Las familias golpeadas por la tragedia de Adamuz sienten el abrazo de Huelva
El abrazo del alma, el que se da con mucho más que los brazos, es el que quiso proyectar Huelva sobre los familiares de las víctimas mortales del trágico accidente de Adamuz ocurrido el pasado 18 de enero. Desde entonces se instaló en estas familias un dolor inconsolable, empujado con mucho esfuerzo día a día hasta el momento en que despidieron a sus fallecidos acompañados por más de 4.000 asistentes al funeral oficiado en el Palacio de Deportes Carolina Marín. Con su presencia quisieron empatizar con la pena de unos 300 familiares presentes, con sus pérdidas, unirse con respeto al intento de reconfortarlas y pasar el duro trago de dar una digna despedida a personas que en ausencia se sienten cerca, que fueron arrancadas de sus vidas. En un acto de fe compartido , se unieron por el eterno descanso de los fallecidos, para pedir a Cristo consuelo, fortaleza y esperanza ante el sufrimiento. El dolor es tan inexplicable como complejo. Se vive de un modo diferente bajo la piel de cada persona. Es físico y al a vez espiritual. Alberga tristeza, miedo, rabia, nostalgia y también amor, revelado en los rostros y gestos. Antes, durante y después de la ceremonia, no hicieron falta palabras brotando de la boca de los familiares para entender sus sentimientos. Había algunas personas a lágrima viva, pero la mayoría se mantuvo firme o se contuvo y se agarraban al diálogo interior dentro del silencio, se acompañaron en el trance. Había toda una escala de emociones entre un estado y otro a cada momento. Quizás en la mayoría de ellos el hecho abrir su intimidad hacia el colectivo, sentirse acompañados en su despedida, adquirió un sentido sanador, reconfortante. Los asistentes representaron una parte de la Huelva doliente, también marcada por la tragedia, que busca ser respaldo y cobijo, aliviar algo la pesada carga en una catarsis imprescindible para dar pasos en adelante. Faltaban tres horas para el inicio de la misa y los onubenses ya iban alimentando las filas a un lado y otro del Palacio de Deportes Carolina Marín . Había la expectación propia de un día importante, pero no para animar a la gran campeona de bádminton onubense. En el ambiente se palpaba el duelo, la honda tristeza instalada. Muchos sentían la responsabilidad de dar apoyo a quienes se han visto golpeados por la tragedia . «Teníamos que venir. Es muy grave lo que ha pasado», expresó una señora desde la fila, mientras que otra apuntó que «nos ponemos en el lugar de las familias y hay que darles mucho apoyo y rezar por ellas en estos momentos tan difíciles». Pocos familiares de víctimas y pasajeros que vivieron en primera persona quisieron hacer comentarios ante los medios de comunicación antes de acceder al pabellón y evitaban entrar en polémicas. Venían a cumplir y rezar. «Tenía que estar», dijo Rocío, mientras que Carmen destacó que, especialmente, había venido «a rezar». Agustín Cruzado, vicepresidente del Consejo de Hermandades de Huelva, aseguró que hay víctimas muy cercanas a la institución, como Natividad De la Torre. Opinó que «este es el funeral que tenía que ser, para todo el mundo es el ideal» y no quiso valorar el homenaje de Estado suspendido. También era amiga de De la Torre Carmen Garrido, esposa del exalcalde de Huelva, Pedro Rodríguez. Valoró que en estas circunstancias «la familia lo está llevando ejemplarmente bien. Cuando está la fe por medio se ven las cosas de otra manera». Alcaldes como el de Lepe, Adolfo Verano, saludaron afectuosamente a algunos familiares de la localidad. Además de Huelva capital, llegaron de Aljaraque, Punta Umbría, Isla Cristina, Gibraleón, Lepe, La Palma del Condado y Bollullos Par del Condado. Sobre las cinco de la tarde el auditorio estaba ya prácticamente lleno. En la zona alfombrada, en el centro del Palacio y frente al altar, los familiares esperaban en sus asientos, hablaban entre ellos y algunos saludaban a las autoridades con las que compartían este espacio destacado antes de ocupar su lugar. Poco después todo el mundo tomó asiento y comenzó, con recogimiento y respeto, el rezo del santo rosario. Cada parte se repetía por la multitud como un eco sin fin en las pobladas gradas por los asistentes, enfocados en formar una única voz en sus oraciones ante la Virgen de la Cinta. A continuación la música de órgano, inducía a ir entrando en calma, teñida de solemnidad con la llegada de los Reyes entre los sones del himno nacional y con los asistentes en pie. Luego fue el turno de los sacerdotes, a los que fue saludando con agradecimiento y cariño desde la primera fila uno de los afectados por el accidente, Luis Carlos Sáenz de la Torre, quien acudió con el brazo izquierdo en cabestrillo