Las familias del accidente reconocen al pueblo de Adamuz: «Pusieron todo para hacer que ese duro momento doliera un poco menos»
Las familias de los fallecidos en el trágico accidente de Adamuz tomaron la palabra en el funeral para reconocer la ayuda del pueblo cordobés en una situación tan dramática. Liliana Sáenz de la Torre, que perdió en el accidente a su madre, Natividad de la Torre, expresó que la gente de Adamuz «pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días, pero sobre todo, pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos». También recordó que desde el primer momento que se produjo el accidente «sin pensar en las consecuencias no dudaron en sumirse en el caos de los hierros retorcidos, de la sangre, del dolor y de las lágrimas». Además, señaló que, acompañaron a los heridos «hasta que estuvieron seguros de que estaban a salvo. Luego nos acompañaron en nuestro lamento». «Gracias al pueblo de Adamuz, ese pequeño rincón que nunca olvidaremos y que nunca olvidará a los que nos sentimos y nos sentiremos unidos para siempre», remarcó Liliana, que en el inicio de su intervención afirmó que «cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece calmarse, queremos empezar estas palabras dando las gracias». Dio las gracias a la Diócesis de Huelva por el funeral, «el único que cabía en esta despedida», puesto que el Gobierno había propuesto un homenaje de Estado, finalmente suspendido. «La única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su madre, en su advocación cinteña», aseveró. Al hilo de la importancia de la fe en este acto, recordó que «Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo». «Gracias a los que nos acompañáis por amor, por compasión, por empatía… gracias, incluso, a los que lo hacéis por agenda», comenzó diciendo, para después ir reconociendo la labor de todos los colectivos profesionales que desde el primer momento asistieron a los afectados por el accidente. Entre ellos, estuvieron los cuerpos de seguridad y emergencias o la sanidad andaluza, «sin duda sostenida por los profesionales que la integran». Liliana, que es sanitaria, empatizó con ellos, y compartió que «yo sé lo que es volver a casa de una guardia mala y abrazar a tus hijos porque sabes que alguien ya nunca podrá volver a hacerlo con el suyo». Agregó que sabe lo que es «intentar sanar el cuerpo de alguien que tiene el alma herida de muerte… Tuvo que ser durísimo, compañeros. Gracias». Citó también al personal y voluntarios de Cruz Roja, pues «no han soltado nuestra mano en ningún momento». Han sido cura, alivio, consuelo y acompañamiento. No se olvidó la portavoz de las familias de las instituciones autonómicas, «al frente desde el minuto cero, soportando el caos y los envites de nuestra propia angustia». Criticó, no obstante, «la lentitud de la información», pues «es mejor saber que imaginar». También ensalzó a los alcaldes, como la de Huelva, Pilar Miranda, que demostraron que «hay que ser grandes como personas para poder ser grandes como servidores públicos». Expresó unas «gracias infinitas» a Huelva, su ciudad, que no dejó de arroparles «de una forma extraordinaria», haciéndoles llegar «la grandeza de su amor y su propio dolor, intentando así que el nuestro fuera un poco menos desgarrador». Liliana expuso que los días han ido pasando y que el dolor dejó paso a los recuerdos y que su corazón «aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpe continuamente en nuestra mente». En ese momento, se trasladó cuando siendo una niña pequeña, le preguntó a su madre cuánto dinero ganaba y ella le respondió que «lo justo» y que lo que quedaba en su cuenta a final de mes no era suyo, sino «de los demás», una muestra de su «generosidad», de dinero, de ganas, de tiempo y de sonrisas. La oradora dijo con énfasis que lo que perdieron el domingo 18 de enero no fue sólo una cifra, sino vagones «llenos de virtudes y defectos, triunfos y derrotas, anhelos y silencios, de esperanza». Los 45 del tren eran «nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos…», eran «la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas». «Ellos eran eso que ya nunca serán…», subrayó Liliana, que agregó que eran partes de una sociedad «tan polarizada» que empezó a resquebrajarse «hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta». Lanzó el crudo mensaje de que «somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más recordamos», los que ahora cambiarían todo el oro del mundo de este mundo «por poder mover las agujas del reloj tan sólo 20 segundos». También aseguró que lucharán por saber «la verdad» y para que no haya nunca otro tren, pero desde «la serenidad, el alivio y la paz». En la parte fina de su intervención, se acordó líricamente de la patrona de Huelva, la Virgen de la Cinta, la Virgen de la Bella, la Almudena, Remedios, la Victoria, del Carmen y Rocío, entre otras. A ellas les decían que «diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabio que nos crece» y que volverán «las sonrisas, seguiremos viviendo y este amor no morirá. Vivirá de sus recuerdos». Acabó expresando que «con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz».