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El discurso completo de Liliana en el funeral de Huelva por las víctimas de Adamuz: «Sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará»

Abc.es 
Uno de los momentos más destacados del funeral por las víctimas del accidente de Adamuz oficiada en el Palacio Carolina Marín de Huelva fue cuando Liliana Sáenz De la Torre , en nombre de todas las familias afectadas, tomó la palabra. Esta sanitaria onubense, que perdió a su madre en el accidente, Natividad de la Torre, donde también resultaron heridos otros tres familiares, desarrolló una intervención que ha sido muy aplaudida, por su claridad, contundencia y emotividad. Liliana leyó con mucha expresividad un texto muy profundo, en el que no se dejó nada en el tintero, tanto en los agradecimientos como en las críticas, los sentimientos propios y los colectivos ante la terrible tragedia que les ha tocado vivir y sufrir. Comenzó citando a «majestades, excelentísimas autoridades civiles y eclesiásticas que nos acompañáis» y continuó diciendo que «hoy, cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece intentar calmarse, queremos empezar estas palabras dando las gracias ». «En primer lugar, gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre, en su advocación cinteña», expresó. Aquí dejó muy claro que las familias querían despedir a sus seres queridos fallecidos con un funeral cristiano como el que se estaba celebrando y no con el homenaje de estado propuesto por el Gobierno de España, que finalmente fue suspendido ante las críticas. Asimismo, habla de que «Dios» es la única presidencia que desean , lo que apunta directamente a que la presencia de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, no es grata para los familiares y sí la figura religiosa de la Virgen de la Cinta, que presidía el altar en el que se ofició la misa. En este sentido, recordó que «Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo », indicando que la sensibilidad hacia una mayoría de la población creyente era muy necesaria en estos duros momentos. La representante de las familias dio «gracias a los que nos acompañáis por amor, por compasión, por empatía… Gracias, incluso, a los que lo hacéis por agenda». Se trata de una categorización de los asistentes, entre los que diferencia a quienes vienen por sus sentimientos y l os que lo hacen «por agenda» , es decir, por compromiso político o por obligación de sus cargos de representación. «Gracias al pueblo de Adamuz, ese pequeño rincón que nunca olvidaremos y que nunca olvidará, así como a la ciudad cordobesa, a los que nos sentimos y nos sentiremos unidos para siempre. Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en sumirse en el caos de los hierros retorcidos, de la sangre, del dolor y de las lágrimas », resaltó Liliana con mucha emoción. El reconocimiento a la localidad cordobesa y su gente centró gran parte de su intervención, porque se volcaron con heridos en el momento del accidente y con los familiares que llegaron después a tierras cordobesas desde Huelva. En este sentido, recordó que «acompañaron a nuestros heridos hasta que estuvieron seguros de que estaban a salvo y luego nos acompañaron en nuestro lamento. Pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días , pero, sobre todo, pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos». El agradecimiento también se hizo hacia «los cuerpos de seguridad y emergencias que acudieron prestos, como siempre, a la llamada. Hicieron lo que pudieron con la información y los medios de los que disponían. Gracias por vuestra empatía , vuestra cercanía y vuestro afecto en los días posteriores». Del mismo modo, expresó las «gracias a la sanidad andaluza, sin duda sostenida por los profesionales que la integran. Yo sé lo que es volver a casa de una guardia mala y abrazar a tus hijos porque sabes que alguien ya nunca podrá volver a hacerlo con el suyo. Yo sé lo que es intentar sanar el cuerpo de alguien que tiene el alma herida de muerte. Tuvo que ser durísimo , compañeros. Gracias». Ahí también agradeció la actuación del «personal y voluntarios de Cruz Roja, que no han soltado nuestra mano en ningún momento. Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela. Si no puedes consolar, acompaña». «Gracias a nuestras instituciones, que se pusieron de frente desde el minuto cero, soportando el caos y los envites de nuestra propia angustia. Permitidme, no obstante, una crítica a la lentitud de la información , pues, creedme, es mejor saber que imaginar», manifestó. Por un lado valoró que los cargos políticos asumieran el control de la situación, pero por otro, lamentaron la falta de información en unos momentos de incertidumbre y tan delicados, en el que no saber nada sobre sus seres queridos fue demoledor. También verbalizó su agradecimiento «a las pequeñas corporaciones locales cuyos vecinos iban corriendo la voz de que algo grave estaba azotando los cimientos de la comunidad y sintieron nuestro quebranto como el suyo propio. Querida Pilar, queridos alcaldes… habéis demostrado que h ay que ser grandes como personas para poder ser grandes como servidores públicos ». Aquí habla de los alcaldes, y nombra a la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda. No nombra expresamente ni al ministro de Transportes ni al Gobierno, una referencia obvia a que la gestión desde estas instituciones y responsables no está siendo las correctas, a su juicio. Además hubo unas «gracias, infinitas