El efecto gaseosa en el Madrid
Después del 6-1 al Mónaco en el Bernabéu, el madridismo volvió a hablar de la Champions como si estuviera en la librería del salón de casa. Se reafirmó con el 0-2 en Villarreal mientras Arbeloa crecía exponencialmente como un gigante del banquillo. Las opiniones satélites ponían el foco en un cambio impresionante y justificaban el portazo a Xabi Alonso, abrazando la ‘teoría Pintus’ de que el físico marca la diferencia. Pero llegó el Benfica de Mourinho, jugando sus futbolistas, eso sí como unas motos, e hizo un destrozo. Y el efecto gaseosa del Madrid se desbordó: ya había explotado la chispa y se ha quedado en aguachirri.