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El heroísmo que no nos perdonan

 

¿Cómo alguien puede afirmar que no existe? ¿Quién, en su sano razonamiento, puede apartar el bloqueo estadounidense de toda ecuación económica-social para Cuba? Las afirmaciones falsas se derrumban como castillos de naipes cuando se estudia de lleno el pasado y presente del país. 

El 3 de febrero, por ejemplo, no es una fecha cualquiera, sino esa que desmitifica en la historia todas las falacias. Fue ese día de 1962 cuando se lanza la proclama que formalizó el criminal bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba.

El entonces presidente John F. Kennedy emitió la Proclama 3447, que decretó un «embargo» total del comercio con nuestro país al amparo de la sección 620 (a) de la Ley de Asistencia Exterior. Se les confirió así un carácter oficial a las acciones económicas agresivas y unilaterales que se venían aplicando contra Cuba desde el triunfo mismo de la Revolución el 1ro. de enero de 1959.

Nadie como Lester D. Mallory definió tan descaradamente, el 6 de abril de 1960, los objetivos futuros que implicaría un bloqueo para la Isla: «provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (...) debilitar la vida económica negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno».

Dos años después, la mendaz justificación que usó Estados Unidos para aplicar esta medida fue la relación de Cuba con los países socialistas, lo que, supuestamente, atentaba contra la seguridad estadounidense y hemisférica. ¿Nos suena de algo ahora?

Casi seis décadas y media después de poner en vigor esa arma poderosa de destrucción económica, el aguijón punzante no ha hecho más que crecer y ramificarse en nuevas medidas que recrudecen el «estado» inicial del bloqueo. Tan cínicos resultaron los argumentos en 1962 que, cuando el campo socialista ya no era un pretexto y la Guerra Fría parecía alejarse en el tiempo —aun bajo esas circunstancias—, los sucesivos gobiernos imperialistas blindaron su saña contra Cuba.

Y la expresión más alta la vemos hoy, cuando declaran a la Mayor de las Antillas —sin el menor atisbo de legitimidad y justificación— como una amenaza para la primera potencia económica del planeta. Si resistir con heroísmo una política como el bloqueo durante 64 años se consideran una «amenaza», entonces que nos declaren como tal.

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