gracias a Huelva, nuestra querida ciudad bendecida por el sol, que no ha dejado de arroparnos de una forma extraordinaria, haciéndonos llegar la grandeza de su amor y su propio dolor, intentando así que el nuestro fuera un poco menos desgarrador». Durante los días que han pasado desde el accidente, la población onubense ha estado muy cerca de las familias afectadas y la última prueba fue la masiva asistencia al funeral, con más de 4.300 personas en las gradas del Palacio de Deportes. A continuación, compartió la evolución de los sentimientos diciendo que «Y así han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos, y nuestro corazón, aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpen continuamente en nuestra mente». Entonces hace referencia a un recuerdo personal y reproduce una conversación con su madre para ensalzar su generosidad: «Yo tendría algo más de pocos años cuando un día le pregunté a mi madre: —Mami, ¿tú cuánto dinero ganas? Supongo que sería algo que hablábamos entre chiquillos. —Lo justo, cariño —me dijo ella—, porque lo que queda en mi cuenta a final de mes no es mío. —¿Y de quién es, mamá? —le pregunté, porque no lo comprendía. —De los demás —me dijo ella. Así era mi madre: generosa con todo lo que tenía, generosa con sus ganas, generosa con su tiempo, generosa con sus sonrisas… Así era ella». De lo participar va a lo colectivo y subraya que «y es que lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no era solo una cifra. Eran vagones llenos de virtudes y defectos, eran vagones llenos de triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anhelos y silencios… Eran vagones llenos de esperanza. Porque ellos no solo son los 45 del tren. Ellos eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos». Continúa diciendo que «ellos no sólo son los 45 del tren . Ellos eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas. Ellos no solo son los 45 del tren. Ellos eran la ilusión de buscar un futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con nuestros seres queridos… Ellos eran eso que ya nunca serán». «Porque ellos no son solo los 45 del tren. Ellos eran parte de una sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta. Ellos no son solo los 45 del tren… pero son los 45 del tren», expresó. y agregó que «y nosotros… nosotros somos las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 7:45 de aquella fatídica tarde». Volvió a recordar su posición en esta tragedia y lo vivido. « Somos las 45 familias que se abrazaron en aquel centro cívico , donde el paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al llanto cuando empezamos a comprender, en el lento avance de las horas, que volveríamos sin ellos. Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más recordamos». «Somos las 45 familias que cambiarían todo el oro de este mundo, que ahora no vale nada, por poder mover las agujas del reloj tan solo 20 segundos », afirmó con la voz encogida Liliana, ante la conciencia de la pérdida y la impotencia ante el deseo de haber podido cambiar los acontecimientos y que esos dos trenes, el Iryo -que iba de Málaga a Madrid- y el Alvia -que venía de Madrid a Huelva- no hubieran chocado por una variación de pocos segundos. No obstante, en lo que sí pueden y continuarán actuando es en la demanda del esclarecimiento de las causas y responsables de todo lo ocurrido, un papel que van a desarrollar de un modo muy concreto: «Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad , porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará». Agregó que «sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que… En los brazos de la Virgen ahora duermen , y el regazo de una madre que los quiere es quien los mece». Abriendo un capítulo hacia la devoción a diferentes vírgenes por la que se siente mucho fervor, recitó: Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno. Virgen Bella, Virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte. Madre de la Almudena, Virgen que guía el camino, llévales el beso mudo, ese adiós que no les dimos. Remedios, madre querida, reina del aljaraqueño, bríndales tus firmes manos, que ya nunca tengan miedo. Madre del Amor Hermoso, reina de la Victoria, Dolores del negro luto, concédeles tú la gloria. Y guía también nuestras vidas, humilde Virgen del Sol, y que la misericordia lata en nuestro corazón. Haz que cese este dolor, Virgen morena del Carmen, llévate esta cruel espada con la espuma de los mares. Y tú, Virgen del Rocío, la que alumbra mis desvelos, la que siempre me acompaña cuando me rompo por dentro, abraza sus corazones y llévales un suspiro con una canción de amor por los años compartidos. Diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabia que nos crece, que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo, y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos. Diles tú, blanca Paloma, pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa, y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz… ». En este mensaje final, da muestras de que apoyados en la fe encontrarán la fuerza y la esperanza para seguir adelante, reponiéndose de la mejor manera posible de este golpe, pero siempre recordando a sus seres queridos, viviendo con el amor que no desaparecerá por ellos y lanzando el mensaje a través de la Virgen del Rocío a sus familiares de que «siempre los sentiremos» y que esperaran el momento de reunirse con ellos en el abrazo de Dios.

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