y un gran apósito en la frente. Perdió a su madre, Natividad de la Torre, presente en el otro lado de la primera fila ocupada por la familia con una fotografía enmarcada, plantada en el suelo mirando a la Virgen de la Cinta de la que era tan devota. También iban con ella en el tren tres de sus nietos. Dos de ellos, un niño y una niña, guardaban la compostura en su silla de ruedas, ambos con una pierna al frente, hacia los que dirigieron la mirada los Reyes, que ya los visitaron en Adamuz. La secuelas visibles en otras personas eran muletas y collarines. Las invisibles, en mayor o menor medida están en todos. En otras filas se sostenían flores y medallas. Una niña se aferraba a su madre y no dejaba de mirar a su rostros. Los ocupantes de las posiciones destacadas en el funeral miraban en su mayoría al frente con los brazos cruzados, pero también había miradas hacia la moqueta roja, ojos cerrados o abiertos a los que recurrentemente iban las manos a apartar lágrimas. Alguno tomó agua de una botella para aliviar la tensión o sacó el móvil fugazmente. Se produjo el momento más difícil para mantener el tipo cuando el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, fue nombrando los nombres de los fallecidos. Esa invocación reavivó la emoción y numerosos pañuelos tuvieron que ejercer de socorro. Tras cada nombre hay muchos recuerdos, vivencias y toda una historia cortada abruptamente. Otro momento repleto de emoción, con las voces de la Coral Polifónica de la Merced añadiendo emotividad, fue el instante de darse fraternalmente la paz. Ahí pudieron romper la postura fija tomada y fundirse en abrazos, muestras de cariño y consuelo e incluso intercalar palabras. En esos momentos se apreció cómo en la segunda fila varias personas parecían disgustadas. No habían nombrado a su familiar y la situación se enmendó por parte del obispo de Huelva. Además, otro sacerdote se acercó a ellos para tranquilizarlos. Todo volvió a la quietud brevemente, hasta que los familiares hicieron fila para recibir la eucaristía, incluso los que tenían más problemas de movilidad. En los poblados graderíos fueron lo sacerdotes los que fueron acercando la comunión a todo el que la quiso. Tras ella se extendió la calma, un elemento poderoso que tratar de habitar en estos duros momentos. Tomaron después la palabra representantes de las familia. Liliana Sáenz de la Torre, sanitaria y que perdió a su madre, Navidad, manifestó, acompañada por su hermano Fidel que «la única presidencia que queremos a nuestro lado es la de Dios» y remarcó «Andalucía es una tierra mariana». «Gracias a los que nos acompañáis por amor, compasión, empatía y a los que os hacéis por agenda», expresó. Mostró un gran agradecimiento por el pueblo de Adamuz, «que nunca olvidaremos. Se unieron al caos, la sangre y las lágrimas y nos acompañaron». También se acordó de los profesionales de la sanidad andaluza, del personal de Cruz Roja, siempre acompañando. «Tuvo que ser durísimo compañeros…», exclamó. También se acordó de los alcaldes de los diferentes pueblos y de la gente de Huelva. «Gracias por la calidez de su amor», aseguró. Compartió que «han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos y en el corazón van apareciendo sonrisas». Liliana hizo de portavoz de todos los que como ella han pedido a alguien en el trágico accidente para subrayar que «el beso que no damos es el que más recordamos» y que darían «lo que fuera» por tener de vuelta a sus seres queridos 20 segundos. Prometió lucharán, que se mantendrán firmes desde la serenidad y fue nombrando a Vírgenes que despiertan mucho fervor en Huelva, como la de la Cinta, los Remedios o el Rocío. Pidió que descanses en paz sus seres queridos y con mucha emoción se puso todo el público en pie para desplegar una gran ovación. Después, los Reyes y el obispo de Huelva se fueron acercando uno a uno, tomándose su tiempo, a los familiares para darles consuelo y cariño, agarrando firmemente sus manos, dando sentidos abrazos y besos. Alguien gritó «viva el Rey» y «viva la reina» y la multitud respondió y aplaudió. Si ya de por sí perder a alguien deja un vacío insondable, aumenta las dimensiones del dolor que sea en un accidente tan violento, tan lleno de preguntas sin respuesta. Todo es inesperado, desconcertante. La sensación de injusticia e incomprensión se agarra a la respiración, como el pensamiento circular sobre cómo hubieran sido las cosas si alguno de los elementos del suceso hubiera roto la correlación de infortunios. El rito cristiano del funeral hizo que se abriera paso la luz, el camino a una esperanza en el que la herida se cierre y sea posible aprender a vivir con la cicatriz. Que el recuerdo de la esencia de los que ya no están prevalezca sobre el olvido.