersk), de construir una planta de metanol renovable en el puerto de Huelva. «Moeve creemos que el metanol renovable está llamado a jugar un papel muy relevante en la descarbonización del sector industrial, en especial del químico, y también en el del transporte marino», estima Carlos Aguilera. Y la gran compañía energética debe estar convencida, porque esta instalación pretende ser una de las cinco mayores del mundo en su género. Necesitará una inversión de mil millones de euros y producirá 300.000 toneladas al año, pudiendo llegar a las 380.000. El proyecto La Robla Green, que se llevará a cabo en la zona de transición justa de La Robla (León) donde antes existía una explotación minera y una central térmica, es el buque insignia de la empresa Reolum. Realmente este plan cuenta con cuatro instalaciones: una planta de cogeneración de biomasa, una central de captura de CO2 y una planta de hidrógeno verde que suministrará a la de e-metanol. «Será una fábrica pequeña que producirá unas 140.00 toneladas al año. Para ello utilizaremos el 50% del CO2 capturado. Con el 50% restante hemos creado otro proyecto: llevar el CO2 por una tubería hasta un polígono de una localidad cercana Villadangos del Páramo donde instalaremos una planta de hidrógeno y otra de e-metanol, que producirá lo mismo que la de La Roba», cuenta Yann Dumont. En este plan está también implicada Técnicas Reunidas. En pleno desierto de Tabernas (Almería), donde existe un gran recurso renovable, se desarrollará el proyecto Nascar de la mano de Cetaer Hub que también cuenta con Técnicas Reunidas como socio. En esta ocasión producirá en una primera fase 58.000 toneladas de e-metanol. «Es lo que consume un buque durante un año. Empezamos por una planta modular que irá creciendo en producción y eficiencia, a medida que también lo vayan haciendo los electrolizadores y todo el proceso de obtención del metanol. La idea es estar operativos en 2028. Y tenemos pensado ampliaciones en otras localidades, porque el metanol verde va a ser el futuro», Asegura Diego García. O por lo menos, sobresale, entre todos los combustibles avanzados, como un firme candidato para descarbonizar el transporte marítimo, la aviación y la industria química.

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