Armonía, pasión y perdón
Nunca digas nunca en materia de amor.
Dúo Buena Fe
Un lector holguinero de 81 años nos escribió a propósito del concurso que lanzamos en enero: «¿Quién dice que el amor se celebra solo en febrero? Llevo 57 años con mi esposa y todos los días son de alabanza mutua. Incluso, si peleamos por algo, antes de que anochezca ya hicimos las paces. Por eso es mi primer y último amor».
En su mensaje comparte la fórmula que garantiza esa solidez en su relación, y en las de sus tres hijos y cuatro nietos: respeto, comunicación, fe mutua y paciencia. «Todos tenemos momentos difíciles, pero, si al final del día reflexionamos y seguimos eligiendo a esa pareja como lo mejor de la vida, no hay nada que no podamos perdonar».
Las preguntas, surgidas del debate en las redes, eran las siguientes: ¿Qué amor te parece más importante, el primero o el último? ¿Lo que te lleva a romper una pareja, puede ayudarte a mejorar la siguiente? ¿Importa más la pasión o la armonía? ¿Qué no pudieras perdonar a la persona que amas?
Con la primera interrogante hubo consenso: ambos amores juegan un rol primordial. El primero condiciona tu expresión de afectos a lo largo de la vida, es ingenuo y te lleva a soñar despierto… pero, esa misma inexperiencia puede traer desengaños y nuevas aventuras, opinó un joven del Cotorro.
«Todas las parejas son importantes porque son parte de nuestra historia, de nuestra vida. Con ellas vas creando corazas y encuentras tu manera de amar, así, cuando llega el último ya estás más aterrizado y lo acoges con madurez y mayor confianza. Entonces vas despacio, pones límites y no dejas que se aprovechen de ti. Entregas según recibes y te guías más por la cabeza, pero sin dejar de oír al corazón».
Mina otorgó mayor relevancia al último, «o al menos el de ahora, porque es lo que hemos elegido con experiencia, luego de no conformarnos con cosas que no nos llenan; luego de saber exactamente lo que buscamos». Para ella, el fallo en una relación puede no ser el mismo que en la anterior, si cada pareja aportó el debido aprendizaje.
Otra habanera, sicóloga de profesión, coincide en que todos esos vínculos aportan algo, en forma positiva o negativa, y nos ayudan a crecer como persona… siempre que entiendas la moraleja de cada historia. Recomienda, por tanto, hacer conscientes los patrones que nos llevan a fallar, porque no puede esperarse que salga bien algo basado en viejos errores de conducta, o de juicio, al elegir personas y circunstancias.
¿Armonía o pasión?
Entre armonía y pasión, Mina decide no escoger porque aspira a tener siempre ambas. De ser solo una, se quedaría con la segunda, «porque con pasión se puede lograr la armonía, pero con armonía solo tendría un amigo y no una pareja».
En cambio, el lector veterano concede más peso a la armonía: «El sexo fogoso no es la única forma de demostrar cuánto te gusta alguien, y con el tiempo, un beso oportuno despierta más placer que un encuentro de rutina en la cama», asegura.
La amiga Joa comparte ese criterio: «La armonía requiere esfuerzo, construcción y cuidado diarios. La pasión ocurre y no le buscas explicación. De hecho, pueden pasar años de frialdad y de pronto encuentras alguien que despierta ese fuego, pero eso no garantiza una convivencia sana o que la relación se consolide y dure».
Sin perdón
«No perdonaría la agresión en ninguna de sus formas. No es que me quede detenida en el rencor. Simplemente me alejo y aplico contacto cero. Cuando amigos comunes intentan sacar el tema de la ruptura explico que ya no me aportaba (no hablo ni mal ni bien). Si coincido con la persona hay una incomodidad manejable, pero no hago escándalos», respondió Joa.
Adrián fue más categórico: «Con la mentira (y todo lo que eso significa), soy intransigente». Ana iguala la traición a esa falta de sinceridad y Mina suma a la lista la falta de comunicación, el egoísmo y el poco sentido del humor.
Mientras, una adolescente de 15 años confiesa no haberse enamorado aún, pero se declara observadora de la experiencia de sus amigas y vecinas y eso la lleva a tomar una decisión: «A lo mejor me gusta pronto un chico, o una chica, pero no pienso llamarle amor tan rápido… Armonía es lo que menos veo en parejas cercanas que duran poco, así que intentaré priorizarla… y para mí lo único imperdonable en la vida es no vivirla. Si me equivoco con alguien espero que logre pasar página, y yo trataré de hacer lo mismo».
EL erotismo no es lo que haces, sino lo que provocas. ¿No es curioso cómo los actos que creemos nuestros terminan siendo ajenos? Una caricia puede nacer como un susurro y transformarse en un incendio en la piel de otro.
El erotismo no reside en el acto, en la simple mecánica del hacer, sino en ese temblor invisible que despierta en quien lo recibe. Es el eco y no el grito; la chispa y no la mano que prende la mecha.
Piensa en esto: ¿cuántos actos inocentes han provocado revoluciones en cuerpos y mentes? ¿Y cuántos gestos estudiados, por mucho que se repitan, son incapaces de mover ni un suspiro?
La verdadera erotización no está en el qué, sino en el cómo; no en el objeto, sino en la onda que genera. Es la habilidad de sembrar dudas, deseos, preguntas.
Una mirada que se sostiene demasiado tiempo, un silencio que insinúa lo que no se dice. Lo erótico, lo realmente inquietante, no es lo que haces tú, sino lo que haces florecer en el otro.
Preguntas para ti, alquimista del deseo: ¿Qué provocas cuando crees no estar provocando nada? ¿Tu intención dicta tus efectos, o los efectos superan tus intenciones? ¿Es perversión ser consciente del poder que tienes sobre el otro?
Te propongo algo. Haz algo aparentemente trivial, como rozar la mano de alguien al hablar. Observa qué despiertas: ¿una sonrisa, un suspiro, una chispa de incomodidad?
En tus conversaciones, permite que el silencio caiga como un velo entre tus palabras. ¿Qué pensamientos genera en el otro?
Juega con la paradoja: ¿qué ocurre si intentas no provocar nada en absoluto? ¿Es eso también una provocación?
Y recuerda: lo que provocas no solo define a los demás; también te define a ti. Porque, al final, el erotismo, más que el efecto, es el espejo que revela quién eres a través del deseo ajeno.
(Johe Cavero, sexólogo y experto en Tantra)