World News

Gregorio Luri: «El sistema educativo ha decidido trasladar la exigencia a los gimnasios»

Abc.es 
Se puede decir más alto pero no más claro. El filósofo y pedagogo Gregorio Luri considera que «el sistema educativo ha decidido que la exigencia está pasada de moda y ha pasado a los gimnasios , donde pagas a un entrenador físico, porque el esfuerzo intelectual se considera un agravio». Luri ha advertido este sábado del deterioro del sistema educativo en el programa «Converses» de COPE Cataluña y Andorra, y ha señalado directamente a la clase política como responsable de lo que considera una pérdida de exigencia académica que ha perjudicado especialmente a los alumnos con menos recursos, hasta el punto de acusar a los responsables públicos de «haber perpetrado un atentado cultural contra los más pobres» por haber impulsado políticas que han rebajado los estándares académicos. Coincidiendo con la publicación de su último ensayo, «La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado» (Ediciones Encuentro) , Luri ha defendido en la entrevista radiofónica con la participación de ABC, la necesidad de recuperar la cultura del esfuerzo y el conocimiento compartido. A su juicio, esta dinámica ha provocado que el aprobado haya perdido valor real y ha citado como ejemplo que miles de estudiantes hayan obtenido el título de la ESO con asignaturas suspendidas. Para el pensador, esta tendencia ha erosionado el ascensor social que tradicionalmente ha representado la educación. El filósofo también ha advertido de las consecuencias culturales de esta situación. Ha subrayado que la sociedad ha ido expulsando la exigencia intelectual de las aulas mientras ha reforzado esa cultura del esfuerzo en otros ámbitos, como el deportivo. «Todo lo que hemos expulsado de las escuelas se ha refugiado en los gimnasios», ha afirmado. En su diagnóstico, si no se ha protegido una cultura común sólida, la sociedad ha quedado expuesta a lo que ha definido como «idiocia», entendida como la incapacidad de compartir un marco cultural mínimo que permita el diálogo entre ciudadanos. Crítica a las «nuevas pedagogías» Luri también ha cuestionado las denominadas «nuevas pedagogías», que ha definido como una estrategia de marketing más que como una innovación real . Según ha explicado, los debates actuales han reproducido discusiones pedagógicas que ya se habían producido a principios del siglo XX, y lo único verdaderamente nuevo han sido las pantallas. En ese contexto, ha criticado que los centros educativos prioricen el bienestar emocional en su discurso público frente al conocimiento . De hecho, ha destacado que, en la publicidad escolar, apenas aparecen libros o escenas de aprendizaje académico, mientras predominan imágenes de alumnos felices y cómodos. Frente a ese modelo, ha reivindicado el papel del maestro exigente. Ha defendido que el buen docente ha sido «el amante celoso de lo mejor que puede llegar a ser un alumno» y ha insistido en que educar ha implicado necesariamente exigir esfuerzo. Defensa de la lectura También ha subrayado que la educación debe ser un proceso bidireccional. El maestro ha debido acercarse al alumno, pero el alumno también ha tenido que dar un paso hacia el conocimiento. Sin ese movimiento, ha advertido, el proceso educativo ha quedado incompleto. En este sentido, Luri ha explicado que ha llegado a recomendar a algunos padres que digan a sus hijos que no lean. Según ha explicado, esta estrategia ha buscado evidenciar que no leer supone renunciar a una ventaja competitiva frente a quienes sí lo hacen . Ha defendido la lectura como una herramienta intelectual única, capaz de permitir, por ejemplo, «hacer turismo intelectual en la mente de Kant» y descubrir en cada persona a un contemporáneo. Falta de equidad en el sistema El pedagogo también ha enumerado varios indicadores que, a su juicio, han demostrado la crisis estructural del sistema. Ha señalado el desencanto docente, visible en la falta de profesores sustitutos en materias clave como matemáticas y lengua catalana , y ha destacado que muchas familias han incrementado su gasto en educación extraescolar fuera de la escuela, lo que, en su opinión, pone en duda la equidad real del sistema. Ha insistido en que el problema de fondo es la pérdida de claridad sobre los fines de la educación. Ha criticado una pedagogía que ha renunciado a definir qué tipo de ciudadano quiere formar. En ese sentido, ha denunciado lo que considera un ataque a la memoria, una de las capacidades humanas fundamentales. Ha recordado la tradición filosófica que sitúa memoria, entendimiento y voluntad como pilares del desarrollo humano y ha advertido que, sin memoria, las otras capacidades se han debilitado. Para Luri, la educación contemporánea ha derivado hacia un modelo terapéutico que ha tendido a diluir la responsabilidad individual . Y ha lanzado una advertencia final: si la sociedad no ha defendido el conocimiento y la cultura común, corre el riesgo de entregar su memoria, y con ella su identidad, a la ignorancia. El papel provocador del pedagogo En cuanto a su libro «La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado» (Ediciones Encuentro), Gregorio Luri reivindica el papel provocador del pedagogo ya desde el título. La etimología de «mediocre» proviene de los términos latinos medius (medio) y ocris (montaña escarpada), refiriéndose originalmente a quien se queda a media altura o en un punto intermedio. El mediocre, argumenta el autor, es el que está a la mitad de la ascensión de la montaña, y puede volver al llano donde le espera una cervecita fresca y la tumbona, con un descenso gratificante, o apostar por llegar a la cima, donde solo el que llega logra la satisfacción de la ascensión haciéndose a sí mismo». En este punto, recuerda que Friedrich Nietzsche dejó dicho que «en la montaña aprendemos a pensar con los pies» . Luri considera que «la mediocridad es nuestra constitución y debemos aprender a querernos con todas nuestras imperfecciones y también las virtudes». En la actual sociedad se exige ser extraordinario mediante el consumo, y se incita a la excelencia a cómodos plazos. A juicio del filósofo y pedagogo, «lo noble es querer incondicionalmente la vida a pesar de que la puñetera es amante caprichosa» . El mediocre, en suma, lleva en sí mismo la semilla de lo que puede ser, de lo posible, y lo gestiona con libertad: ascender o descender. Interpelado por la expresión de que lo excelente es enemigo de lo bueno, Luri sentencia que «la superación de tu plano mediocre no es la excelencia, sino una mediocridad superior». Lo moderno y la pluralidad En cuanto a la modernidad, Gregorio Luri sentencia que «hoy lo bueno se equipara a lo nuevo, aunque lo viejo, por serlo, no siempre es bueno» y señala que «la percepción tiende a ser lo bueno para mí». También advierte de que «el reverdecer de la espiritualidad viene de la decepción del progreso inacabable , de la sustitución de lo bueno por lo nuevo en un estado de vida definido por mis apetencias». En este punto, el filósofo recuerda que interpretar el mundo no es fácil y ha advertido de los «riesgos del constructivismo que defiende que todo ha sido construido por el hombre, desde el clima hasta el futuro». En cuanto a la llegada masiva de personas procedentes de múltiples culturas y tradiciones con la defensa a ultranza de la pluralidad, se corre el riesgo de pérdida de la sensación de pertinencia . En este punto Gregorio Luri advierte que «ahora sólo parece preocuparnos lo plural, condenándonos a tensiones fuertes, porque cuando la pluralidad alcanza ciertos límites fomenta el individualismo sin encontrar ámbitos de acogida de la comunidad».

Читайте на сайте