Uso de melatonina no es inofensivo y puede implicar riesgos a largo plazo
La melatonina es una hormona que regula el ciclo de sueño y vigilia. Sus niveles en la sangre aumentan durante la noche. Diversas investigaciones señalaron que los suplementos de melatonina podrían ayudar en algunos trastornos del sueño, como la fase de sueño retrasada, además de aliviar en forma limitada el insomnio y el desfase horario, según explicó la Clínica Mayo.
En términos generales, el uso de melatonina se consideró seguro a corto plazo. A diferencia de muchos medicamentos para dormir, esta sustancia no suele generar dependencia, ni pérdida de efecto con el uso repetido, ni sensación de resaca al día siguiente.
Sin embargo, el consumo no está exento de efectos secundarios. Entre los más comunes se encuentran el dolor de cabeza, los mareos, las náuseas y la somnolencia durante el día.
También se reportaron reacciones menos frecuentes, como sueños vívidos o pesadillas, depresión de corta duración, irritabilidad y calambres estomacales. Otros efectos descritos incluyen diarrea, estreñimiento, disminución del apetito e incontinencia urinaria nocturna.
Algunos estudios asociaron la melatonina con un mayor riesgo de caídas, un aumento en la probabilidad de convulsiones y episodios de confusión o desorientación. También se documentaron cambios de humor y una reducción en la lucidez.
Debido a que la melatonina provoca somnolencia, se recomienda no conducir ni utilizar maquinaria durante al menos cinco horas después de su consumo.
Según la clínica, otro aspecto relevante es la interacción con medicamentos. Los suplementos de melatonina pueden interferir con anticoagulantes, fármacos para prevenir convulsiones, anticonceptivos, medicamentos para la hipertensión arterial y tratamientos para la diabetes.
También se reportaron interacciones con medicamentos que inhiben el sistema inmunitario, conocidos como inmunosupresores, y con fármacos que se metabolizan en el hígado.
Antes de iniciar el consumo de melatonina, los especialistas previamente citados aconsejan consultar al proveedor de atención médica, en especial si usted padece alguna enfermedad o utiliza otros medicamentos.
Su uso requiere acompañamiento de hábitos de vida saludables. Estas medidas incluyen una alimentación balanceada, actividad física diaria, prácticas de mente y cuerpo, una adecuada higiene del sueño, así como la conexión social y la espiritualidad, factores que contribuyen a una mejor salud integral.