Shih-Ching Tsou rompe el silencio sobre su infancia y desvela el origen secreto de La chica zurda
Una infancia marcada por una advertencia
El origen del proyecto se remonta a la adolescencia de la directora. Siendo estudiante, recibió una llamada de su abuelo tras verla escribir con la mano izquierda. Aquel gesto cotidiano desató una advertencia inesperada: no debía usar esa mano porque podría atraer una maldición.
Ese episodio, aparentemente anecdótico, abrió una grieta en su percepción del mundo. La pregunta que la acompañó desde entonces fue directa: ¿por qué algo natural debía considerarse negativo? Esa inquietud germinó con los años hasta transformarse en el núcleo narrativo de La chica zurda.
La superstición como detonante dramático
En la película, la hija menor descubre que su mano dominante es la izquierda. Tras escuchar la misma advertencia familiar, decide utilizarla para cometer pequeños robos. Si esa mano está destinada al mal, razona la niña, no hay motivo para contenerla. Este giro introduce una reflexión sobre culpa, identidad y construcción cultural de las creencias.
Tsou proyecta en la protagonista sus propias vivencias. Como ella, la niña observa el mundo desde una mezcla de curiosidad y desconcierto. La cámara adopta su altura y su ritmo, reforzando una mirada infantil que condiciona toda la puesta en escena.
Un mercado nocturno como universo narrativo
La historia transcurre en uno de los bulliciosos mercados nocturnos de Taipéi, espacios emblemáticos de la vida urbana taiwanesa. Allí, la madre intenta sacar adelante a sus hijas tras el regreso desde una zona rural. El entorno no es solo un decorado: funciona como microcosmos social y escenario de tensiones familiares.
Durante años, el proyecto permaneció sin financiación. Tsou y Baker visitaron mercados reales para documentarse, pero el presupuesto necesario superaba sus posibilidades. La cineasta regresó a Nueva York y continuó colaborando en otros rodajes mientras el guion esperaba mejores condiciones industriales.
Rodar con teléfonos móviles
El estilo visual conecta con la filmografía previa de Sean Baker. Al igual que en Tangerine, rodada con iPhone, Tsou optó por utilizar teléfonos móviles de la misma marca. La decisión responde a criterios prácticos y narrativos:
- Equipos reducidos y mayor agilidad de rodaje.
- Menor intimidación para intérpretes sin experiencia.
- Posibilidad de filmar en espacios reales sin alterar el entorno.
El equipo, de unas veinte personas, se mezcló con compradores reales en el mercado nocturno. La discreción técnica permitió capturar escenas con naturalidad, reforzando la sensación de inmersión.
Una alianza creativa con Sean Baker
La relación profesional entre Tsou y Baker comenzó en The New School de Nueva York. Ambos compartían interés por el movimiento Dogma y por un cine centrado en personajes al margen del sistema. Con el tiempo, codirigieron Take Out en 2004 con un presupuesto mínimo y consolidaron una colaboración estable.
En La chica zurda, Baker figura como coguionista, coproductor y montador. Sin embargo, la dirección es plenamente asumida por Tsou. La cineasta defiende que no se trata de influencia sino de una comprensión compartida del lenguaje cinematográfico.
El impacto de Parásitos en la industria
El éxito internacional de Parásitos en los Oscar marcó un punto de inflexión en la percepción del cine asiático en Estados Unidos. La apertura del mercado facilitó nuevas oportunidades de financiación para proyectos con identidad cultural propia.
Según explica Tsou, ese cambio de sensibilidad permitió que inversores confiaran en una historia ambientada íntegramente en Taiwán. La condición era obtener también apoyo institucional local, algo que finalmente se logró tras un proceso prolongado.
Maternidad y aprendizaje
Más allá de la anécdota autobiográfica, la película explora el significado de ser madre. Tsou sostiene que la maternidad biológica no garantiza automáticamente el aprendizaje del rol. En su relato, las tres protagonistas representan distintas etapas vitales que dialogan entre sí.
La directora se reconoce en cada una: la niña zurda que cuestiona las normas, la adolescente rebelde y la mujer que asume responsabilidades tras el nacimiento de su hija. Esa triple identificación dota al filme de una dimensión íntima que trasciende la trama argumental.
Con La chica zurda, Shih-Ching Tsou transforma una advertencia familiar en una reflexión universal sobre identidad, creencias y vínculos maternos. El recuerdo de aquella llamada, lejos de quedar como superstición del pasado, se convierte en el motor creativo que impulsa su consolidación como una de las voces emergentes del cine contemporáneo.