Alberto Conejero: «Lo más trágico está ligado a momentos cómicos, y lo sublime a lo ridículo»
Penélope, Elena y Ariadna son tres hermanas; tienen algo más de cuarenta años la menor y algo menos de sesenta la mayor. Las tres se reúnen en la isla griega de Ítaca tras la muerte de su madre, Alicia, una profesora de griego clásico que años atrás decidió abandonarlo todo y establecerse allí. Este es el planteamiento de ' Tres noches en Ítaca ', una obra de Alberto Conejero -«he vuelto a recaer en Grecia», bromea- que, con dirección de María Goiricelaya , se estrena la semana que viene en Nave 10 Matadero interpretada por Cecilia Freire , Marta Nieto y Amaia Lizarralde . La fascinación de Alberto Conejero por Grecia y por su cultura viene de lejos y ha salpicado buena parte de su producción literaria: ' Odisea ', para La Joven; ' Troyanas ', para Carme Portaceli , estrenada en el Festival de Mérida; ' Electra ', un guion para el Ballet Nacional de España; o el monólogo 'En mitad de tanto fuego'... La diferencia es que 'Tres noches en Ítaca' habla del aquí y del ahora. «Yo venía de textos de memoria, a veces con miradas al pasado, pero en esta obra estoy mirando más de cerca nuestro presente, porque Ítaca es un observatorio; es un lugar donde coinciden mito y realidad, pero es Ítaca ahora y nosotros ahora». En el origen de la obra hay dos disparadores, revela el dramaturgo. «El primer origen del texto está en unas clases de griego clásico en un instituto que impartía una profesora llamada Alicia (como la madre de las tres protagonistas). Éramos cinco o seis en esa clase y el primer día nos preguntó, si sabíamos cómo reconoció la nodriza a Odiseo cuando regresó de su viaje -lo reconoció por una cicatriz característica en la pierna-. No teníamos ni idea, así que aquella profesora entró en cólera y nos tiró un borrador -lo he recogido en la función-. Pensábamos que esa mujer era una excéntrica, pero al acabar el curso nos dimos cuenta de que era la más cuerda de todos nosotros y que estaba intentando que tuviéramos mayores horizontes de imaginación, y que ese legado nos perteneciera, no solo desde un punto de vista académico sino como un reservorio de lugar». A esta profesora le ha querido dedicar Conejero esta «carta de amor» que tiene una razón de ser más inmediata, y que está relacionado con la edad -tiene 47 años- y la ley de vida, «con asistir a a la desaparición de gente muy cercana y muy amada, y también por asomarme a la propia vejez de mis padres y, por tanto, a todas las cuentas pendientes». Y por primera vez, reconoce el dramaturgo, «he intentado que mi obra tuviera también humor , no como una estrategia evasiva o escapista, sino como una herramienta de nuestra inteligencia para poder afrontar situaciones complicadísimas y porque todos sabemos que lo más trágico está ligado a momentos cómicos, y lo sublime a lo ridículo». Tres hermanas y un lugar de 'peregrinaje'... Es algo que remite directamente a Chéjov y a sus ' Tres hermanas ', con su obsesión por Moscú... «Chéjov es inevitable... Sí, en esta obra está su fantasma... Estas tres hermanas dejan sus casas, dejan esa fuerza terrible de la costumbre y son capaces de ir a Ítaca para recomenzar... La diferencia es que las protagonistas de Chéjov no van a Moscú y mis protagonistas sí van a Ítaca». Aun así, el dramaturgo de Vilches (Jaén) asegura que su intención ha sido estar más cerca de Billy Wilder que de Chéjov. «Mi diálogo ha sido más con las comedias... Esa ha sido mi pretensión, en esta obra he ido braceando contra la melancolía y tratando de recuperar, en tiempos duros y despiadados en los que tenemos miedo, una obra ahora más popular . 'Tres noches en Ítaca' tiene la pretensión de encontrarse con un público más amplio y entregar algo de luz y bondad, no como una cuestión ingenua, sino una bondad y una alegría militantes». De la puesta en escena se ha encargado María Goiricelaya , una de las voces más atractivas y sugerentes de la dirección escénica española actual. Ella y Conejero fantaseaban hace tiempo con la idea de trabajar juntos. Califica el texto como «delicado». «A mí -sigue- me toca especialmente por este momento vital al que nos asomamos a esta edad; 'Tres noches en Ítaca resuena mucho en mi porque concibo la vida como un continuo aprendizaje y un continuo camino, como un viaje hacia ningún lugar. Es verdad que todo el mundo espera, como en la 'Odisea', llegar a ese destino, pero yo sin embargo espero caminar todo el tiempo porque cada vez tengo más certezas de que no sé nada y de que mi única ansiedad en la vida es seguir aprendiendo de forma constante». La obra, continúa la directora, «tiene que ver con la familia, con las cuentas pendientes, con los duelos, con el perdón , con el conocimiento de nuestros padres más allá de ese tótem con el que nos hemos criado; hay algo muy hermoso en ver quiénes son esas personas cuando se quitan ese traje de madre y de padre, y qué queda de ellas. También habla la función de ver cómo sobrevivimos o qué pasa cuando estas figuras desaparecen y el suelo deja de existir bajo nuestros pies». Y es que, asevera Alberto Conejero, «otro de los asuntos de la función es la edad. 'Ítaca' habla de siempre estamos a tiempo de renacer en un cuerpo más viejo. Las tres protagonistas son mujeres en su madurez , que están atravesando ya el Ecuador de la vida, y la obra habla del derecho a mover la proa del barco hacia destinos imprevistos, y más en el caso de de los personajes femeninos, que tienen aranceles que tienen que ver con el edadismo, que tienen que ver con cómo se habita la maternidad, con el derecho de los padres a independizarse de los hijos a cierta edad... Ahí está Alicia y su derecho a aparecer no como una madre sino como una mujer con sus entusiasmos, sus heridas, sus contradicciones...»