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Tomás de Luis de Victoria por 'La Grande Chapelle'

Abc.es 
La 'Reforma' luterana sacudió toda Europa con gran rapidez y no menos resultados; la iglesia católica la encaró mediante el concilio de Trento , donde se discutieron los dogmas de fe planteados por los protestantes. Uno de los que quedó significativamente en pie en la llamada 'Contrarreforma' fue la virginidad de María , y en lo que se refiere especialmente a la música repercutió en la reducción de la polifonía a momentos señalados -no tan prolija como hasta entonces- y que no enturbiaran precisamente los pasajes referentes a los dogmas de fe. También se redujeron los melismas, excepto para palabras señaladas, procurando una música silábica, Así que no es de extrañar todo un programa dedicado al compositor más significado de nuestro siglo de oro, Tomás Luis de Victoria (junto con los sevillanos Morales y Guerrero ), con la Virgen como centro del mismo, todo un lujo y una necesidad para que nuestros compositores no caigan en el olvido. El 'Salve Regina' a 8 (voces) no sólo es la pieza más celebrada de todo el programa, sino la que da pie a la 'Missa Salve Regina' que le sigue, inspirada clarmamente en la primera, y que reúne las características más destacadas de su autor. En primer lugar, es una muestra de su dominio de la polifonía, pero no con el virtuosismo que caracterizaba a la escuela flamenca, sino con el dedicado a poner de relieve aquellos momentos enfáticos relacionados con la Virgen. Ya para empezar contábamos con dos coros de cuatro voces cada uno, enfrentados, que fueron alternando los versos. Y ya en este inicio, tras entonar el 'Salve' en el 'incipit', el Altus formula un tremendo melisma sobre 'Regina', significando la palabra entre el contrapunto, que digamos que procuraba no enredarse más de lo necesario por la insistencia de Trento en dejar el mensaje claro. Por otro lado, la espiritualidad y el ascetismo de Victoria era contenido, sin procurar excesos. Finalmente, ambos coros se ensamblan ('Eia ergo'), manteniendo con frecuencia ese juego imitativo, ahora más inmediato. En el 'Kyrie' y el 'Christe' continuaron los melismas o al final del 'Gloria' , en la sección más gozosa, cambió directamente a un ritmo ternario claramente relacionado con la Trinidad. Aquí Recasens apretó ligeramente el acelerador y subió el volumen, subrayando el momento festivo del texto, algo que echamos de menos en algunos otros momentos donde tanto equilibrio se hacía muy presente. Se insertaron dos motetes en la misa , el primero un cuarteto vocal acompañado del órgano de López-Escribano , que por cierto desempeñó una labor destacada, aunque aparentemente pareciese de poca presencia: pero que si nos fijábamos bien, mantenía un tapiz casi continúo sobre el que las voces se movían con fluidez. En este cuarteto sobresalió la voz de la soprano Raquel Mendes , cuya cercanía a la música antigua se notaba por un registro 'natural' -acaso el que más- de manera que los escasos agudos resultaban discretos y agradables, y su dicción cercana y acogedora. En el otro motete, 'Ne timeas, Maria' , su voz clara, destensada, limpia, estuvo acompañada por la tiorba de Christoph Sommer , que apenas la habíamos oído a pesar de estar en primer plano, seguramente porque el grupo era muy numeroso. Aquí la seguimos muy bien en una intervención espléndida. De nuevo volvían a alternar los semicoros en el 'Sanctus' para pasar al júbilo del 'Hosanna' , donde ahora se llegaba a imitar 'sanna', como un eco del final de la palabra. Ya casi nos sonaba a barroco (Victoria sabía que se dirigía al final de su vida a un estilo nuevo). Acaso algo que nos despistaba era la disparidad tímbrica de las voces: la distinta composición de los semicoros (cuartetos, tríos) daban como resultado una sensación disímil de los timbres, donde unas disposiciones quedaban más coherentes y otras chocaban, como en el 'Domine, non sum dignus' , donde Oliveira no llenó del todo el grave final, a pesar del oficio demostrado en todo el concierto. También en el 'Quam pulchri sunt' tuvimos la oportunidad de oír al cuarteto de vientos, y nos pareció que la corneta resultó un tanto inestable, mientras los dos sacabuches y el fagot compactaron tanto esta versión instrumental como en toda su intervención en el programa (y aquí incluimos también a la corneta). En ' Vadam, et circuibo civitatem' se crearon dos tríos, constituidos ahora por Mendes, Bernage y Sagastume (que nos dejó buen sabor de boca en sus intervenciones) y Montilla-Acurero, Folqué y Delaigue , que formaron una de las mejores combinaciones de la velada. En el 'Magnificat' volvíamos a la formación completa, aunque con otra distribución, pero tuvimos la. oportunidad de escuchar a Irene Mas Salom , con una voz no muy grande, aunque con un punto de impostación muy agradable escoltada por los dos sacabuches. En el 'Gloria' final por fin explosionaron y de nuevo vimos brillar colores y dinámicas que hubieran potenciado aún más la retórica musical. Los insistentes aplausos obligaron a repetir el 'Clemens' , que venía a confirmar esa sensación de equilibrio con colores, con brillos, con empaste y más unidad. Permítasenos la licencia de despedir como se merece a nuestro querido Juan Ramón , Juanra, que todos los que hemos pasado por el Lope de Vega lo conocemos sobradamente por su amabilidad, bonhomía y saber hacer. Nos ha picado por última vez las entradas en esta casa de todos que es el Turina (por las obras del Lope). Jubiloso descanso.

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