El metabosque de Ernesto Crespo
Es difícil sorprenderse al visitar una exposición de pintura; incluso cuando se trata de la denominada 'expandida', acaba siendo predecible. Por eso es tan gratificante visitar la individual del cubano Ernesto Crespo en el reciente espacio de Lariot Collective, que ha construido un dispositivo escenográfico pictórico por capas para adentrar al espectador en un bosque. Un paisaje protector, de nadie y de todos, con animales que descubrimos y nos descubren a la vez. Un ciervo, «el que advierte»; un búho, «el que observa»; un pájaro, «el que comunica», y un zorro, «el que comprende». Al llegar al final del camino, una tienda de campaña parece real, pero es pintada y simula estar entreabierta. ¿Qué habrá dentro? Lo averiguamos al girar a la izquierda: una enfermera vendando un árbol de cuyo tronco emana luz sanadora. El cuadro es magnético y vuelve a imbuirnos en la fantasía, pero solo hasta que nos enfrentamos a la obra final, 'El campamento', que revela la maqueta y la tramoya general. La floresta es una suerte de teatro, y la enfermera, su directora de escena. El bosque dentro del bosque. Al salir por donde hemos entrado, el desmantelamiento continúa: los telones, antes llenos de follaje, por detrás son de un verde neutro, militar. La referencia no es casual, remite veladamente al contexto militarizado cubano y al vínculo del creador que, durante años, pintó telas de camuflaje para ocultar estructuras militares. Como él, al transitar el paisaje, cada visitante rememora su propio bosque y termina de configurarlo en su mente al abandonar la sala.